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Nº 764 - 26 de noviembre de 2007

Casting  de ministros para después de las elecciones

Zapatero perfila su próximo Gobierno

El presidente parece haber conseguido el “sí” de Solbes para seguir en su gobierno si las urnas lo permiten. Superada esta incógnita y manifestado su deseo de que De la Vega también le acompañe cuatro años más, Zapatero medita las piezas de un futuro gabinete. La continuidad de los últimos en llegar (Bermejo, Chacón, Soria y Molina), la caída de los más quemados (Moratinos y Álvarez), el cambio de cartera de los más sólidos (Caldera, Alonso y Rubalcaba) y la incógnita de los menos mediáticos (Espinosa, Cabrera o Clos) animan estos días la precampaña de los socialistas.

Por Inmaculada Sánchez

Yo tengo un contrato de cinco años, si las urnas lo permiten y Zapatero no incumple lo que me dijo”. Esta era la discreta confesión de uno de los últimos ministros en llegar al Gabinete, convencido de que la cartera que asumió hace apenas cuatro meses seguirá en sus manos más allá del 9 de marzo. El propio Bernat Soria, titular de Sanidad, confirmaba en una entrevista que el presidente le había contestado a su pregunta sobre el tiempo para el que le requería con un “el que tú quieras”.

Pocos dudan en los despachos mejor informados del PSOE de que los ministros más  nuevos seguirán en un futuro gabinete de Zapatero dado el empuje mediático de sus nombres y el escaso desgaste que acumularán cuando sean convocadas las elecciones generales. Salvo algún patinazo inesperado los cuatro ministros nombrados durante este año se sienten confiados en su continuidad si vuelve a haber “gobierno Zapatero”.

Sólo una relevante duda alimenta las especulaciones de estos días en las sedes socialistas respecto al cuarteto (además de a Chacón, Soria y Molina, en el PSOE se incluye a Fernández Bermejo entre los “nuevo ministros” aunque él llegase al Gabinete cuatro meses antes que éstos): se trata de si la ministra catalana cambiará o no de cartera.

Tanto el actual ministro de Cultura, Cesar Antonio Molina, como el de Sanidad, Bernat Soria, o el de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, son destacadas personalidades del área que ocupa su departamento y no militan en el Partido Socialista. No es verosímil, por tanto, que en una futura remodelación se mantengan en el Consejo de Ministros desplazándose a otra cartera. Sin embargo, a Carme Chacón, miembro de la ejecutiva del PSC, mujer de confianza del presidente de la Generalitat, José Montilla, y miembro del “núcleo duro” de Zapatero, sí pueden estar esperándola otros destinos en una futura legislatura dada su condición política y su puesto “a la vera del jefe”.

“Ha asumido Vivienda en la recta final de  este mandato, justo cuando hacía falta un impulso y un claro mensaje al electorado joven, pero Chacón tiene categoría para un ministerio más político en un futuro gobierno”, afirman orgullosos desde Cataluña.

Tampoco falta quien señale que en la cabeza del presidente podría rondar la idea de  prescindir de este ministerio, inaugurado como promesa electoral de la anterior campaña, y al que se ha percibido como impotente e inoperante durante todo el tiempo que su anterior titular, la extremeña Maria Antonia Trujillo, estuvo a su frente.

Sólo el apoyo prestado desde Moncloa y la capacidad política de la nueva ministra han conseguido dotar de un nuevo mensaje público al alicaído ministerio de Vivienda y que su titular se eleve hasta la zona media del ranking de valoración de ministros según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): Chacón está la novena, por delante de otros siete compañeros de Gabinete mientras que su antecesora ocupó la última plaza durante los tres años que estuvo en el cargo.

Quien, por el contrario, ha “conseguido” tan indeseado puesto en el barómetro del CIS  es la ministra más criticada en estos momentos, la titular de Fomento, Magdalena Álvarez.

El presidente hizo una encendida defensa de ella en su reciente visita a Málaga –”Va a ser la ministra con más kilómetros de alta velocidad a sus espaldas”, dijo–  pero tanto en el PSOE como en Moncloa este apoyo lo enmarcan en la lógica preelectoral, dado que Álvarez va a ser cabeza de lista del partido en la provincia andaluza. La mayoría de las fuentes consultadas, por el contrario, la dan por “amortizada”, vistos otros recientes “detalles” del presidente con ella.

El Siglo tituló, precisamente, su portada de hace tres semanas “ZP “pasa” de Magdalena. Ni la cesa ni la deja hacer” (nº 761), relatando toda la serie de desprecios y ninguneos con que Zapatero había respondido a la ministra tras el colapso de las cercanías de Cataluña por las obras del AVE a Barcelona.

Álvarez fue consejera de Manuel Chaves antes que ministra, al igual que la ya ex titular de Cultura, Carmen Calvo, lo que colocaría a los andaluces en la inédita situación de encontrarse “sin ministros” en Madrid caso de confirmarse la no continuidad de la malagueña.

Como tal situación es prácticamente inviable en Sevilla empiezan a prepararse para tal eventualidad. Mientras asumen como “ministro propio”, pero sólo “hasta cierto punto”, según un miembro de la ejecutiva andaluza, al valenciano Bernat Soria, dado que la mayor parte de sus investigaciones con células madre las ha realizado como director de centros públicos andaluces y bajo la tutela de la Junta, recuerdan nombres de antiguos ministrables que podrían sustituir a sus anteriores ministras.

Entre ellos destaca con luz propia Francisco Vallejo, actual consejero de Innovación, Ciencia y Empresa de Manuel Chaves, miembro de su gobierno en distintas carteras desde 1994 y persona de confianza del hombre fuerte del PSOE andaluz, Gaspar Zarrías. No en vano, dos directores generales del actual ministro Soria, incluído su jefe de gabinete, llegaron a Madrid “prestados” por Vallejo de su equipo más directo.

Andalucía intenta cubrir, citando a Vallejo, el hueco dejado por el fallecido Alfonso Perales, el histórico dirigente y secretario autonómico de la ejecutiva federal hasta su desaparición hace ahora un año, y que aparecía entonces como el mejor ministrable andaluz para una segunda legislatura socialista.

La cabeza de un futuro Gabinete tras el 9 de marzo aparece clara para el presidente, que ha querido, además, transmitirlo públicamente para lanzar un mensaje de confianza a la población. “Todo el mundo sabe que si tengo oportunidad de formar Gobierno otra vez contaría con Teresa Fernández de la Vega y con Pedro Solbes en las responsabilidades que tienen ahora”, declaró en una reciente entrevista al diario Público. No es de extrañar que Zapatero quiera mantenerlos a su vera. Los dos vicepresidentes se sitúan invariablemente en cabeza entre los miembros de su Ejecutivo más valorados. El último barómetro del CIS volvía a confirmarlo la semana pasada: De la Vega ocupaba el primer puesto, con una valoración del 5,23, y Solbes el segundo, con un 5,13, ambos por encima, incluso, del 4,92 que alcanzaba el propio presidente en el mismo sondeo.

Si respecto a la vicepresidenta no hay dudas en cuanto a su disponibilidad para continuar en el cargo los deseos de Solbes han hecho correr ríos de tinta durante las últimas semanas hasta que la citada entrevista de Zapatero daba a entender que el titular de Economía no estaba lejos de los deseos del presidente. No obstante, en los últimos días fuentes cercanas a Moncloa y Ferraz han matizado que aún quedaba algún fleco para que el veterano Solbes confirmara definitivamente su “sí”.

Las citadas fuentes señalan a la intención del vicepresidente de que se le permita “nombrar” a algún ministro del área económica, o, al menos, a que no sea nombrado alguien con quien no “comulgue”. Solbes pretendería así evitar los choques que tuvo en los inicios de la presente legislatura con Miguel Sebastián cuando éste dirigía la Oficina Económica de Moncloa y cobró especial protagonismo en determinadas decisiones económicas.

Sebastián perdió la batalla con Solbes, se ofreció para librar la de Madrid frente a Ruiz-Gallardón como candidato del PSOE y, tras fracasar, se mantiene por el momento “retirado” en sus clases de la universidad (Más información en páginas siguientes: “Los caídos de la legislatura”). Aunque Sebastián continúa cercano en lo personal a Zapatero las miradas se dirigen ahora a las personas del entorno de Solbes de cara a un próximo gobierno socialista.

David Vegara, actual secretario de Estado de Economía, es uno de los nombres que más suenan para “ascender” a ministro si Solbes continúa como vicepresidente. Varios podrían ser sus destinos. Fomento, si la no continuidad de Álvarez se confirmase, o Industria, si Clos es enviado a un puesto más institucional y menos comprometido que su actual cartera.

Quienes citan esta posibilidad mencionan la reconocida intención de Solbes de contar con alguien de su confianza en un departamento tan ligado a la economía y las empresas como Industria y al hecho de que Vegara es, al igual que Clos, un hombre del PSC por lo que la “cuota catalana”, que también seguiría contando con Carme Chacón, no se vería recortada.

Para el ex alcalde de Barcelona se podría estar reservando algún cargo más institucional, como, por ejemplo, el de una vicepresidencia del Congreso dado que tras las próximas elecciones se convertirá en diputado (será, muy probablemente el número dos de la lista socialista por la Ciudad Condal tras Chacón), al estilo de lo hecho por Zapatero con otros miembros de la anterior generación de dirigentes del partido.

Vegara también podría “reservarse” para sustituir al propio Solbes en Economía si el actual vicepresidente accede a continuar pero sólo los dos primeros años de la siguiente legislatura.

Otra de las incógnitas que más inquieta en el PSOE es lo que el presidente esté reflexionando en torno a la cartera de Asuntos Exteriores, un área en la que el PP se ha cebado en sus críticas desde 2004 al compás del giro imprimido por Zapatero a la política exterior del país.

La debilidad política de Miguel Ángel Moratinos, calificado recientemente de “torpe” y “mendicante” por los populares, poco ha ayudado al presidente a responder en ese frente durante los ya casi cuatro años de mandato. Las incursiones de José Bono, cuando era ministro de Defensa, en las relaciones internacionales no fueron más que una demostración de este escaso peso del canciller  elegido por Zapatero al que, sin embargo, ha mantenido y apoyado a pesar de los difíciles momentos que ha atravesado. Es por eso, y por la dificultad de aventurar una alternativa, por lo que su continuidad podría estar en la agenda del presidente, según las fuentes consultadas.

Las dos mujeres “del presidente” colocadas en sendas secretarías de Estado de su ministerio, Leire Pajín y Trinidad Jiménez, continúan firmes en el círculo de confianza de Zapatero pero son pocos los que apuestan por su próximo ascenso a ministras.

La paridad, en todo caso, jugaría a su favor dado que tras los vicepresidentes, los tres ministros más fuertes y seguros de continuar en el equipo de Zapatero son varones: Rubalcaba, Caldera y Alonso, y entre los nuevos también hay mayoría masculina.

Los titulares de Interior, Defensa y Trabajo no han visto variar sus posiciones en la “corte zapaterista” en estos ya casi cuatro años y su valoración ciudadana también se encuentra en buenas posiciones –el último CIS situaba a Alonso y Rubalcaba en el tercer y cuarto puesto de ministros mejor valorados y a Caldera en el octavo– por lo que nadie los ve fuera de un futuro Ejecutivo. Si acaso, se baraja para ellos algún cambio de cartera dentro siempre de las del núcleo duro del Gobierno. Dentro de estas posibilidades se cita a alguno como posible relevo de Moratinos si Zapatero se decide a prescindir del actual titular de Exteriores.

En cuanto a los restantes departamentos, Mercedes Cabrera tiene a su favor para continuar en Educación haber reconducido discretamente la conflictiva gestión de su antecesora, aunque no ha logrado que un ministerio políticamente tan relevante tenga el brillo mediático que a Zapatero le podría interesar de cara a la próxima campaña.

Por su parte, “Salgado tiene  encantado a Zapatero por su capacidad gestora”, aseguran fuentes conocedoras de la influencia de la actual titular de Administraciones Públicas, que la sitúan en un ministerio del área económica en un futuro gabinete. La ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, no ha recibido desautorización alguna desde Moncloa y el interés del presidente por los temas medioambientales juegan a favor de su continuidad dada su gestión con los movimientos ecologistas. Elena Espinosa tampoco acumula puntos en su contra, aunque se la sitúa desde hace tiempo en algún puesto cerca del actual presidente gallego, Emilio Pérez-Touriño, de quien es persona de confianza.

Bono necesita que el PSOE gane de largo

El futuro puesto de José Bono en la próxima legislatura es otro de los que más interés suscita dentro y fuera del PSOE. Ya nadie duda de que encabezará la candidatura socialista por Toledo y, por tanto, pasará a convertirse en diputado en el Congreso.

La cuestión es que un político de su categoría, que ha aspirado a ser el líder del PSOE y posible presidente del Gobierno, difícilmente encajaría en la actividad de un diputado de a pie y, según distintas fuentes socialistas, le estaría reservada  la presidencia del Congreso que Manuel Marín dejará libre al haber anunciado su retirada de la vida pública.

Sin embargo, el ex ministro depende mucho más, si cabe, que sus antiguos compañeros del Consejo de Ministros del resultado electoral. Sus conocidas posiciones en contra de las reformas estatutarias le han convertido en “bestia negra” para los partidos nacionalistas y sería muy difícil que ninguno le vote para presidente de la Cámara, aunque estén en disposición de apoyar la investidura de Zapatero. También IU lo considera representante del “ala derecha” del PSOE y pondría serios reparos para votarle.

Bono podría verse, pues, dependiendo de los votos del PP, que tendría que abstenerse para permitir su elección con los únicos votos  del grupo socialista. Sin embargo,  la estrategia de Rajoy puede incluir o excluir la negociación con los socialistas dependiendo de la diferencia de escaños que consiga elpróximo 9 de marzo.

Los errores se pagan por Enric Sopena


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