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Nº 764
26/11/2007

Los errores se pagan

Helenio Herrera fue un ingenioso y lenguaraz entrenador de fútbol. Argentino nacionalizado francés, se instaló como técnico en España y luego en Italia, donde arrasó al frente del Inter de Milán. Poco antes, a finales de los años 50 del siglo pasado, triunfó como preparador del F.C. Barcelona.

Una de sus frases célebres la pronunció con anterioridad a un decisivo partido contra el Real Betis. "Ganaremos sin bajar del autobús", vaticinó don Helenio o H.H. O El Mago, como se le conocía en el mundo del fútbol y del periodismo deportivo.

Y, en efecto, el Barça victorioso de aquella época derrotó al Betis en el viejo Heliópolis y por goleada. Le salió bien a H.H. tan provocador augurio. Pero se le habría vuelto en su contra si los azulgranas hubieran sido derrotados. En el fútbol no se puede dar por acabado un partido hasta que el árbitro pita el final del mismo.
Esto sucede también en la vida. Y, por supuesto, acontece en la política. Aunque la impresión más generalizada últimamente permite pensar que, en las urnas de marzo, la distancia favorable a Zapatero respecto a Rajoy puede superar los márgenes estrechos del empate técnico —tan cacareado por la derecha después del verano—, el líder socialista se equivocaría, si pretendiera emular a Helenio Herrera, aun siendo, como es él, un connotado barcelonista.
Sólo cuando se conozca el resultado oficial de tales comicios podrá el PSOE cantar o no victoria. Algunos pasos que está dando Zapatero en el sentido de ratificar en sus responsabilidades al vicepresidente de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, o la vicepresidenta política, María Teresa Fernández de la Vega, entre otros, no dejan de ser arriesgados, porque proyectanuna confianza excesiva, cuando, como él mismo dijo hace días, habrá que sudar mucho si se desea vencer al PP.
El cuento de la lechera es una llamada de atención a los optimistas antropológicos. Debería Zapatero releer ese cuento, escrito por el fabulista Samaniego. Su moraleja es altamente ilustrativa. Vivir sin ilusiones y desterrando cábalas optimistas no es aconsejable. El pesimismo únicamente conduce a más pesimismo. Pero dar casi por real aquello que aún no lo es provoca frustraciones.
De momento lo que sí está haciendo con innegable acierto el presidente del Gobierno es alinear a sus mejores políticos —los más acreditados y conocidos—, allá donde está en juego un escaño posible, pero inseguro. La alineación trata Zapatero de que sea de lujo. Lo es Rubalcaba, destinado en Cádiz. Y de la Vega, en Valencia. O Bermejo, en Murcia.
La alineación del Barcelona del año 1959, con H.H. en el banquillo, era espectacular. Ningún trofeo importante se consigue de verdad, si el equipo que aspira a llevárselo no está integrado por ases temibles con el balón en los pies. Han de ser buenos y han de estar bien ubicados en el terreno de juego. Unos en la defensa, otros en el centro del campo; y en punta, los restantes.
Hay que marcar goles y evitar que te los marquen. Zapatero aspira a gobernar sin apreturas. Pero, en el supuesto que necesite aliados, habría cola en el Congreso de los Diputados para apuntarse. Este factor es trascendente. Rajoy no lo maneja con soltura y lo tendría mal para manejarlo. Los errores se pagan. Rajoy, con su rechazo del Estatuto catalán, se cerró por ejemplo las puertas de CiU. Y las del PNV por parecidas razones. Esto es lo que hay. Cada vez parece más verosímil que Zapatero repita. •

Enric Sopena

 
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