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Nº
764 - 26 de noviembre de 2007 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De la polémica intervención del obispo Blázquez Leí hace unos días en el diario Público uno de los comentarios enviados a la web de este nuevo periódico, firmado por Salvador: “Señor Blázquez: no desee pedir perdón, pida perdón. Reparta en toda su diócesis una pastoral para que sea leída en las misas disculpándose y deje esa falsa moral a la que por desgracia nos tiene acostumbrada últimamente su iglesia”. Valentín decía: “La Iglesia católica española debe pedir perdón por su actuación antes, durante y después del alzamiento militar de 1936 contra el Gobierno legal, por ser caldo de cultivo de las conspiraciones que propiciaron el golpe de Estado, por participar en el entramado represor de los alzados y por estar al lado del dictador durante 40 años”. Un sobrino de un cura asesinado afirmaba: “Tan lamentables son unos asesinatos como son otros, pero a fecha de hoy hay importantes diferencias: a las víctimas de un bando, se les reconoció como tales; mientras que a las del otro bando, las tenemos todavía en las cunetas de nuestras carreteras. Esto no es un concurso de a ver quién tiene más muertos, se trata de reparar el daño a muchas víctimas que siguen en el olvido”. Otros mensajes aplaudían la intervención del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao, que puede ser sustituido por algunos de sus colegas más integristas y más poderosos. Se habla del retorno de Rouco Varela, si es que el cardenal arzobispo de Madrid ha dejado de mandar algún momento en la Iglesia española a lo largo de los últimos años. Puede volver Rouco o auparse Cañizares, el cardenal de Toledo, el más conservador de todos los jerarcas eclesiásticos. SOS escribía: “Que la Iglesia diga eso es algo insólito y como tal debe ser valorado. Me alegra que haya decidido tomar ese camino de acercamiento y moderación.” Pero SKA era muy crítico: “La Iglesia está en posesión de todos los pecados capitales y, entre ellos, el orgullo, que les impide admitir con claridad que fueron cómplices de un golpe de Estado. Si con esas palabras, dichas con la boca pequeña, creen que van a reparar toda su maldad…” Y Magallanes: “No, no y no. La Iglesia no ha pedido perdón. Blázquez es el presidente de los obispos, pero no ha pedido perdón explícitamente”. Es decir, que las palabras de Blázquez han generado polémica. Han sido unas palabras demasiado genéricas, faltas de rotundidad y pronunciadas sin el arrepentimiento debido. No hay ni propósito de enmienda. Ocurre, no obstante, que es tan derechista, tan fundamentalista y tan cerrada la cúpula gobernante de la Iglesia católica, tanto en España como en la mayor parte del orbe, que muchos las recibieron como agua de mayo, como una bendición divina. Es sabido que Blázquez ha gozado de nula capacidad de maniobra en sus años de mandato. A este hombre además le sobra su excesivo carácter pusilánime, incapaz de producir gestos de coraje. Ni él ni sus votantes en la Conferencia Episcopal son decisivos. Blázquez pidió perdón pero, como se ha dicho, lo hizo con la boca pequeña. No le secundaron, ni siquiera así, los que de facto vienen controlando con mano férrea esta Iglesia reaccionaria y propietaria de la COPE. Blázquez es tibio. Sus compañeros obispos son, a excepción de algunos pocos, arrogantes y siguen instalados en los tiempos anteriores a Juan XXIII y al Conclio Vaticano II. Dicho de otra forma y evocando épocas recientes: sintonizan a la perfección con el modelo de Iglesia que forjó Juan Pablo II y, desde la muerte de éste, Benedicto XVI. El Concilio fue un fugaz oasis en el desierto. Probablemente un efecto óptico, un espejismo. Pasó rápido y se fue veloz por la puerta falsa. España ha cambiado en los últimos 30 años de abajo arriba y de arriba abajo. Ha cambiado en general para bien. Han cambiados los españoles y han cambiado los militares, empresarios y otros sectores vinculados a los tradicionales poderes fácticos que con tanto empeño destrozaron la esperanza republicana y nos sumieron en el túnel tenebroso de la dictadura. Pero no han cambiado los jefes de los católicos. No han cambiado para nada. Al contrario, se han enrocado como si los años 30, 40, 50, 60, y hasta 70 del siglo pasado continuaran vigentes. La Iglesia no se ha adaptado a las reformas globales y espectaculares que se han generado en España. Le pasa lo mismo o muy parecido a la derecha política. Es lamentable pero es la realidad. Por eso, a pesar de todo, lo que dijo Blázquez provocó efectos balsámicos en no pocos españoles. Sonó a música celestial y nunca mejor dicho. Supo a poco, ciertamente, aunque conviene tener en cuenta que Blázquez es la excepción y Rouco la regla. Luis G. del Cañuelo |
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