|
Reírle las gracias
por Miguel Ángel Aguilar
Decía un buen amigo en el informativo de Hora 14 de la
Cadena SER que las conferencias y ruedas de prensa, donde los titulares de los poderes quedaban emplazados ante los periodistas, caminan hacia su desnaturalización. Porque a veces se convoca a los profesionales de la información para que escuchen una declaración sin posibilidad de que formulen preguntas, como si formaran parte del mobiliario. Mientras que otras veces la sala se llena de gentes ajenas al periodismo y afines al personaje para que hagan de claque y celebren con risas dóciles las gracietas del encumbrado
de turno. Así sucedió el martes pasado en París con Hugo Chávez.
Daba vergüenza escuchar ese mmismo día por la radio las risotadas que acogían las pretendidas ocurrencias del comandante Chávez cuando se refería a su desencuentro con el Rey don Juan Carlos en Santiago de Chile, y anunciaba que a continuación se encaminaría a Lisboa volando sobre el palacio de la Zarzuela muy bajitico y que esperaba que no disparasen a su avión prestado para la ocasión por Fidel Castro. El presidente francés Sarkozy, su anfitrión, que se maliciaba el numerito, tuvo la vergüenza torera necesaria para desistir de acompañarle al circo.
Repetimos una vez más para los que hayan llegado tarde que los periodistas deben hacer honor a su función social y recuperar la distancia crítica frente a los personajes y los acontecimientos. Esa distancia, debe tener una dimensión física, por eso las ruedas de prensa son lo contrario del amontonamiento de las muchedumbres. Es preciso que se disponga unestrado y que a suficiente distancia se sitúen los periodistas. Por eso también debe recuperarse la distancia gramatical con el recurso adecuado a la tercera persona. De ahí que recordemos que cuando se iniciaba la transición y los periodistas empezaban a confundir la naciente democracia con la dispensación impropia del tuteo, el inolvidado Luis Carandell promoviera el club del usted deseoso de impulsar el trato que correspondía dar a los políticos.
Nos encaminamos con paso decidido a la convocatoria de las elecciones generales fijadas para el domingo 9 de marzo y deberían tomarse medidas por las Asociaciones de la Prensa para enmendar comportamientos denigrantes hacia los periodistas. Se hace preciso un comunicado previo que evite situaciones pasadas. Es inaceptable que los periodistas sean tenidos al margen y sólo tengan acceso a las versiones prefabricadas de las reuniones de las ejecutivas o que se impida el acceso de las cámaras de televisión a los mítines para facilitar después unos vídeos cocinados con destino a los noticieros. Quienes no estén en condiciones de comparecer a cuerpo limpio ante los medios deberían quedar descartados de la contienda electoral.
Los aplausos y las risas enlatadas o procedentes de un público cautivo que recibe dietas y bocadillos pueden quedar bien en los programas del corazón donde el regidor del estudio marca la pauta de los comportamientos de los invitados pero quedan fuera de lugar en asuntos de la relevancia que se concede a una campaña electoral. Veremos. •
|