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Nº 762 - 12 de noviembre de 2007

Debate de las firmas de El Siglo tras su aprobación

La Ley de la Memoria Histórica

 

Los habituales colaboradores de esta revista han vuelto a reunirse en torno a una buena mesa para participar en Las sobremesas de El Siglo, la sección inaugurada el pasado verano para hacer un balance sobre los tres primeros años de la legislatura. En esta ocasión, la Ley de la Memoria Histórica, aprobada hace unos días por el Congreso de los Diputados, ha sido pretexto del almuerzo-coloquio. La elección del momento para su aprobación, el tratamiento del Valle de los Caídos, de la Iglesia y de los archivos de Salamanca y la utilización que el PSOE y el PP puedan hacer de la ley en la campaña electoral son la derivadas que cada uno de los cinco comensales fueron abordando a lo largo de una animada charla en la que se diseccionaron los pormenores de una norma que, ya desde el comienzo del actual periodo de sesiones, se planteó como una de las más emblemáticas y sin duda más polémicas del Gobierno Zapatero.

Por V. M.

El Congreso de los Diputados acababa de darle luz verde y faltaban días para el aniversario del 20-N. No había duda de que la Ley de la Memoria Histórica debía ser el tema de debate de las segundas Sobremesas de El Siglo, los almuerzos-coloquios en los que las firmas que cada semana se asoman a las páginas de esta revista intercambian impresiones sobre los temas de actualidad. Francesc Homs, diputado en el Parlamento de Cataluña de CiU; Santiago Carrillo, ex secretario general del PCE; Juan Antonio Barrio, diputado socialista y ponente de la ley; Enric Sopena, periodista y director de elplural.com; y Fernando Fernández de Trocóniz, quien fuera alcalde de Salamanca y diputado del PP; son los cinco políticos y periodistas habituales en las tribunas de la revista que acudieron a la cita para abordar, desde distintos prismas y con diferentes matices, la que ha sido una de las más complicadas pero también más emblemáticas leyes de la legislatura.

La primera pregunta planteada al respecto fue si la norma era necesaria y si éste ha sido el momento más adecuado para sacarla adelante. Francesc Homs, el primero en tomar la palabra, comentó que “el momento exacto nunca existe para este tipo de debates. Ahora, quizá lo que ha puesto al descubierto es que, aunque parezca mentira, aún hay muchas heridas abiertas y no sé hasta qué punto merecía la pena. Es decir, el riesgo está en que sirva como arma arrojadiza, como algunos a veces lo plantean, de un lado y del otro, para justificar el presente y el futuro. Y creo que este es un límite que no se debe rebasar”.

A continuación, Santiago Carrillo aseguró que la ley era necesaria y “ha surgido cuando ya era imposible contenerla más”. El histórico líder de la izquierda dijo que, en cambio, en el momento de la Transición democrática no pudo haber sido planteada. “Y no lo fue porque en España salimos del fascismo a la democracia por un camino que no fue el que siguió Europa, donde resultó barrido militarmente imponiéndose la memoria histórica desde el primer momento. Aquí hemos tenido que hacer la Transición con una parte de los franquistas, los reformistas del régimen, y si no hubiéramos contenido ese tema durante años, se hubieran vuelto a unir con los ultras”, aseguró. “Ahora ha surgido cuando el grano ya había madurado tanto que estallaba sólo –continuó–. Y el Gobierno lo único que ha hecho, a mi juicio, es tratar de dar un cauce y una solución a algo que se venía solicitando. Además, sin ningún espíritu de revancha. Porque en el fondo, ¿de qué se trata? De que nos dejen enterrar a nuestros muertos para poder rendirles culto. De que rehabilitemos a las decenas de miles de personas que fueron asesinadas, sobre todo bajo la dictadura, de manera ilegal e injusta. El franquismo convirtió a sus víctimas en una especie de aristocracia que llenó los nombres de calles y plazas, que estuvo en las iglesias, que fue celebrada oficialmente por la sociedad... Nosotros no pretendemos que se convierta a nuestras víctimas en una aristocracia. No estamos pidiendo tampoco que se juzgue a los responsables de aquello, entre otras cosas porque han muerto. Simplemente pedimos, es un acto de justicia histórica que además va a ayudar en la España profunda que aún sigue existiendo, que se acabe de una vez el miedo”.

“Estoy muy de acuerdo con lo que ha dicho Santiago –continuó Juan Antonio Barrio–. La Transición tuvo los condicionamientos que bien ha dicho y era necesario complementarla desde el punto de vista de las víctimas, de todas las víctimas. En la ley se habla de los guerrilleros antifranquistas, de los militantes muertos en el tardo-franquismo, de los brigadistas internacionales, los militares de la UMD que lucharon por la Constitución antes de que existiera, los fusilados, los exiliados, los presos del franquismo... ¿Si ahora era el momento? Sí. Si no se hace ahora, a lo mejor no se hace. Además, resultaba preciso porque está desapareciendo la última generación que vivió la guerra civil”. Sobre la conveniencia o no de que el tema se abordara mediante una ley,  Barrio defiende esta opción “por dos motivos: para poner en común un mínimo democrático que la derecha de este país no debería poner en cuestión y para derogar explícitamente el andamiaje represivo del franquismo. Es verdad que para abordar temas como el Valle de los Caídos, los símbolos, las fosas, las ayudas... posiblemente bastaba con decretos ley. Pero una ley ha permitido contar con otros grupos parlamentarios y lograr la reparación moral de las víctimas”. El ponente socialista de la ley añadió “que es muy interesante que se declaren ilegítimos los tribunales franquistas y, por lo tanto, como además las leyes están derogadas, las sentencias que se derivaron de ellos. Y para todo esto sí hacía falta una ley”.

El director de elplural.com coincidió con Carrillo y Barrio en la necesidad de la ley. “No sé si es preciso entrar en la oportunidad o no, pero me habría parecido de vergüenza colectiva que, pasados los años que han pasado, con una democracia como la española que felizmente se ha consolidado”, no haberlo hecho, precisó. “Yo lo que me pregunto, y desde luego es una pregunta retórica, por qué esta animadversión de la derecha democrática, en la medida en que participan del sistema democrático. Porque la derecha francesa no opera así. La alemana tampoco. La italiana tampoco. No sé por qué a la derecha española le cuesta tanto romper el cordón umbilical de franquismo. No lo acabo de entender. O sí lo entiendo, lo cual me preocupa más y nos preocupa a todos. ¿Lo demás? Puede ser una ley, quizá no. A mí me parece bien, porque la ley le da una solemnidad que no le da un decreto”, explicó Enric Sopena.

La primera ronda de intervenciones finalizó con las palabras de Fernando Fernández de Trocóniz. “Cualquier cosa que sea buena para que los españoles se reconcilien, me parece bien. Y no digo de una vez por todas, sino las veces que haga falta. Por otra parte, me parece bien que haya habido tanta polémica con la ley, es una buena forma de reconciliarse”. Sobre el momento escogido para su aprobación, el ex dirigente popular consideró “un tanto inoportuno en cuanto al tiempo pasado desde que existe la Constitución. Hubiera sido mejor haberla hecho antes, pero bienvenido sea todo lo que signifique reconciliación”. Respecto a la efectividad real de la ley, aseguro que “todos sabemos que es muy poca porque declarar ilegítimo algo que sucede 40 o 50 años atrás. En cuanto a toda la simbología franquista, la ley de símbolos aprobada a raíz de la Constitución ya preveía que los únicos que se podían exhibir en todo tipo de edificios eran los constitucionales, y no ha sucedido así. Incluso en inmuebles propiedad del Estado se han mantenido porque la ley también se refería a que cuando fuesen objetos históricos-artísticos, no habría que tocarlos. A ver si con esta ley se toca”. Trocóniz introdujo en su primera intervención la segunda cuestión planteada por El Siglo a cerca de la Ley de la Memoria Histórica. “Lo que sí me parece importante es el tratamiento que se quiere dar al Valle de los Caídos porque era efectivamente una asignatura pendiente”. “Había varias alternativas. Una, tirarlo. Dos, considerando que sería una barbaridad porque se trata de un elemento arquitectónico importante, conservarlo. Ahora bien: ¿qué finalidad se le da?”.

Juan Antonio Barrio dio los detalles. “La comunidad religiosa, por los buenos auspicios de CiU, continúa sin el menor problema y sigue dedicada a su función religiosa. Lo que sí se impide es la simbología franquista y, entre otras cosas, los actos de exaltación de la dictadura el 20-N. Pero también se pretende que haya una fundación democrática que cuente la historia del Valle de los Caídos y de los batallones de presos republicanos que hicieron aquello”.

—“La solución me parece muy razonable. No puedo decir más”, apuntilló el ex alcalde de Salamanca.

Homs, aludido por el comentario de Barrio sobre CiU, explicó que “aquí era importante la posición de la Iglesia, y su tratamiento ha ayudado a superar algunas posibles especulaciones. Siempre van a quedar algunos que se van a quejar, imagino que el 20-N los muy radicales, pero ya no tiene ningún valor”. El diputado catalán retornó en este punto la cuestión de la oportunidad de la ley para decir que es de los que opinan que “la Transición no finaliza hasta 1996”. Y recordó una cena en Madrid entre Felipe González y Jordi Pujol justo después de las elecciones de aquel año, donde aquél le reveló al President que durante su mandato hubo intentos de golpes de Estado que prefirió silenciar y que, en esos momentos, “le tocaba apoyar el Gobierno de Aznar, cuya factura, por cierto, a nosotros nos ha salido carísima en Cataluña”. “Creo incluso –continuó–, que hasta 2000 uno no puede decir que la Transición finaliza del todo”. Cuando “la derecha en España tiene la convicción íntima de que a través de los medios democráticos también puede conseguir el poder. Creo que era necesario que pasase”. Lo que a pesar de ello, dijo Homs, le resulta sorprendente, “es que estén aún con determinados discursos. Me desconcierta. No hay justificación posible en esta ley para que el PP vote ambiguamente. Y creo que si hubiera habido un voto global, hubieran votado en contra”.

Carrillo se interesó sobre la consideración del catalán a cerca de cuándo ha terminado la Transición. “Hay quien dice que cuando se aprobó la Constitución. Otros que cuando Felipe entró en el Gobierno... Creo que, sustancialmente, la Transición española tiene todavía una asignatura pendiente: una derecha democrática europea que esté claramente desligada del pasado franquista. Hasta que no logremos eso, puede decirse que no ha terminado totalmente la Transición”, aseguró.

—“O sea, que me he quedado corto”, dijo Homs divertido.

—“Sí”, le contestó el ex secretario general del PCE. Y a renglón seguido pasó a analizar el tema planteado. “Han buscado la mejor solución a un asunto que tiene difícil solución, y creo que tenía razón usted –dirigiéndose a Trocóniz– cuando hablaba de que lo mejor era tirarlo. Si respondiera a mi sentimiento profundo, diría que lo mejor es eso. Desde que vine a España no he ido nunca a ver el Valle de los Caídos y confieso que, a pesar de la Ley de la Memoria Histórica, no iré allí a reconciliarme con nadie. Prefiero reconciliarme en vivo”, y puso como ejemplo su próxima participación en la presentación de un libro de Manuel Fraga en el mes de diciembre.

A continuación, el diputado socialista se manifestó a favor de las palabras de Carrillo. “Efectivamente, la existencia de una derecha democrática en el poder es probablemente la gran asignatura pendiente. Ahora, para que eso suceda” el Partido Popular “tiene que perder las próximas elecciones” dando paso a dirigentes “que han pasado página”. Conseguir eso, según Barrio, requiere “enfatizar la diferencia izquierda-derecha. En todos los sentidos: en cuanto a la España plural, las políticas sociales y, por qué no, en cuanto a la memoria histórica. La memoria democrática, me gusta decir, porque realmente es lo que representa”.

El periodista Enric Sopena regresó al Valle de los Caídos. “La solución de consenso me parece sensata, aunque esté manifiestamente por debajo de lo que debía haber sido”. Lo que sin embargo dijo haberle “estremecido” es que los benedictinos sigan haciéndose cargo del templo. “Hace unos días leí y publiqué en elplural.com una entrevista con su actual abad. Y claro, me pareció que Blas Piñar hubiera dicho que no estaba de acuerdo con las cosas que decía este señor...”, comentó irónico provocando las risas de los contertulios.

—Para precisar –intervino Homs–, no ha ido mal que hubiese un cierto nihil obstat [expresión latina que quiere decir “nada se opone”]....

—Estamos en manos del clero otra vez, dijo Enric.

—Déjate..., negó el convergente.

—Tú has defendido al clero, déjame que yo le ataque. Al clero éste, al ultramontano, el otro me merece todo el respeto, cariño y todo lo que tú quieras, contestó el periodista.

—“Yo digo que lo interesante en este caso del Valle de los Caídos es que hemos tenido el ingenio, por así decirlo –comentó–, de no convertir su tratamiento en la ley en un símbolo en contra. Hubiera sido una posibilidad y un error”.

Después de un rifirrafe a cuenta de los benedictinos más divertido que airado, Enric pasó a hablar, como antes habían hecho otros comensales, sobre la derecha. “Estamos hablando mucho de la política y nos estamos olvidando, al margen de la derecha mediática, de la religiosa. ¿Cómo ha celebrado la Iglesia la memoria de los caídos? 500 beatos de entrada. El papel que está jugando desde que murió Tarancón es un papel, con algunas notorias y magníficas excepciones, vergonzoso. No hay en Europa ninguna Conferencia Episcopal que se permita el lujo de tener una emisora y encima...

—“Por eso no tenemos una derecha europea”, intervino Carrillo.

“Exactamente –prosiguió Sopena–Hago énfasis en este tema porque me parece que está muy relacionado con el Valle de los Caídos. Creo que la solución que habéis dado es una solución sensata –dijo dirigiéndose al diputado del PSOE–. Pero no sé si serán sensatos aquellos que in situ, tengan que llevarlo...”

—“Ahora no hay ningún motivo. Ahora, si lo hacen [contravenir la norma], entonces se aplicará la ley”, contestó Barrio.

—“Enric, a parte de los benedictinos –retomó Homs–, insisto en el análisis de no dejar esto como un símbolo de los que no están a favor, que no son pocos. No les vamos a dar argumentos, no les vamos a dar excusas, no les vamos a dar motivos” para protestar.

En este punto del debate, Trocóniz terció para hablar sobre la derecha. “Yo quiero tranquilizaros. Si decís que la Transición existirá en España con una derecha moderada y democrática, en España existe y, precisamente porque existe, es por lo que se hizo la Transición”.

Después de que los tertulianos volvieran a enfrascarse con los benedictinos, se les planteó otro de los puntos previstos en el debate a propósito de la introducción en la ley de cláusulas relativas a los símbolos y la exención artístico-religiosa: la Iglesia.

“No ha entrado [la jerarquía católica en la ley], la ha combatido, con mayor energía incluso, que el PP” –empezó Sopena–. Y ha hecho su propia memoria histórica como dije hace un momento. Era innecesario y una provocación hacerlo justo el 28 de octubre. Por eso digo que con esta Iglesia no se puede hacer absolutamente nada en este país. Esto es la santísima trinidad: unos son los genoveses, los otros los de la Cope, y los otros los curas”.

“En el tema de la Iglesia hay matices, y en ese sentido estoy de acuerdo con Homs: no había que dar pretextos”, continuó Barrio, quien defendió la idea de que la jerarquía y los católicos no actúan ni se comportan de forma monolítica. “¿Qué luego la Iglesia tenga una actitud beligerante y quizás más aún determinados párrocos y obispos concretos respecto al tema de las lápidas? –prosiguió–. Veremos cómo se desarrolla la ley para que sí se pueda cumplir. ¿Dependerá de qué Gobierno esté? Claro. Y de en qué Autonomía y municipio se haga”.

Carrillo defendió también la heterogeneidad de la Iglesia. “Hay que establecer una diferencia entre los católicos de base que ya no piensan como pensaban en los años 30 y algún obispo como Ricardo Blázquez menos intransigente, y la cúpula de la Iglesia. Los que hablan en su nombre, como Cañizares, el portavoz Martínez Camino..., sin mencionar la Cope y otros medios de comunicación, tienen una posición más integrista todavía que en 1930”. “Afortunadamente –continuó el tertuliano–, el Ejército ha cambiado y el problema militar no existe, pero si no hubiera sido así, teníamos todas las condiciones para un nuevo golpe de Estado. Si fuera por los que dirigen la cúpula de la Iglesia, es claro que lo habría. Han llamado a la desobediencia civil, han hablado de persecución religiosa en España... Eso es reírse de la gente. Creo que la rémora más grande que tiene hoy nuestro país, y lo dice una persona que piensa que hay que acabar con el sistema económico y social, no son los banqueros, son los obispos”.

Las palabras de Carrillo tuvieron una buena acogida en la mesa. “Estoy de acuerdo con don Santiago”, dijo el parlamentario de CiU desde su posición de católico. Pero su crítica se extendía también a Roma, que “es como lo que vemos aquí y más. Se han cargado el Concilio Vaticano II y a veces pienso si es que se han cargado el Evangelio. Lo digo como creyente. Veo la Iglesia, desde una perspectiva demócrata y catalana, como reaccionaria y sectaria, incluso en lo religioso. La experiencia que he tenido con la Iglesia, he sido ponente del Estatut, ha sido bochornosa. Lo que nos han hecho hacer con el famoso artículo del elemento laico en la enseñanza y uno ve cómo ha quedado en Andalucía, donde parece que no ha pasado nada, es de bochorno. Sólo se explica como un elemento anticatalán”.

“A mí lo que me importa es que el Estado actúe con laicismo y sea auténticamente laico –continuó Trocóniz–. Y que cada cual haga lo que considere oportuno, siempre que no atente a los valores constitucionales. Dicho esto, ya como católico de base, la labor pastoral la Iglesia la confunde con tocar música en el templo, o entablar campañas disparatadas sobre cualquier cosa, o mantener posiciones completamente trasnochadas”.

Fernando Fernández de Trocóniz y Francesc Homs fueron los dos grandes protagonistas del siguiente tema planteado en el almuerzo-coloquio: el archivo de Salamanca.

“En este tema hay un gran desconocimiento por parte de algunas personas que hablan sobre su contenido –comenzó quien fuera alcalde del PP en la ciudad castellano leonesa–. Más de un 95% son simplemente papeles de incriminación policial para juzgar a personas en base a la ley de represión de la masonería y el comunismo y se hizo para eso. En Salamanca, y hablo desde la posición de un salmantino que creo que es aséptico, ni siquiera se sabía que existía el archivo”. A continuación, relató el origen del contencioso con la Generalitat. “Curiosamente, cuando se plantea un primer escrito por parte de Convergencia pidiendo la restitución de papeles en tiempos de Felipe González, es el alcalde de Salamanca, a la sazón del Partido Socialista, el que monta el escándalo diciéndole a los salmantinos que les estaban robando algo que era suyo, que eso iba a dar dinero a la ciudad, que el Gobierno central no daba inversiones públicas a Salamanca... Y que para algo que tenemos a nivel nacional, encima se lo quieren llevar. Me refiero a Jesús Málaga, actualmente subdelegado del Gobierno...”.

“Estábamos en Málaga y nos podemos ir a Lanzarote –interviene Sopena–. Y este alcalde que yo sepa, no es del PSOE. Aquél se equivocó enormemente desde mi perspectiva, no hizo lo que debiera hacer, él sabrá y yo no lo conozco. Pero a Lanzarote lo he tenido esta legislatura hasta en la sopa y sus actitudes han sido en muchos aspectos ofensivas y además, neofascistas”.

“Yo no estoy defendiendo a Lanzarote –prosiguió el ex alcalde–, estoy haciendo la historia de los hechos. Es más, en su día, en contra del traspaso de los papeles intervinimos en el Congreso Jesús Caldera y yo. Lo que quiero decir es que este tema se ha llevado muy mal. El archivo de Salamanca no tiene ningún interés para la ciudad, como no sea porque es un centro público al que van una serie de investigadores. Seriamente, esta es una tormenta en un vaso de agua. Provocada también por quienes han reivindicado los papeles, que representan una vergüenza porque sólo servían para incriminar a la gente”. Trocóniz explicó que cuando se hace la reivindicación de una serie de papeles del archivo, si se dan a su legítimo poseedor en el supuesto de que fuesen particulares, “que prácticamente no existen porque se trata básicamente archivos públicos de organizaciones sindicales, partidos políticos y alguna Administración”, no hubiera pasado nada. “El secretario general del PSOE en Salamanca es íntimo amigo mío. Y le he dicho infinidad de veces: ‘pero Emilio, haced bien las cosas’. Salamanca se siente agraviada porque se le quiere quitar un órgano central de la Administración sin recibir nada a cambio. Se dice, vamos a poner centro de la memoria histórica o como se llame. ¡Pero hay que darse prisa, hay que hacer las cosas! Porque ese archivo podría estar igual en el edificio en el que está que en una nave industrial o en un polígono. ¡Son papeles! Y papeles que no son bonitos, son malos e ignominiosos en el sentido de por qué se utilizaron y por qué se recopilaron como tal archivo. Y estoy absolutamente convencido de que tanto en Cataluña, como en el País Vasco, como todas las Comunidades Autónomas que han pedido que se les traspasen papeles, no saben lo que contienen. Se creen que existen las actas auténticas del Estatuto de Cataluña del 32”.

—Es que es así, intervino Homs.

—¡Bueno, pues llévatelo, si da igual!, contestó Trocóniz.

—¡Pues es lo que estamos pidiendo!, exclamó el catalán.

—¡Pues llévatelo, si da lo mismo! Y yo creo que ya os lo han dado, insistió el salmantino.

—En parte sí, en parte no, explicó el aludido.

—¿Cómo te van a dar parcialmente el acta del Estatuto?, preguntó el ex alcalde, y los dos comenzaron a bromear sobre la partición del texto, hasta que Homs le dijo a Trocóniz que tenía la misma opinión sobre lo que acababa de relatar:

—Estoy de acuerdo contigo en que esto...

—...está desmadrado...

—”...se desmadra y toma envergadura –continuó el político catalán–. Hubo aquella frase desgraciada de Torrente Ballester que dijo: “esto es derecho de conquista”. Claro, esto se dijo desde el balcón del Ayuntamiento de Salamanca... Y seguramente desde Cataluña no se ha hecho todo bien, puede ser, no digo que no. Ustedes comprenderán que en aquellos tiempos, a finales de los 80 y principios de los 90, el tema se habló discretamente entre la Generalitat de Cataluña y el Gobierno socialista de la época. No era una prioridad número uno para CiU como se pueden imaginar. Lo era, pero haciendo bien las cosas. Y estoy de acuerdo en cómo se provocó una hilaridad que aún persiste”.

—”Es más, fíjate. Llevaos todo el archivo y ponednos la escuela judicial en Salamanca. Encantado de la vida”, le propuso Trocóniz.

—”¿Pero qué tiene que ver una cosa con la otra?”, le preguntó Homs.

—”Mucho, para Salamanca un montón”, contestó el que fuera político del PP provocando las risas del resto de comensales.

—”Pero la memoria histórica es esto, ¿eh? –dijo el catalán–. Una cosa son los discursos y otra lo concreto. Y lo concreto, cuando hay balanzas y no salen los números...”

—”Pero la memoria de toda la historia. Y hay tierras con agravios históricos permanentes que quieren la recuperación. Y eso no será con fondos públicos para hacer una tontería, sino cosas auténticas que puedan funcionar y servir como referencia institucional de esa ciudad, esa región, ese territorio en relación con el conjunto”, explicó el popular.

Tras esta discusión que quedó en tablas, los invitados pasaron a debatir sobre el último punto planteado: ¿hasta qué punto el PSOE y el PP utilizarán la Ley de la Memoria Histórica en la campaña electoral?

El salmantino retomó de nuevo la palabra. “A la mayor parte del electorado español le importa muy poco la Ley de la Memoria Histórica. Sin embargo, creo que el PSOE debe utilizarla en campaña electoral. El fin de semana aparecía un artículo muy interesante de un consultor llamado César Molinas en El País titulado El poder decisorio de la ‘izquierda volátil’. Y por lo que dice, creo que el Partido Socialista debería sacarla más. En cuanto al PP, creo que le es absolutamente indiferente airearla o no”.

José Antonio Barrio también había prestado atención al artículo y coincidía en la utilidad de la ley en campaña. “Pero tiene que sacar muchos temas más: políticas sociales, España plural... Temas que tienen que ver con enfatizar la diferencia izquierda-derecha. Estoy bastante de acuerdo con las tesis del artículo. El PP, si hay una votación muy alta, tiene medio millón más de votos de diferencia respecto a una votación baja. Y nosotros tenemos un rango mucho más amplio”.

“Coincido con lo que se ha dicho aquí –prosiguió Carrillo–. Hay una costumbre, casi una regla, de pensar que los votos se encuentran en el centro. Yo no he leído ese artículo, pero por lo que aquí oigo, el autor piensa algo que yo pienso también. En España, a parte del PSOE, a parte de IU, hay una izquierda muy amplia, plural y libertaria que tiene tendencia a no votar porque no se fía de los partidos políticos, y a veces hay que decir que no les falta razón. Por eso me parece que la utilización de la Ley de la Memoria Histórica, de la legislación social, de la ampliación de derechos a amplios sectores del país... todo lo que puede llegar a esa izquierda desinteresada de las urnas, todo eso es la clave para que la izquierda tenga mayoría en las próximas elecciones”. Sobre el resultado de las generales, dijo desear que “el PP se dé un batacazo. Porque creo que eso provocaría en el partido una catarsis democrática y que gente como Gallardón y otros jugaran el papel político que ahora juega ese trío fantástico de Rajoy, Acebes y Zaplana”.

Sopena manifestó sus dudas sobre la efectividad de hablar de la ley. “Hay que echarle mucha retórica para mejorarla, y para que la gente lo entienda... En una campaña electoral donde se funciona con mensajes a modo de flash, realmente tengo mis dudas de si favorecería o no al PSOE. Creo sin embargo, más allá de si es bueno o malo electoralmente, no dejaría de ser una frustración, para mí lo sería, que conseguido al menos el 80% de lo que muchos pedíamos en una ley que parecía maldita, si tiene que pasar inadvertida... París bien vale una misa. Pero ya son demasiadas misas a las que tenemos que dejar de ir por la prudencia”.

A continuación, Homs tomó la palabra. “Lo lógico sería, y lo he hablado a veces con gente de la dirección actual del PSOE, que a estas alturas Zapatero se debatiese en si consigue mayoría absoluta o no. A mi entender, el problema está precisamente en la división derecha-izquierda. Y creo que este lenguaje ya no se lleva. En un artículo que publiqué en El Siglo citando a Giddens dije que el debate está en lo que es moderno y lo que es conservador. Y el PSOE, y Zapatero particularmente, hoy podría ser el gran revulsivo de la modernidad en España. Tengo la percepción de que hay gente en el PSOE, quizá la más joven quizá, que intentan introducir estos conceptos. El Partido Socialista tendría que articular un proyecto estos meses, y tiene argumentos para hacerlo, en este sentido. Si esto es así, ahí no veo la Ley de la Memoria Histórica. Pido que seamos un poco fieles al propósito. Y el propósito no es hacer una ley arrojadiza contra el contrario. De modo que si no lo es, no lo pongamos en el bombo del proceso electoral, porque entonces sí lo sería”.

—”No siendo arrojadiza, es un haber”, dijo Carrillo.

—”Sí –continuó Homs–, pero puede ejercer y visualizar otros haberes. Insisto, donde a veces nos despista algo el PP es en que aunque haya zaplanas, acebes... en algunos aspectos, aunque creo que cada vez menos, aparece en según qué segmentos de la sociedad como algo más moderno que el PSOE”. Y animó al presidente del Gobierno a ser “el Blair de principios de los 90, un líder europeo cabalgando encima de eso que se ha llamado el milagro español”. Los rumores de desaprobación obligaron al catalán a precisar sus palabras. “Lo digo a imagen y semblanza de la percepción de la gente. Estamos hablando de ganar elecciones, no de otra cosa”.

“Leí con mucha atención tu artículo al que has hecho referencia –dijo aludiendo a Homs– y me parece que está muy bien, siempre que se crea que Giddens, que se inventó la tercera vía, es realmente el gurú de la izquierda: es el gurú del centro en relación a la izquierda, un centrista muy abierto, pero centrista al fin y al cabo. Porque está entre el neocon y la izquierda, y la tercera vía es eso. Entonces aparece Blair. Y de Blair tengo que decir que, de puertas adentro, pudo hacer un trabajo laborista. Pero si nos acordamos de Blair en otras circunstancias que serán por las que acabará pasando a la historia dentro de 200 años, es preferible tener a Zapatero.

—”No, yo decía el Blair de principios de los 90 –intervino Homs–. Dos precisiones. El primer Blair, una. Y la segunda, si es que hablamos de ganar elecciones,  más fácil no te lo puedo poner”.

—”Es que a veces se ganan las elecciones de otra manera”, respondió Enric.

—”Yo creo que con la bandera de la izquierda hoy ya no se ganan elecciones”, añadió el diputado convergente, provoncando de nuevo rumores de desaprobación en la mesa que contestó asegurando que “igual que no se gana con la bandera de la derecha”.

“Es que has dicho el primer Blair porque no puedes decir el segundo –continuó Barrio–. Es que después del primero vino el segundo, la foto de las Azores... Y después del Gobierno de Aznar del 96 a 2000, donde no enseñaron la patita, vino también la foto de las Azores”.

—”Pero esto pasa con todos los gobernantes. Después del primer Felipe vino el último. No me vas a defender el último, ¿verdad?”, dijo Homs.

—”El segundo al que apoyasteis vosotros también, ¿eh?”, le recordó el periodista.

—”¡Pero si no digo bueno y malo!”, protestó el aludido.

“Tu argumentación de que no se ganan las elecciones desde la izquierda simplemente  no se sostiene –insistió el parlamentario socialista–. Precisamente de lo que depende el PSOE es de que una izquierda difusa y volátil se movilice y vaya a votar. Ojo, ahí sí que está la dificultad. Porque esa izquierda es más fácil movilizar en contra que a favor. Contra la foto de las Azores que a favor de un Gobierno”.

En este punto del debate, Santiago Carrillo recordó que “la victoria de Felipe González la provocó el golpe de Estado, y al mismo tiempo un alza de la derecha impresionante, porque Fraga pasó de ocho a 120 diputados. Ahí se movilizó todo el mundo. El problema es que la izquierda muchas veces está atravesada por concepciones de derechas. En el tema de Cataluña, el drama de la izquierda es que en el PSOE, había mucha gente que pensaba como el PP. En la izquierda quedan todavía muchos elementos ideológicos que son de derecha. De la España tradicional”.

“Muchos dicen que son federalistas –añade Juan Antonio Barrio–, pero en cuanto escarbas un poco son absolutamente centralistas. Ese tema existe y no ha habido un relato suficientemente consistente y persistente de la España plural”.

Fernando Fernández de Trocóniz cerró el almuerzo-coloquio de las segundas Sobremesas de El Siglo asegurando que “hoy en día, que gane uno u otro partido en función de las medidas concretas que puedan adoptar cada uno de ellos veo que resulta muy liviano. Creo sin embargo que el ciudadano de a pie, a lo que tiene miedo, es que si cambia el partido en el Gobierno va a derogar los matrimonios homosexuales o el divorcio express”.

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