F abián
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Nº 763
19/11/2007

UN TRATADO PARA GOBERNAR EUROPA

Por José Miguel Bueno*

EI próximo 13 de diciembre, los Veintisiete firmarán en la capital portuguesa el denominado Tratado de reforma, o de Lisboa, que modificará los Tratados de la Comunidad Europea y de la Unión Europea. Será una especie de Niza II. Algunos creen que rescata sustantivamente a la non nata Constitución Europea, rechazada en referéndum por Francia y Holanda, aunque por aquellas fechas ya ratificada por 2/3 de los Estados miembros (el 60 % de la población europea).

El Tratado de Lisboa, que entrará en vigor en enero de 2009, será el nuevo instrumento jurídico para gobernar Europa. Eso nos lleva a analizar sus luces y sus sombras. Para empezar, ya hay dos importantes principios que no figuran en el texto: la doble legitimación y la primacía del derecho comunitario sobre el nacional. Esto quita fuelle a la europeidad que hemos tenido hasta ahora. No entro ya en que desaparecen del texto la bandera, el himno, y la nueva denominación de las normas, incluida la desaparición de la palabra constitución –maldita para algunos–, que me parecen poco relevantes frente a la degradación de lo verdaderamente importante, que es "más Europa" y "más democracia".

Hay quien asegura que con este tratado habrá "mejor Europa" en lugar de "más Europa" porque, entre otras cuestiones, aumentará la eficacia, tendremos mejor acción exterior (donde seguirá aplicándose la unanimidad y el derecho al veto), más sensibilidad ante la inmigración, mayor preocupación por la energía y el calentamiento global, mas atención a la seguridad y a la defensa, votaciones en el Consejo por doble mayoría (a partir de 2014) y la Carta de los derechos fundamentales, de aplicación en todos los Estados salvo en el Reino Unido.

En cuanto a ganar o perder democracia, todo parece que va mantenerse la situación actual de déficit democrático o incluso que crecerá. ¿Por qué? Pues por ejemplo, la Comisión (para 2014) la formarán un comisario por Estado miembro, nombrado por los gobiernos. Ahora, por lo menos los Estados grandes designan dos comisarios pactados entre el Gobierno y la oposición. Por otra parte, el Consejo Europeo se transforma en institución y tendrá un presidente permanente. Además, el alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad será vicepresidente de la Comisión, es decir un cargo netamente gubernamental se introduce a guisa de submarino en la institución con más europeidad, la Comisión, designada con el placet del Parlamento Europeo. Por lo tanto, todo parece indicar que va a aumentar lo intergubernamental frente a las instituciones de mayor legitimidad democrática.

El Parlamento Europeo es un claro ganador en este Tratado ya que hay un mayor número de cuestiones que requieren colegislación con el Consejo. Pero esto no quiere decir que el régimen político europeo bascule hacia un mayor parlamentarismo. El refuerzo intergubernamental, que comenzó desde el Tratado de Maastrich, no ha parado de crecer y Lisboa lo acrecienta aun más. En cuanto a los parlamentos nacionales ganan con el aumento de 6 a 8 semanas para examinar los proyectos de normas que el Consejo en solitario, o en codecisión con el Parlamento Europeo, vayan a legislar. Sin embargo, la nueva función de veto de los parlamentos nacionales (basta un tercio de ellos) de los proyectos de normas comunitarias, constituye, a mi juicio, un retroceso democrático. La función de los parlamentos nacionales debería ser la de aportar, no bloquear. Aportar participando en el proceso legislativo comunitario controlando adecuadamente a los gobiernos antes de que éstos legislen a través del Consejo.

En resumidas cuentas, vamos a tener un Tratado de reforma y no una Constitución. Una vez más se elude la participación de la soberanía popular en el proceso y son los gobiernos los que reforman hacia "menos Europa". Parece como si el Tratado de Lisboa se hubiera redactado para salvar el "no" francés a la Constitución Europea, con la complacencia del Reino Unido, que ha conseguido introducir todas sus "líneas rojas", habituales estratagemas para torpedear la integración europea.•

*Ex eurodiputado

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