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AGUA VA...
Ramón O'Pina
Nº 763- 19 de noviembre de 2007
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Pedorretas

Puente de la Almudena. Camino de la Residencia de Estudiantes para ver la exposición de Moreno Villa, enfilo las Rondas pateando un Madrid con más semáforos que peatones. Deben estar todos con Rouco Varela oficiando la farsa de una tradición tan artificial como la propia catedral: coronas de la virgen en bollería fina con afán de pastelería Mira; ofrenda de flores con perfume de todo a cien; un arzobispo con ropaje de Santiago Matamoros; una fiesta que sólo es fiesta dentro de la M30... Yo me quedo con mi Virgen de la Paloma y su San Cayetano. El aire de Madrid, frío, brillante y transparente, te acuchilla la cara a pleno sol. Subiendo la calle Pinar hacia el cerro que fue, coronado por la cresta de los chopos que le daban nombre, me asalta el recuerdo de Soria; la chopera bordeando el Duero; Machado y su magisterio provinciano... tan distante y distinto en la misma esencia. Mis queridos Carlos y Marta, dignos hijos de unos padres criados en las fuentes del Instituto Escuela, durante una visita a la exposición de los premios Adaja se empeñaban en convencerme de los méritos de la Residencia. ¡A buenas horas mangasverdes! Pero sí tienen razón en que algo tan genuino y ejemplar merecería más y mejor atención. Aquello no fue un experimento, sino la prueba y reválida de la fertilidad creativa de la libertad, conjugada en los tiempos de estudio, superación y convivencia. ¿Algo elitista, quizás? Pues, sí. Como lo son, per se, la propia educación, la cultura o el buen gusto. Lo cual no implica coto social, ni derecho reservado de admisión. Uno más entre sus reputados alumnos-residentes, R. Alberti, recrea en su Arboleda Perdida, aquellos buenos tiempos y a uno se le saltan las lágrimas de risa pensando en aquellas generaciones de cachondos (las tan renombradas del 14 y del 27) que compartieron juventud, ilusión e ingenio en torno a un pedómetro. Sí, un artilugio para medir la intensidad de los pedos. De lo más elitista. José Moreno Villa también estaba allí. Como parte de la Generación del 14, y hasta que se nos fue a México (1937), residente y tutor entre aquellos afortunados estudiantes. La exposición es una gozada. El dibujo de una pareja desnuda, dormida sobre la nada, reduce las formas al trazo inacabado de la insinuación. Su Tauromaquia (Taurus, Equus, Amor) rezuma encaste picasiano, mostrando la fuerza de su dibujo y su poder de traslación del gesto, tipo y figura, en instantánea cargada de tensión y desmayo. A ratos, el poeta Moreno Villa interrumpe en el cuadro y se obliga a dibujar con su escritura. Siempre, en toda la obra, debajo de la historia formal contada en sus figuras, palpita la filigrana del malagueño incapaz de obviar la rima. Una delicia de finura y maestría. De vuelta, calle Serrano camino alante, ya no me parece tan mal la festividad de La Almudena y recordando el pedómetro de la Residencia, recuerdo a Rouco Varela y me río solo, solo de pensar en cómo quedaría el artilugio en la Sacristía de la catedral. •

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