Nº 763 - 19 de noviembre de 2007
 
Hemeroteca Esta semana

Cristina, de la COPE al cielo

Qué liviano, el razonamiento de Cristina L. Schlichting, la locutora de las tardes celestiales de la COPE, expresado en ese diario afín que es La Razón! Escribía esto, imploraba esto: “Que llamen a consultas al embajador en Caracas. Parece mentira que tengamos que decirlo aquí o que la gente tenga que comentarlo en los bares. No hay derecho.” Les pregunto, si me lo permiten, a mis amables y pacientes lectores: ¿Alguno de ustedes, uno al menos, ha participado en conversaciones de café, en los bares de Madrid o de cualquier ciudad española, sobre la conveniencia o no de llamar al embajador de España en Caracas? ¡Qué cosas tiene Cristina! Se suma a la ola pepera de atacar estos días al Gobierno por no montarle un pollo a Chávez y, mientras tanto, seguir pidiendo la cabeza del ministro Moratinos, que es una de sus obsesiones paranoicas.

Cristina se arrodilla conmovida ante el monarca: “El Rey estuvo supremo haciendo frente a Hugo Chávez y ahora que el dictador venezolano vuelve a la carga el Gobierno de España se arruga”. La derecha se nos ha hecho de nuevo monárquica. La señora Schlichting  aplaude a Su Majestad. Zapatero, en cambio, es frágil, blandengue, acomplejado. Se arruga. Primero vendió España a ETA. En paralelo, y durante casi cuatro años, ha venido haciendo lo propio con Hugo Chávez y, probablemente, con Fidel Castro o Evo Morales. Se lamenta esta catolicísima profesional de las ondas episcopales: “Tras la rudeza del enfrentamiento verbal en la Cumbre y la defensa que hubo que hacer de Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero no debía dudar en llamar al embajador a consultas. Es inaudito que nos dejemos insultar de manera bárbara. Por cosas mucho menores se realizan protestas diplomáticas a diario”.

Sufre ante lo que está acaeciendo, como recia española de apellido germano que es, nuestra periodista patriota. Relata la situación entre estremecimientos: “En realidad, tras la enérgica salida de Zapatero en Chile se oculta una enorme debilidad política. El Gobierno del PSOE ha apoyado su política exterior en Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela y cosecha ahora los resultados de una apuesta demencial. Llevamos meses y hasta años sintiendo en las carnes de nuestras empresas los malos tratos de nuestros supuestos aliados. La vicepresidenta ya padeció el pasado verano las excelencias de una gira iberoamericana adobada de amenazas y desprecios”. ¿Espera, exige la sin par Cristina, que resuene otra vez la voz profunda de la nación, ante tanta fechoría latinoamericana, al estilo de aquel bravo poema del 2 de mayo, cuando nos acercamos al segundo centenario del alzamiento en armas del buen pueblo español frente a los napoleónicos gabachos? “Oigo patria tu aflicción y escucho el triste concierto que forman tocando a muerto la campana y el cañón (…) Guerra, gritó el sacerdote con ira, guerra repitió la lira…” Maravillosa sinfonía de espantosos ripios bélicos. ¿Te gustan, Cristina?

Reflexiona Schlichting: “La pregunta es si el Gobierno, aprovechando el valiente gesto del Rey, piensa enderezar el rumbo de una diplomacia que nos ha hecho desaparecer del escenario mundial o si prefiere seguir siendo el hazmerreír de todos. Que apuntalemos al otro lado del mar políticas despóticas de dirigentes que hacen la vida imposible a sus pueblos es lamentable y triste, pero que además nos dejemos insultar por ellos sencillamente no tiene nombre”. Es decir, toda esta mezcolanza de maldades, toda esta estrategia diabólica del llamado Zapatero, aupando a déspotas y ejerciendo de estúpido masoquista, ha de terminar con máxima urgencia. Ha de regresar la política internacional de España a mantener estrechísimas relaciones con dirigentes apacibles, pacíficos, paladines de la justicia y de la democracia, como el presidente George Bush, por ejemplo. Nada más maravilloso, ciertamente, en orden, como apunta Cristina, a enderezar el rumbo y volver a estar en el escenario mundial, que recuperar el espléndido liderazgo que ejerciera José María Aznar, intrigando con Bush para impedir, mediante una asonada o golpe de Estado, la permanencia de Chávez, aun habiendo sido elegido éste, en las urnas, presidente de la República de Venezuela.

 Y más tarde, en esa época de esplendor imperial de la España aznarí, la foto de las Azores. Una foto para la historia. Era cuando actuaba Aznar de emisario del emperador y acudía a los despachos presidenciales de numerosos países iberoamericanos, proponiéndoles en nombre de Bush que se sumaran a la Santa Cruzada contra el tirano Sadam. Lo peor es que le decían que no, gracias y hasta la vista, adiós.A pesar de tamañas descortesías, España emergía después de siglos de postración. De Carlos  V de Alemania a Aznar I de España. ¡Cuánto gozo Cristina, cuánto deleite, en los años de Aznar, persiguiendo tiranos y déspotas y encerrando a los mahometanos en las mazmorras de Guantánamo! ¿Fue entonces cuando estábamos en el escenario internacional? Ay, ay,  ay, listilla Schlichting, cómo se nota que trabajas para los monseñores. De la COPE, al cielo.

Luis G. del Cañuelo

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