Nº 763 - 19 de noviembre de 2007
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La verdadera historia de la
primera enfermedad de FrancoHiroshima

por Miguel Ángel Aguilar

Cuando se cumplen 27 años de la muerte de Franco a manos del equipo médico habitual, puede leerse por primera vez la verdadera historia jamás contada de su primera enfermedad la tromboflebitis. Sucedió año y medio antes, el 9 de julio de 1974. Ese día el generalísimo fue ingresado en la entonces llamada "Ciudad Sanitaria Provincial Francisco Franco" hasta ser dado de alta el 30 de ese mismo mes.

Han circulado numerosas versiones de lo que allí pasó pero, como siempre, cuando al fin uno de los cuatro médicos que le atendió, el doctor Ramiro Rivera –ex profesor Jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Provincial de Madrid y ex presidente del Colegio General de Médicos de España- procede a depositar en la Torre de los Lujanes el informe médico completo de la enfermedad y sus antecedentes y publica en la Revista de la Real Sociedad Económica Matritense la narración exacta de lo sucedido en esos 21 días nadie se ha interesado por difundirla.

Cuenta el doctor Rivera que en la tarde del 8 de julio su colega el doctor Ricardo Franco Manera le avisó de que al día siguiente tenía que ir con él y con el doctor Vaquero a visitar al Jefe del Estado en el Palacio de El Pardo porque se sospechaba que pudiera presentar una trombo-flebitis. Anota que poco antes de las 9 de la mañana llegaron a El Pardo donde les esperaba el doctor Vicente Gil, médico de cabecera del Jefe del estado que les hizo un resumen de la situación según el cual el sábado día 6 Franco se había quejado de un ligero dolor en la pierna izquierda y en la exploración se le había detectado un discreto edema en el tobillo.
Consultado el traumatólogo doctor Vaquero se inició un tratamiento con antiinflamatorios Fibrocid y reposo. Las molestias mejoraron y el lunes pudo realizar sus actividades normales pero por la tarde se intensificaron las molestias y Vaquero pudo apreciar que el edema inicial afectaba a toda la pierna y sobrepasaba la rodilla. Por eso ante la sospecha de que se había desarrollado una tromboflebitis indicó a Vicente Gil señaló la conveniencia de consultar a un internista, condición bajo la cual fue elegido el doctor Ricardo franco quien sostuvo la conveniencia de que nuestro doctor Rivera le acompañara.

Dice en su narración el doctor Rivera que encontraron a Franco tendido boca arriba en una cama de matrimonio muy baja, lo que hizo incómoda su exploración física y que en su aspecto predominaba la falta de expresión, con la mirada perdida en el techo y sin demostrar el menor interés por lo que ocurría a su alrededor. Añade que contestaba con monosílabos a las preguntas y que a las distintas maniobras exploratorias que le practicó que debían provocarle dolor o al menos alguna molestia no respondió ni con gestos, ni con palabras.

Una vez en la antecámara, el doctor Rivera expuso a sus compañeros el diagnóstico que le parecía indiscutible: se trataba de una flebotrombósis iliofemoral derecha, sin signos inflamatorios que sugiriera que el coágulo sanguíneo formado en el interior de la vena se hubiese fijado a sus paredes, y por lo tanto con una gran tendencia a extenderse y a desprender fragmentos que provocarían embolias pulmonares. Hubo acuerdo en iniciar cuanto antes el tratamiento anticoagulante que debía llevarse a cabo en un centro hospitalario. Vicente Gil, en ausencia del doctor Cristóbal Martínez Bordiú que se encontraba en Manila, se decidió por la citada Ciudad Sanitaria Provincial.

Entraron de nuevo al dormitorio y Vicente Gil le explicó el diagnóstico y la conveniencia de ingresarlo. Franco primero permaneció callado y luego dijo: "Eso va a ser una bomba". La bomba sería, repuso Gil, que a Vd. Le pasara algo. El relato completo son 22 páginas apasionantes que vale la pena contrastar con la información que tuvimos. Asombroso.•

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