Nº 762 - 12 de noviembre de 2007
 
Hemeroteca Esta semana

De ' Época' y María Antonia Iglesias

La revista Época arremete contra la periodista María Antonia Iglesias, a la que califica de “ariete del socialismo mediático.” Este semanario fue fundado poco después del 28 de octubre de 1982 por el difunto Jaime Campmany, un antiguo falangista que ocupó altos cargos tanto periodísticos como políticos en la España del general Franco. Cuando la situación económica de Época fue especialmente crítica, Campmany recibió una importante inyección financiera del emergente entonces Mario Conde, otro que tal. Transcurrido un cierto tiempo, y a la vista de que la publicación estaba a punto de irse a pique, el fundador de este invento cavernario se lo vendió a Julio Ariza por una más que módica cantidad dineraria. A partir de ese momento, lo cierto es que la revista continúa publicándose. Se ignora cómo, pero así es. Julio Ariza, ex diputado del PP catalán durante los años en los que Alejo Vidal-Quadras era el gran capitán de la derecha española en Cataluña, ha llegado a ser uno de los misterios más ineluctables del Madrid mediático. Controla Época y Alba, semanario ultramontano en defensa del integrismo católico, es dueño y señor de Intereconomía (radio y TV) y arrastra la crónica más bien certera de sus fluidas relaciones con Esperanza Aguirre, quien le habría hecho algunos importantes favores en el ámbito de las concesiones o licencias  audiovisuales.

Un tal Ignacio Peyró se encarga de poner a caldo a María Antonia Iglesias. Su leed no puede ser más repugnante: “Fue el genio simpar de Jaime Campmany el que encontró el mote de Albóndiga que tan malévolamente le cuadra a María Antonia Iglesias, halago perpetuo de la izquierda, conversa del felipismo al zapaterismo y –siempre– espuela o látigo del PP.” El tal Peyró, por consiguiente, recupera el casposo ataque personal, acuñado por Campmany y durante años aireado por él en ABC, y alaba a ese tipejo de zarzuela cuyo “genio simpar” se basó en la descalificación, la grosería y el insulto permanente a los adversarios de la derecha. La conexión entre el franquismo sociológico y político y el Partido Popular se explica con enorme facilidad a través de personajes como el aludido, paradigma del periodismo de cornetín, envuelto en la censura y la consigna, que dirigió la agencia de noticias Pyresa, perteneciente a la reputada cadena del Movimiento. Y que fue director también del diario Arriba, fundado por el demócrata José Antonio Primo de Rivera. Campmany fue un periodista admirado explícitamente por José Antonio Girón de Velasco, el león de Fuengirola, uno de los referentes más ominosos del fascismo a la española, con Franco en El Pardo y la represión como norma de conducta de los jerifaltes de la dictadura.

Periodista independiente, por supuesto, Campmany fue procurador en Cortes y consejero nacional del Movimiento. Alternaba el ejercicio de su profesión periodística con la política de vasallaje a Franco. Cuando murió éste y fue reinstaurada la libertad en España,  “el genio simpar” viró hacia la monarquía, de la que había sido antes un debelador activo, actitud por otra parte coherente con el falangismo que profesaba el que acabó siendo “maestro de periodistas” y uno de los miembros del Sindicato del Crimen, escuadrón conspiratorio cuyo objetivo fue cepillarse al presidente del Gobierno, Felipe González. En esa organización coincidieron Ramírez, Anson, Gutiérrez, Del Pozo, Sebastián y Cela, entre otros muchos partidarios de todas las pinzas, que abrieron a patadas las puertas de la Moncloa con el noble fin de que habitara allí el ilustre político centrista José María Aznar López.

El llamado Peyró escribe: “Es así, con Albóndiga o con Albondiguilla, como tanto y tanto votante de la derecha puede recurrir a la terapia de la burla para poner en olvido esas invectivas como coces que Iglesias dedica al centro-derecha español en las mañanas de la radio o en las noches de televisión. Y es que, con Iglesias, el discurso pacífico de las ideas, la hilvanación correcta de los argumentos, pasan enseguida a los términos absolutos de la descalificación, en su caso con una inclinación marcada al uso del calificativo “fascista” para quienes no piensan como ella.”

“Hay veces incluso, sigue sosteniendo este sujeto, en que su prejuicio (…) le lleva a despedirse a la francesa del debate. Su última víctima, en este sentido, ha sido Ignacio Villa, periodista a cargo de los Servicios Informativos de la COPE y notable polemista en la antípoda ideológica de Iglesias”. Narra a su manera Peyró el episodio ocurrido en Canal Sur, cuando tras describir el chulesco Villa a la SER como “la radio de los terroristas”, por el 11-M, Fernando Delgado se levantó y se fue, acompañado por Rosa Regàs y María Antonia Iglesias, como señal de protesta por el comportamiento dialéctico de Villa. Millones de españoles conocen la catadura de Villa y su innata tendencia a confundir el argumento con la injuria, la afrenta o  la infamia. El jefe de los Informativos de la COPE, la emisora donde se rinde culto no a Dios como debiera, sino al insulto cotidiano, ha protagonizado todo género de provocaciones cada vez que aparece en algún programa de debate. Se desacredita él solo cada vez que abre la boca. Lo jalea Época. No debe extrañar a nadie. Son de la misma escuela. La de Campmany, que en paz descanse, y compañía.

Luis G. del Cañuelo

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