Nº 762 - 12 de noviembre de 2007
Hemeroteca
Esta semana
Lista Tribuna
Buscador
Un convencido de Hiroshima

por Miguel Ángel Aguilar

El pasado 1 de noviembre ha muerto a los 92 años en su casa de Columbus, Ohio, el brigadier general de la Fuerza Aérea norteamericana Paul Warfiel Tibbets, que fue comandante y piloto del Enola Gay, el avión B-29 bombardero superfortaleza que arrojó la bomba atómica denominada Litle Boy sobre la ciudad de Hiroshima a las 8.15 a. m. hora local del 6 de agosto de 1945. La bomba que causó 78.000 víctimas mortales fue arrojada nueve días antes de la rendición del Japón, lo que suponía el final de la II Guerra Mundial. Las notas necrológicas aparecidas en la prensa del mundo entero han devuelto al primer plano de la actualidad aquel momento. El piloto merece ser examinado. Todo ocurrió hace 62 años, cuando el entonces teniente coronel Paul Tibbets tenía 30. Esa acción bélica sobre Hiroshima y la que siguió tres días después sobre Nagasaki con resultado de otras 40.000 víctimas mortales vendría a confirmar la tendencia al aniquilamiento del enemigo, una denominación en la que ahora se incluye no sólo al ejército contra el que se combate, sino también al conjunto indiscriminado de la población civil tomado como objetivo válido a destruir.

Gordon Thomas y Max Morgan-Wits en su libro titulado Enola Gay transcriben las entrevistas mantenidas con Tibbets a quien le llamaron para participar en la misión de la bomba diciéndole que iba a destruir toda una ciudad con una sola bomba. Nuestro comandante recuerda que en su organización "trabajaba un asesino, tres hombres culpables de homicidio y varios criminales; todos ellos habían escapado de prisión, todos se habían alistado con nombres falsos, eran técnicos habilísimos, verdaderos artesanos en sus respectivasprofesiones". Añade que, cuando todo acabó, "les llamamos uno por uno, les entregamos sus antecedentes penales y una caja de cerillas y les dijimos que podían quemarlos". Tibbets concluye orgulloso "que dirigía un equipo único en el mundo". Observemos que además en el Campo Norte de la isla deTinian, en las Malvinas, a ese equipo único no le faltó la asistencia espiritual prestada en este caso por el capellán luterano William Dwney quien al terminar la sesión de instrucciones impartidas a la tripulación del Enola Gay invitó a todos a que inclinasen sus cabezas tras lo cual con voz resonante comenzó a leer la oración especial que había compuesto para esa ocasión: "Padre Todopoderoso, Tú que escuchas las oraciones de los que te aman, te rogamos que acompañes a quienes surcarán las alturas de tu cielo y llevarán la batalla a nuestros enemigos. Guárdales y protégeles, te rogamos, en su misión. Que todos nuestros enemigos, al igual que nosotros, conozcan tu Poder..."

Con esos avales no es extraño que Tibbets nunca dudara en la defensa de su misión. Incluso cuando fue entrevistado para un documental de la Public Broadcasting System al cumplirse el 50 aniversario de Hiroshima repitió que estaba ansioso por cumplirla. Aseguró también que quería hacer cualquier cosa que pudiera derrotar al Japón y que estaba convencido de haber salvado más vidas de las que había segado. Sus compatriotas le vieron como un salvador que había evitado las muertes que se hubieran producido en el caso de tener que invadir el Japón. Albert Einstein alertó a Roosevelt de los daños que además las armas nucleares causarían al prestigio del país. ¿Tenía razón? •


Hemeroteca
Esta semana
Lista Tribuna
Buscador
© El Punto Prensa, S.A. Plaza de España, 18 28008 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08        E-mail: siglo@elsiglo-eu.com