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El PP busca el mejor campo de batalla En mi comentario sin maldad de la semana pasada expresaba mi convicción de que el PP, tras la sentencia, pasaría página del 11-M y me permitía opinar que el PSOE debería apoyarlo evitando remachar el clavo. A juzgar por como transcurrió la comparecencia parlamentaria del ministro del Interior el pasado martes parece que, una vez más, me ha traicionado mi optimismo. Alfredo Pérez Rubalcaba estuvo prudente, conciliador y hasta aséptico al tiempo que solicitaba el cierre definitivo de este debate. No lo consiguió de las oposiciones benignas que remacharon el clavo –Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Cataluña– ni mucho menos del Partido Popular, la oposición frontal, cuyos parlamentarios le zahirieron e insultaron sin piedad. Me niego, sin embargo, a renunciar a toda esperanza. Parece que este asunto no centrará la campaña del PP, sino que lo hará sobre los puntos que resumimos en nuestra portada: España, lo primero; punto final a las reformas estatutarias; gobierno del más votado; ANV y PCTV, fuera de la ley; menos impuestos; abaratar la cesta de la compra; gestión privada de los servicios públicos; expulsión de la Educación para la Ciudadanía, y vivienda a precio limitado. A partir de ahora vamos a ver cómo Mariano Rajoy denuncia la carestía de la vida. Es lo que he llamado en un artículo reciente publicado en elplural.com “El Garbanzazo”. Sin embargo, aunque Zapatero trató de ridiculizar la crítica popular durante la sesión de control del Senado tirando por elevación: la envidiable situación de nuestra economía, que marcha mejor que las de los vecinos europeos, es éste un asunto muy serio y muy sentido por la ciudadanía. Es la respuesta típica del gobernante durante el prolongado proceso electoral del que disfrutamos pero puede ser un gran error porque la gente percibe su empobrecimiento relativo. Al ciudadano, las grandes cifras macro se las pueden traer al pairo si la economía familiar se deteriora. Quien observa en el mercado cómo suben los cereales y derivados –los fideos, los espaguetis o las galletas del desayuno– y cómo sube la leche antes de calentarla; quien percibe que la ensalada se sube a las nubes como los huevos y las frutas, el postre más sano, así como el pollo, la proteína más barata, entre otros alimentos básicos, no se siente consolado porque la inflación subyacente –la que descuenta los alimentos básicos y la energía– no vaya tan mal. El caso es que la alimentación, que representa el 16 por ciento de los salarios, un evidente signo de mejora de la calidad de vida, se puede elevar a un quinto de los ingresos familiares. El resultado es doloroso para las familias, pero también para la macroeconomía pues la crecida del sobre destinado a los alimentos sólo puede llevar en un hogar bien ordenado al aplazamiento de otras compras –renovación del automóvil, de electrodomésticos, la planificación de viajes, etc.–, necesidades no tan perentorias pero que forman la demanda que da trabajo a la industria y a los servicios. El Partido Popular haría bien en abandonar sus teorías conspiranoicas para centrarse en la defensa del poder adquisitivo de la gente y en los peligros que para el futuro económico puede deparar una inflación incontrolada que se ha incrementado en un 30 por ciento en un solo mes, el de octubre, si hay que dar crédito al Índice de Precios al Consumo Armonizado (IPCA). Éste suele anticipar con notable precisión nuestro IPC cuyo dato se conocerá el próximo día 14. La brutal escalada del coste de la vida a la que estamos asistiendo es algo muy serio, como lo es que el vicepresidente Solbes reconociera su sorpresa ante el último dato avanzado por el IPCA al que, en cambio, tuvo la honradez de calificar de “malo sin paliativos”. Creo que Rajoy está por el abandono de las tesis conspiranoicas aunque no estoy seguro de que otros dirigentes de su partido, empezando por el autor intelectual de la misma, José María Aznar, le sigan en esta senda. Este último reiteró la semana pasada que quien ideó el 11-M no está “ni en montañas lejanas ni en desiertos remotos”. La verdad es que Alfredo Pérez Rubalcaba está siendo muy cuidadoso al respecto y ha declarado en Los Desayunos de RTVE su intención de no referirse a este asunto, ni siquiera en legítima defensa, y respecto a Aznar se ha limitado a expresar compasión. Falta por saber si el presupuesto de Televisión Española, en franco ejercicio de la virtud de la austeridad, ha prescindido en sus desayunos de la leche y de los cereales. |
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