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Nº 761 - 5 de noviembre de 2007

Ni la cesa ni la deja hacer

ZP ‘pasa’ de Magdalena

Dice que no tiene intención de dimitir mientras conserve la confianza del presidente. Pero las palabras de Zapatero, que en la Ejecutiva Federal del PSOE del 29 de octubre defendió el trabajo de la titular de Fomento, se contradicen con sus gestos, que denotan una falta de confianza en la capacidad de Magdalena Álvarez para resolver la crisis ferroviaria en Cataluña y sus consecuencias electorales. Ha viajado a la zona más afectada por las obras del tramo final del AVE a Barcelona sin contar con la ministra del ramo. Ha prometido solucionar los problemas ocasionados desde un periódico catalán y desde el Congreso de los Diputados asumiendo las competencias de la gaditana. Y se ha reunido con empresarios del sector para poner fin cuanto antes a un fallo político del que el sector venía alertando desde hace un año. El presidente no la cesa, no, pero no la deja actuar como ministra.

Por Virginia Miranda

Zapatero es así. Le parece normal lo que ha hecho. Le sorprendería incluso que ella se ofendiera”. Alguien que conoce la forma de obrar del presidente del Gobierno explica de este modo su sorprendente aparición en Hospitalet de Llobregat el pasado 28 de octubre sin la ministra de Fomento –sí estuvo acompañado por el presidente de Adif – para entrevistarse con las autoridades catalanas y tratar de limar las asperezas surgidas entre el Ejecutivo central y la Generalitat y los Ayuntamientos implicados en el caos ferroviario.

A diferencia de sus predecesores, que en circunstancias semejantes se han parapetado tras sus ministros para que las crisis no les pasaran factura en las urnas, el presidente, que no tiene especial devoción por el concepto de equipo ni piensa que tenga que dar explicaciones de lo que hace a los miembros de su Consejo de Ministros, se ha puesto al frente de ésta, que singularmente compromete a Magdalena Álvarez y, de forma extensiva y sin duda más grave, a José Luis Rodríguez Zapatero y sus posibilidades electorales en uno de los mayores caladeros de voto de los socialistas: la Ciudad Condal y, muy especialmente, su cinturón rojo, el epicentro del desastre provocado por las obras del tramo final del AVE Madrid-Barcelona y por el corte de varias líneas del servicio de Cercanías de Renfe, que aún afecta a 160.000 usuarios. El asunto es, por tanto, de peso: Cataluña es la segunda Comunidad Autónoma en número de diputados, y basta un sensible incremento de la abstención para que el líder del PSOE vea peligrar su continuidad, por otros cuatro años, en el Palacio de La Moncloa.

En la tarde del domingo en que Zapatero se trasladó a Barcelona surgieron los primeros comentarios, inmediatamente desmentidos, sobre la posibilidad de que la titular de Fomento no hubiera estado al corriente del viaje y pensara presentar su dimisión al haberse visto desautorizada. Desde Moncloa niegan que a Magdalena Álvarez le pillara por sorpresa la visita de Zapatero, y excusan su ausencia diciendo que “tendría otras cosas entre manos y se pensaría que tenían más importancia”, en alusión al viaje a Sevilla de la ministra ese mismo día para visitar las obras de un tramo de una carretera.

Fuera de los circuitos oficiales, en fuentes próximas al Ministerio, dicen en cambio que el detalle demuestra que Zapatero ya ha prescindido de Magdalena Álvarez a pesar de no haberla cesado, una operación hoy por hoy inviable a poco más de cuatro meses de las generales y con un departamento seriamente comprometido con un asunto complejo y delicado como el de las infraestructuras ferroviarias.

Además de la visita a Barcelona, Rodríguez Zapatero ha hecho ostensible su implicación directa con la crisis en otros dos momentos: la publicación de su artículo en La Vanguardia y su posterior comparecencia en el Congreso de los Diputados a petición propia. En el texto titulado Rendir cuentas, el jefe del Ejecutivo explica que viajó a Barcelona a “traer compromisos” para dotar a la ciudad y las localidades colindantes “de los mejores servicios ferroviarios”, a pedir disculpas a los vecinos que sufren las obras del AVE y a los ciudadanos afectados por los cortes de trenes. Zapatero dice también que “aseguré al presidente de la Generalitat mecanismos de coordinación de todas las administraciones” para conseguir finalizar las obras del AVE a su llegada a Barcelona, y repasa las inversiones realizadas en infraestructuras en esta legislatura, que estima en más de 39.000 millones de euros, “una cifra enorme, que supera con mucho todos los precedentes”. No obstante, añade que este esfuerzo, en Cataluña, “se tiene que sumar a la inversión destinada a compensar la que no se realizó, durante años, en cercanías: para ampliar la red, para incrementar el mantenimiento de la existente, para modernizar los trenes, para evitar interrupciones del servicio”. Añade que Barcelona y toda Cataluña necesita “que prosigamos con el esfuerzo inversor. Y así se va a hacer”, para compensar “el déficit histórico de inversión que aqueja a un área territorial donde viven cinco millones de ciudadanos”. El jefe del Ejecutivo reafirma el compromiso de su Gobierno con “no escatimar recursos para que el AVE se concluya y las cercanías se modernicen, y unos y otros presten los mejores servicios posibles”, y defiende el recorrido soterrado del AVE por Barcelona, unas obras que no tienen precedentes en España y una “dificultad que se añade a las que derivan de las características del terreno, la estrechez del espacio y la rapidez con la que es necesario acometer las obras para prolongar lo menos posible las molestias de los ciudadanos”.

En su comparecencia en el Congreso el pasado 31 de octubre, Rodríguez Zapatero asumió, como ya hizo en Barcelona y en el artículo del rotativo catalán, la responsabilidad de la crisis del transporte ferroviario provocada por las obras del AVE, insistiendo en que “la seguridad es prioritaria frente a cualquier otra consideración”. “No pasa nada si hay que prorrogar” la finalización de las obras, que sólo se reanudarán cuando se restablezca el servicio de Cercanías, subrayó el presidente. Zapatero volvió a pedir perdón por los trastornos ocasionados. “Pedir excusas no es para mí un acto vacío. Ni evitar la responsabilidad. El reconocimiento de un error es la mejor forma de empezar a buscar una solución. Mis excusas vienen desnudas de promesas irrelevantes sobre fechas concretas”, dijo. Y añadió, descartando que se hubiera fijado una fecha para el reestablecimiento del servicio de Cercanías: “Asumimos que es mejor prolongar unos días la suspensión y garantizar así la seguridad”.

Para quienes conocen la ejecución de las obras del AVE, las palabras del jefe del Ejecutivo han sonado a desautorización. Lo que se sabe, y así lo han recogido todos los medios, es la insistencia de Magdalena Álvarez en negar que tenga intención de dimitir mientras no pierda la confianza del presidente – y efectivamente, en público, Zapatero defendió su trabajo en la Ejecutiva Federal del PSOE del 29 de octubre, que cerró filas en torno a la titular de Fomento por boca de su secretario de Organización, José Blanco, en la posterior rueda de prensa–. Sin embargo, no ha reconocido errores políticos ni ha pedido disculpas, como el presidente. Por otra parte, a pesar de que el jefe del Ejecutivo prioriza la seguridad de los usuarios y el reestablecimiento del servicio de Cercanías por encima de la conclusión de las obras del AVE en una fecha prefijada, en los despachos de la planta noble de Fomento no se ha procedido según este criterio –aunque bien es verdad que no se contaba con una eventualidad como la que en estos momentos afecta a Barcelona–. Desde hace un año, en el Ministerio y en el sector ha sido un auténtico clamor la imposibilidad de que la infraestructura estuviera lista el 21 de diciembre. Dicen además que, en el caso de que las obras hubieran concluido para entonces, el tren de alta velocidad no habría podido comenzar a operar. Y ponen como ejemplo el caso del AVE Madrid-Sevilla: pasaron seis meses desde que se terminó el trazado hasta que el tren recibió a sus primeros pasajeros porque durante todo ese periodo intermedio hubo que realizar las pruebas pertinentes.

En el entorno de Magdalena Álvarez localizan el problema en su equipo de confianza. Cuando llegó a Madrid para ser ministra, la hasta entonces consejera de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía se trajo consigo a cinco personas: la subsecretaria de Fomento, Encarnación Vivancos –de quien fue compañera en Hacienda–; la secretaria general de Infraestructuras, Josefina Cruz; el presidente de Renfe, José Salgueiro –fue su viceconsejero en la Junta–;      el presidente de Adif, Antonio González Marín –fue con ella director general de Tesorería y Política Financiera–; y el presidente de Aena, Manuel Azuaga –antes fue director territorial de Unicaja en Málaga–. Ninguno de ellos tiene experiencia en materia de transportes, y sin embargo conforman el núcleo duro de la ministra, lo que para el sector es un síntoma de que tras la toma de decisiones no existe el mejor de los criterios posibles para gestionar uno de los ministerios que más inversión reciben cada año en los Presupuestos Generales del Estado.

La importancia de Cataluña. Cuando Zapatero decía en su artículo de La Vanguardia que “aseguré al presidente de la Generalitat mecanismos de coordinación de todas las administraciones” para conseguir finalizar las obras del AVE, lo hacía después de la bronca política que le montaron a José Montilla casi todos los partidos catalanes en el Parlament pidiéndole la dimisión de Magdalena Álvarez –incluído el secretario general de ERC, Joan Puigcercós, que lo hizo en calidad de miembro del Govern– y de  la conversación telefónica que, según El Periódico, mantuvo el presidente con quien fuera su ministro de Industria días antes, en la que éste le espetó: “Esto no puede seguir así”, en alusión a la necesidad de cese o dimisión de la ministra de Fomento. Antes de esta revelación, y preguntado por el tema en la Cámara catalana, el president dijo que había hablado con el jefe del Ejecutivo central porque “yo no necesito micrófonos para que mi voz llegue lejos y de forma clara y fuerte, y le llegue a quien tiene que llegarle”.

El caos ferroviario representa el primer bache de envergadura del president con sus socios de Gobierno y el mayor escollo que se le presenta a Zapatero en Cataluña, cuyos votos son imprescindibles para ganar unas elecciones en las que, a pesar de la ventaja socialista según los sondeos, la diferencia entre el PSOE y el PP se presenta ajustada. El problema, por tanto, incumbe a los dos líderes, de ahí el apoyo mutuo. El de Zapatero a Montilla, garantizándole que será él quien pilote la crisis poniendo todos los recursos necesarios del Gobierno central para, ante todo, poner fin al problema generado en el servicio de Cercanías, y el de Montilla a Zapatero, asegurándole que no le planteará públicamente el cese de Magdalena Álvarez para no crearle más problemas que, al fin y al cabo, también se volverían contra el Govern; buscar un sustituto para Fomento y esperar a que su gestión comience a dar resultados óptimos alargaría aún más el desenlace esperado.

Uno de los recursos a los que ha echado mano el jefe del Ejecutivo es la contratación de dos nuevas empresas para que colaboren con OHL en la ejecución de las obras de los últimos y conflictivos seis kilómetros que deberán llevar el AVE hasta la estación de Sants. Según El País, Rodríguez Zapatero convocó en Moncloa al presidente de ACS, Florentino Pérez, y al de Sacyr, Luis del Rivero, para que aporten soluciones a los socavones y sus consecuencias sobre Cercanías en el tramo adjudicado a la constructora de Juan Miguel Villar Mir –a la que finalmente no se ha rescindido el contrato por los problemas jurídicos que podría ocasionar a poco más de cuatro meses de las generales si OHL acude a los tribunales alegando ausencia de causa justificada–. En la reunión de urgencia, a la que también asistió Magdalena Álvarez, se decidió que ésta última empresa, a través de su filial Cavosa, se encargue de las obras subterráneas. Mientras, la Unión Temporal de Empresas (UTE) de Terratest y Rodio, especialistas en impermeabilizaciones y cimentaciones, intentarán evitar los socavones. Fuentes de Moncloa, preguntadas por esta información, ni la confirman ni la desmienten, no hablan sobre el tema porque dicen que se trata de un asunto “de la agenda privada del presidente”.

Otro recurso de Zapatero es de sobra conocido en anteriores crisis políticas. No sería la primera vez que la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, actuara de apagafuegos, y fuentes consultadas aseguran que el presidente podría echar mano de ella para que le ayude también en esta ocasión. Fue ella la primera que dijo que el AVE no tenía por qué estar listo el 21 de diciembre, y sus declaraciones a cerca de las responsabilidades políticas han sido interpretadas como un aviso de que a pesar del respaldo de Zapatero a la titular de Fomento, aún no está todo dicho. La número dos del Gobierno, tras un reciente Consejo de Ministros, ha declarado que asumirlas, algo que ha hecho el Ejecutivo, significa responder ante los ciudadanos y, por tanto, solucionar el problema. Después, cuando el AVE llegue por fin a Barcelona, será el momento, dice Fernández de la Vega, de realizar “autocrítica”, si es que hay que hacerla.

Un alto cargo de esta Administración, consultado por este asunto, reflexiona: “Imagínate que por un tema como éste tan absurdo, que se podía haber hecho bien, perdemos las elecciones”. El AVE, en época de Felipe González, siendo ministro del PP Francisco Álvarez-Cascos, y ahora con Magdalena Álvarez al frente, siempre ha sido un quebradero de cabeza del Gobierno. Que se haya colado en la precampaña, ha hecho saltar todas las alarmas.

Le pierde el carácter

En la sede de Fomento, con muy mala intención, la llaman Magdalena Álvarez-Cascos. No tanto por los socavones en el trazado del AVE Madrid-Barcelona, que comenzaron a aparecer en época del ministro popular, como por las malas pulgas de ambos. Ella misma lo reconoció en su reciente aparición televisiva en el programa de Cuatro conducido por Pablo Motos, El Hormiguero: "sí, tengo mal carácter, no lo puedo negar".

La titular de Fomento tiene el record de cinco jefes de gabinete y cuatro jefes de prensa en lo que va de legislatura. Su fama de dura traspasa los cimientos del ministerio y dicen que, si se cometen ciertos errores, como anticiparse a inaugurar una nueva infraestructura antes de hacer las pruebas pertinentes para no darse sustos de última hora como los del tren de alta velocidad, es porque nadie quiere arriesgarse a que le lea la cartilla por llevarle la contraria.

Las malas lenguas dicen también que entró a formar parte del cupo andaluz en el Consejo de Ministros porque el presidente de la Junta, Manuel Chaves, quería alejar de su Gobierno a una mujer que ya había demostrado grandes dotes para la bronca política en la Comunidad Autónoma. Allí dejó tras de sí una auténtica tormenta política a cuenta de las cajas de ahorros, que sólo pudo solucionarse con su salida de la consejería de Economía y Hacienda.

Entre sus fobias, destaca por encima de todas la prensa. Es frecuente que Magdalena Álvarez despache con cajas destempladas a los periodistas que se atreven a formularle alguna pregunta incómoda. Ella y la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, fueron abordadas hace meses por un reportero de Caiga quien caiga (Telecinco), que planteó a las dos ministras una comprometida pregunta sobre una infraestructura en mal estado que vertía aguas sin depurar a un río. La reacción de la gaditana fue dar media vuelta y dejar sola a su colega, que tuvo que vérselas en solitario con el incisivo "hombre de negro". En otra ocasión, dejó plantada a una periodista de TVE porque no se había ceñido al guión pactado previamente. Y últimamente se anda quejando de que algunos periodistas la llamen Maleni, cuando dice que ninguno de sus conocidos la llaman por ese nombre.

Y quienes tienen que vérselas con ella en la pelea política, dicen que se lo toma al pie de la letra. En la Comisión de Fomento no ha hecho lo que se dice muy buenos amigos y en Cataluña, donde se quejan de que no informe de las intervenciones del Ministerio en el AVE y en Cercanías, ha acabado a la gresca con el conseller de Política Territorial y Obras Públicas, Joaquim Nadal.

¿Hasta cuando? por Enric Sopena


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