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| Nº 761 - 5 de noviembre de 2007 |
Activa, locuaz y trabajadora a los 87 años DORIS LESSING: CONTRA LA IDEOLOGÍA DE LA INTOLERANCIA
“Me han dado el Premio Nobel porque soy muy mayor” comentó la escritora británica con cierta ironía nada más recibir el anuncio. De Lessing, vieja “novia” de este trofeo desde hace más de tres décadas, se ha dicho que es uno de los ganadores de más edad. Pero todo no son más que apariencias: a pesar de su fecha de nacimiento la autora de El cuaderno dorado (1962), referencia de la época sobre el papel de las mujeres, está en plena forma y en un momento tan creativo como el de los años en que era mucho más joven e iba dando pasos en una obra extendida a lo largo de casi 60 años de trabajo. Y eso que Harold Bloom, “dictador de cánones literarios”, haya dicho de ella que sus últimas obras son “auténticos ladrillos, una ciencia ficción de cuarta categoría”. Por Manuel Espín Doris Lessing es una escritora de altos vuelos y de largo recorrido, hija plenamente de su tiempo. Descendiente de una enfermera y de un militar del que despreciaba su autoritarismo, sus primeros recorridos fueron una consecuencia de la huella del propio imperio británico. Persia (Irán) donde nace(1919), Rodesia (Zimbabue), en donde reside desde 1925, hasta su llegada al Reino Unido en 1949, tras un par de matrimonios fracasados y varios hijos a sus espaldas. Autodidacta que empieza a publicar cuentos en Sudáfrica después de haber sido niñera, telefonista, olficinista y periodista, llama la atención con su primera novela Canta la hierba, publicada en 1950. En un primer momento, el tema enmascara su valor literario: una relación entre una mujer blanca y un negro en el África colonial. (En los 80 se rodó una película, interpretada por Karen Black, sobre este texto, filme que nunca llegó a ser estrenado en España). En los primeros años 50 milita en un minoritario pero activo PC británico por influencia de su esposo en aquella época. Según va publicando llama la atención de una cierta crítica, encuentra el reconocimiento de sus primeros lectores y, a la vez, el veto político, prohibiéndosele la entrada en Sudáfrica, Rodesia... Termina saliendo del PC a los pocos años iniciando un proceso de abandono de cualquier ideología cerrada. Para ella no hay ninguna ideología ni religión que sea capaz de explicar el mundo en su conjunto y de una manera absoluta. Lo ha dicho varias veces, entre otras en Oviedo, donde acudió para recoger el Premio Príncipe de Asturias: “Soy muy intolerante con las ideologías. Provengo de una generación de grandes sueños, de utopías de sociedades perfectas que han hecho correr mucha sangre. Ya no puedo creer en esos sueños maravillosos de perfección”. O como comentaba mucho más recientemente, en el verano de 2006 en Segovia, donde acudió como invitada al Hay Festival, un sorprendente e irrepetible encuentro de escritores de primera línea, a la sombra del acueducto y del alcázar: “No podemos caer en el error de considerar el islamismo como un bloque cohesionado, cerrado: hay muchos tipos. Plantear una guerra de civilizaciones entre bloques enfrentados es un terrible error. Por eso me irritan Bush o Blair: nos han buscado muchísimos problemas”. Locuaz y expresiva como una vieja dama ferozmente presente en el discurso cotidiano, Doris Lessing mantiene en sus últimas apariciones el ímpetu que estaba presente en los orígenes de su prolífera carrera. Un camino en el que la escritora ha tenido la oportunidad de convertirse en voz de casi todos los debates sociales. En 1962 publicaba El cuaderno dorado, donde se describía bajo una apariencia de elegante envoltorio literario una reivindicación en torno al nuevo papel que la sociedad debería otorgar a la mujer en un mundo donde se han de complementar los iguales. En los perfiles de urgencia escritos sobre Lessing en las horas siguientes al anuncio del Nobel, se ha insistido de una manera demasiado convencional en atribuirle el término feminista. Hace casi cinco décadas que ella se posicionaba en un territorio de búsqueda de igualdad en lo público y lo privado. Hoy matiza las etiquetas: “No me gusta hablar de feminismo, –la hemos escuchado decir–,el movimiento de los años 60 como el Woman Lib no me gustó: se trataban de conseguir cosas demasiado elitistas”. Lessing tiende a hablar de sí misma en casi toda su obra, ya sea la directamente autobiográfica o inspirada en escenarios y personajes que han formado parte de su vida, como la que es puramente memoria de su vida. Y se detiene especialmente en la “década prodigiosa”, unos años 60 en los que ya no era precisamente una jovencita sino una madre de hijos jóvenes, pero que participaba de algunas de sus claves. Hoy no mitifica esa época, sino al contrario, como hace desde uno de sus últimos trabajos El sueño más dulce. “Los años 60 fueron realmente contradictorios, –afirmaba Doris en los días en que acudió a Asturias para recoger su premio español–, a unos les fascinan y otros les culpan de todos los males. Lo más importante de esa época para mí es el reconocimiento de que había un espíritu de generosidad, quizás por pura inocencia, ingenuidad... Hubo una revolución sexual, todo el mundo pudo pasárselo bien, pero no cambió nada... Los 60 también fueron años de droga y eso tuvo muchos efectos negativos, demasiadas víctimas, gente que acabó en el suicidio o en los hospitales mentales agredida por la vida. Fue demasiado alto el precio a pagar. No tengo un punto de vista romántico sobre esos años. Mis amigos jóvenes me dicen que esa visión tan escéptica se debe a que soy vieja y algo amargada. Me sigo preguntando ahora por qué esa generación tan privilegiada tuvo tantísimos problemas”. Sorprendente para el giro temático de la última parte de su carrera, arrojada por Bloom a la siniestra mazmorra del olvido, en la que Doris Lessing adopta géneros que más que llamarlos ciencia ficción pertenecen al territorio de la prospección fantástica. Como le ocurre a Mara y Dann, editado en el Reino Unido en 1999 y publicado en España en 2005, prologado por un texto de la propia autora en el que justifica ese deambular por el futuro, después de una conversación con su hijo Peter a quien tras haber escuchado en la radio el relato sobre dos huérfanos que vivían muchas aventuras que terminaban bien, “la historia más antigua de toda Europa”, la autora le responde: “Eso es exactamente sobre lo que estoy escribiendo”. Y habla de una glaciación en la que los hielos han de cubrir el planeta y donde la vida ha de retornar a otras condiciones de la existencia. Lessing construye una quimera en la que se mezcla la emoción y la constatación sobre la endeblez sobre la que se asientan los cimientos de nuestra civilización. Para enorme desconcierto de algunos de sus lectores de la etapa anterior de su obra, la autora británcia reincide en un género en el que hoy parece sentirse cómoda, aunque no comprendida por todo el mundo. Tal y como asume en Historia del General Dann y de la hija de Mara de Griot y el perro de las nieves, secuela en la que se vuelve a un mundo que pugna por su supervivencia. En esas ficciones futuristas de última entrega hay espacio hasta para una digresión sobre un origen del género humano en el que la primera critatura pudiera ser una mujer y no un “adán”; huyendo de referencias contemporáneas como las que había en su obra anterior y discurriendo por unos mundos imaginados por los que transita la última obra de Lessing no siempre bien comprendida ni recibida. Se trata de novelas en las que el lector se ha de situar sin términos medios: atrapada por un relato fantástico contado con un lenguaje de cierto naturalismo o incapaz de conectar con un universo tan peculiar y en un número tan dilatado de páginas. Incansable, Doris Lessing es una escritora que cree en el trabajo diario y no en la búsqueda de la fuente de la inspiración como el Grial o la piedra filosofal, todavía hoy en plena y creativa ancianidad. Los años le han provocado una visión mucho más escéptica y templada sobre la realidad. Cuando estuvo en España para recoger el Príncipe de Asturias rompió con cualquier intento de étiquetado ideológico de pret a porter: “Es una idea absurdamente sentimental eso de que las mujeres pueden hacer por la paz mucho más que los hombres, –afirmaba–, no hay pruebas en la historia. Basta fijarse en Margaret Thatcher y la guerra de las Malvinas...”. No hay un mundo “de” mujeres con valores específicos, sino con hombres y mujeres que pueden ser capaces de asumir lo más sublime y lo más hediondo de la realidad humana, en función de los seres humanos y no de los géneros. ¿Revisionismo de la primera Lessing de El cuaderno dorado?: Reconocimiento de madurez despojada de mitos románticos. “La vida no es aburrida; la vejez es un aburrimiento, –dice–, y a estas alturas de la vida todo me sigue interesando”. Una escritora de dos temáticas completamente distintas entre su larga andadura por los caminos de la identidad contemporánea y la más reciente por la ficción futurista. Una escritora que vive una paradoja con sus potenciales lectores españoles. Con una vasta bibliografía, algunos de cuyos libros no han sido traducidos todavía al español, situada entre las más conocidas autoras de lengua británica, sempiterna candidata al Nobel, visitante de nuestro país en el último lustro donde ha sido recibida con máximos honores, sólo es posible encontrar en las librerías (además de algunos volúmenes editados años atrás en Punto de Lectura) los textos que ha venido lanzando Ediciones B en los últimos años: Canta la hierba, su primera novela, El sueño más dulce, Las abuelas, Mara y Dann e Historia del General Dann y de la hija de Mara... que ha aparecido dentro del sello Bruguera de la misma editorial. Sin ni una sóla pista de El cuaderno dorado. Doris Lessing pisará la alfombra del Nobel con toda la energía de una larga trayectoria vital y literaria, dispuesta a encararse con los temas que han estado presentes en su dilatado camino. Tendrá nuevos lectores y su obra aún la de otros tiempos seguirá provocando que se la enmarque, –seguro que a pesar suyo–, en unas cuantas definiciones de bolsillo. Con temas que a buen seguro estarán presentes en su discurso de aceptación del premio. Fiel a sí misma. |
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