¿Hasta cuándo?
Ni rastro de ETA. Ni rastro de
pruebas falsas. Ni rastro de tantas patrañas como han venido cultivando la prensa afín a Génova 13 y los más conspicuos genoveses. "No afirmo nada, pero no descarto nada (...) Los detenidos no tienen capacidad intelectual para organizar un atentado de semejante envergadura," decía Mariano Rajoy el 29 de julio de 2004.
En abril de 2007, Rajoy llegó a respaldar al ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera, quien declaró como testigo ante el Tribunal del 11-M y dijo que había un informe policial que apuntaba a ETA y que Interior lo había bloqueado o silenciado. "Ha dicho la verdad", señaló el líder máximo del PP en una rueda de prensa. Como se sabe, Díaz de Mera no pudo probar lo que anunció ante el juez Gómez Bermúdez y hasta fue procesado por ello.
El 13 de marzo de 2004, jornada de reflexión, Rajoy manifestó a El Mundo que tenía "la convicción moral" de que había sido ETA. Acebes todavía fue más rotundo en el generoso espacio de portada que le concedió su amigo Ramírez.
¿Seguirá la conspiración a partir de ahora? Continuará, sin duda. El hecho de que el Tribunal haya absuelto a quienes se creía que podían ser autores intelectuales de los atentados de Madrid es uno de los escasísimos resquicios a los que se acogen los conspiradores. Rajoy, en todo caso, ya ha bendecido una nueva vía de investigación.
Pero, más allá de discusiones bizantinas, ha quedado clarísimo que ETA no fue. Ha quedado claro, por tanto, que las mentiras de Aznar y compañía, antes y después del 14-M, eran, en efecto, mentiras. ETA ni estuvo ni se la esperaba en la masacre de Madrid. Bueno, para ser másexactos habrá que puntualizar que sí se la esperaba.
La esperaba, con enorme ansiedad, la plana mayor del PP. Rajoy sabía naturalmente que si era ETA ganaría en las urnas pero, de lo contrario, perdería, como así aconteció. Nunca han sido capaces de asumir los dirigentes de la derecha que la derrota no se debió tanto a que fueran los terroristas islámicos –aunque no debe olvidarse la guerra de Iraq–, cuanto a las falsedades vertidas desde La Moncloa.
La sentencia del 11-M ha condenado implícita o tácitamente a los delirios investigativos de Pedro Jota y de su alegre muchachada. También a las huestes copelianas, empeñadas en otorgar la auto-ría de los atentados a los etarras y también a tenebrosas fuerzas policiales conchabadas con los servicios secretos franceses, marroquíes y, por supuesto, españoles.
¡Qué vergüenza, qué fracaso, que oprobio! Todo aquello a lo que han venido agarrándose –tras ser vapuleados en las urnas de hace cuatro años–, desde la furgoneta a la mochila de Vallecas, pasando por Mondragón, el acido bórico y las declaraciones de Trashorras y Zohuier, entre otras fabulaciones, han quedado arrumbadas, hundidas, desmontadas por un juez que fue jaleado por El Mundo. Ni siquiera les ha funcionado, a los conspiradores mediáticos, el juez Gómez Bermúdez que parecía ser su esperanza blanca.
No han dado en la diana ni una vez. Tres años manipulando en vano. Tres años engañando en vano. Tres años de una campaña que no tenía límites. Manifestó el senador del PP por Melilla, Carlos Bonet, el 16 de enero de 2006: "Pavía entró a caballo en el Congreso, Tejero con una pistola y el señor Zapatero con un tren de Cercanías". Tres años de infamias. Y, según Rajoy, punto y seguido. ¿Hasta cuándo? •
Enric Sopena |