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| Nº 761 - 5 de noviembre de 2007 |
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Memoria histórica: contra el silencio y el olvido
por Juan Antonio Barrio Q ue mi nombre no se olvide en la historia", dijo antes de morir Julia Conesa, una de las 13 rosas, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas fusilada en 1939, y quizás en esa frase se recoge una de las ideas centrales de este Proyecto de Ley votado el 31 de octubre en el Pleno del Congreso. La Ley de Amnistía de 1977 supuso un paso muy importante en la reconciliación: nadie fue juzgado por delitos de índole "política" anteriores a esa fecha. No se trata de cambiar eso. Pero, precisamente, continuando con el espíritu de reconciliación, no se puede transformar la amnistía en olvido ni silencio. Hace falta el establecimiento no de una memoria "oficial", como falsamente se ha acusado a esta Ley, pero sí de un "hecho fundacional" mínimo: los valores constitucionales y la condena del franquismo, de la dictadura franquista cuya supera-ción precisamente se produce con la Constitución de 1978. Es una ley para todas las víctimas: no sólo para las de un lado. Pero sí que es cierto que algunas víctimas no habían sido nunca suficientemente reconocidas, suficientemente valoradas o mencionadas siquiera. Hace falta por consiguiente pronunciar los nombres de los colectivos que lucharon contra Franco o fueron represaliados por él. De los brigadistas internacionales, de los carabineros de la República, de los luchadores guerrilleros, de los presos del franquismo, de los estudiantes y obreros que lucharon por la democracia en el tardo franquismo. De sus familiares y de sus asociaciones. Sólo mínimamente podremos reparar tanto dolor y tanto sufrimiento, pero sí podemos, la ley lo intenta, mejorar las ayudas que ya se percibieron, establecer desgravaciones fiscales, crear otras nuevas en algunos casos. Y, sobre todo,–lo que me consta que muchas víctimas o sus familiares consideran principal– plasmar un reconocimiento moral, señalar la injusticia cometida, la ilegalidad de los tribunales franquistas, y, por lo tanto, la injusticia y la ilegalidad de sus sentencias. Los tribunales sin duda, a partir de esta ley, podrían –podrá – ir más allá. Pero, el legislador habrá ido tan lejos como es posible en el plano político y moral. Como debe irse también en la ayuda de las administraciones públicas a los familiares de las víctimas que aún siguen sin identificar en fosas u otros lugares similares. O facilitando el acceso a los archivos que documentan la realidad de la Guerra Civil y la dictadura. Decía Cicerón que la verdad se corrompe no sólo por la mentira sino por el silencio. Pues bien, esta es una ley que pretende reconciliar, pero lucha contra el silencio, a favor de todas las voces acalladas. Porque como dijo Raimon, venimos de un silencio antiguo y muy largo. • |
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