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Sentencia clara y valiente Espero que la sentencia sobre el terrible atentado del 11-M contribuya a la serenación de los espíritus. Ya es cosa juzgada y se ha establecido una verdad judicial que es la relevante para la convivencia. Mucho contribuirá a ello la actitud de los líderes políticos. No parece que el PP quiera seguir con sus conjuros y el PSOE haría bien en no machacar al adversario. El prestigio de la justicia que estaba un tanto deteriorado en España va a recibir un subidón. Madrid ha vuelto a ser el punto de mira del mundo como lo fuera en nuestra Guerra Civil, que anunciaba la conflagración ideológica que tendría lugar en cuanto acabó la nuestra. La masacre de Atocha trasciende en mucho la emoción local, pues todos estamos en lucha contra el terrorismo islamista. La sentencia ha consagrado más allá de toda duda la eficacia de nuestros policías y de todo el entramado judicial. De forma muy concreta se ha reconocido la pulcra actuación del juez de Instrucción. Todos ellos han esclarecido en un tiempo razonable aquellos hechos, lo que no han logrado todavía ni la justicia británica que también fue golpeada por el terror ni la norteamericana que dispone de formidables instrumentos técnicos y humanos. Y lo ha hecho respetando escrupulosamente los derechos ciudadanos, sin tener que recurrir al limbo legal en que se encuentran los detenidos en Guantánamo. En la Casa de Campo de Madrid, la sala de los grandes procesos, Gómez Bermúdez ha podido leer la primera sentencia del mundo referente a la acción de Alqaeda, el símbolo del terrorismo islamista más cruel y más fanático. Una sentencia ejemplar redactada por unanimidad de los tres magistrados: Fernando García Nicolás, Alfonso Guevara y Javier Gómez Bermúdez, que consideran probado que aquella masacre que mató a 191 personas y provocó más de 1.800 heridos, fue perpetrado por una célula islamista sin mezcla de ETA alguna. Se ha hecho justicia como era de esperar. Algunos han sido condenados a altas penas aunque los principales responsables se suicidaron en Leganés y ya no están al alcance de los jueces de este mundo. Contra quienes no había pruebas suficientes fueron absueltos como corresponde a un estado tan garantista. Felizmente nuestro país no admite la pena de muerte. Ese era el trabajo del tribunal. Pero al mismo tiempo hay que destacar otras cualidades que no siempre vemos en la práctica judicial: la claridad de la sentencia, la lógica implacable de los argumentos, su lenguaje sencillo y firme que puede entender todo el mundo sin el ocultismo del lenguaje jurídico y la valentía a la hora de calificar las insidias, la mala fe, y el totum revolutum de los que acuñaron la teoría de la conspiración. Hay que aplaudir la defensa cerrada que el tribunal ha hecho de la probidad y eficacia del juez de instrucción así como de la pulcritud policial. Algunos sostenedores de la teoría de la conspiración, a la vista de la proximidad de la vista, habían abandonado la tesis de la autoría de ETA sosteniendo que nunca la habían mantenido y se pasaron a la tesis de una conspiración de policías socialistas que aprovecharon la ocasión para manipular pruebas para que el PP perdiera las elecciones. Una acusación tremenda de prevaricación que ha sido desmontada en todas sus piezas para tranquilidad de los ciudadanos, que pueden sentirse seguros de la profesionalidad y de la honradez de quienes velan por nuestra seguridad. La sentencia menciona el "extravagante itinerario" de algunos elementos materiales pero niega toda trascendencia penal a estos hechos advirtiendo que deben corregirse cuanto antes pero que pueden comprenderse por las circunstancias del momento pues la prioridad entonces era la identificación de las víctimas. También debe corregirse el descontrol de los explosivos no sólo en la Mina Conchita, que facilitó el robo de la dinamita utilizada en el atentado, sino en tantos otros depósitos dispersos a lo largo y ancho del país. Por lo demás se ha probado que se ha mantenido la custodia de las pruebas en todo momento. No ha quedado bien parado el Partido Popular, que ha seguido la línea de su líder Aznar de negar la evidencia aplicándose a la manipulación más zafia, pero este partido ya ha pagado su mala conducta al perder las elecciones. Sería deseable que Rajoy proceda ahora a un vigoroso cambio de actitud que la sentencia le facilita distanciándose de quienes sólo prometen para el pasado. Si es así, el PSOE debería corresponder con generosidad y elegancia. |
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