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Nº 76059 - 29 de octubre de 2007

El cambio climático pone en alerta a los líderes mundiales

Ideas para un mundo sostenible

Analizamos el alcance real del peligro medioambiental, la historia de los movimientos ecologistas,
las zonas del planeta más afectadas y la realidad de España.

El gobierno de la tierra
La alerta ya ha llegado a todos
Entrevista a Cristina Narbona
Los puntos calientes del Planeta

España, entre las más afectadas
Lo que todos podemos hacer
Compromiso compartido (Hablan los políticos)
Crecimiento sostenible (hablan los empresarios

 

El Gobierno de la Tierra.

Por José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno

Tenemos que gobernar en coalición con la Naturaleza. Durante mucho tiempo creímos que era el Hombre quien dominaba la Tierra, que podíamos servirnos libremente de ella. Pero estamos viviendo la paradoja de que es nuestro propio desarrollo tecnológico, la sofisticación de nuestros conocimientos, lo que ha empezado a devolvernos la cordura y a presentarnos la realidad sin velos de soberbia. A medida que nos acercamos a un conocimiento más profundo de la Naturaleza, más evidencias tenemos acerca de que, sin ella, sin tener en cuenta sus necesidades, no hay futuro. Nuestras opciones son claras y reducidas: explotarla hasta agotarla, o aprovecharla y conservarla.

Asumir que no podemos gobernar contra la Tierra, y que todos estamos supeditados a ella, supone un movimiento sísmico en el modo de gestionar el futuro. Es una mudanza de mentalidad que no podemos obviar. Con esa conciencia acudiremos en diciembre a Bali, a la próxima cumbre mundial sobre el clima. El Gobierno de España quiere que ese encuentro se convierta en el epicentro de una intensa y necesaria agitación de conciencia.

En Bali tendremos que acordar el nuevo marco internacional para reducir las emisiones de gases a partir de 2012. El compromiso que sustituirá al Protocolo de Kioto debería dibujar un nuevo umbral, una ocasión para abandonar matices y dilaciones, y encuadrar las declaraciones en el único ámbito legítimo: el de las intenciones. Esta vez, las declaraciones sí tendrán que reflejar las intenciones. El cambio climático no admite filibusterismos, porque partimos de una evidencia imperativa: ecología y economía son las dos caras de la misma realidad. No se pueden disociar. Ya no. Tenemos que rendirnos a la evidencia de que ambas palabras, economía y ecología, comparten una única raíz griega (oikos) y remiten al mismo significado: “casa”.

Si no aceptamos la íntima vinculación entre ecología y economía, no tiene sentido que hablemos de futuro. El desarrollo sólo podrá ser duradero si es sostenible. Tenemos que ser conscientes de que las sociedades ricas deben ser las primeras en abandonar la mirada miope y recuperar el instinto de mirar hacia el horizonte, más allá del presente inmediato.

Los hombres somos cazadores de oportunidades, y como tales nos distinguimos por nuestra capacidad de otear, de mirar a larga distancia. Toda la sociedad está alineada ya en un frente común, cuyo avance interesa, en primer lugar, a las empresas con ambición de aprovechar los nichos de empleo y generación de riqueza que ofrece el desarrollo sostenible. Ha quedado atrás el tiempo en que, frente al cambio climático, se distinguían dos frentes: uno en el que militaban los gobiernos y las ONG’S, y otro en el que resistían las empresas reticentes al cambio.

El año pasado, España consiguió lo que parecía imposible: crecer más consumiendo menos el medio ambiente. El año 2006 fue el primero en el que registramos crecimiento económico, un fuerte crecimiento económico, muy cercano al 4 por cien, y al mismo tiempo rebajamos la demanda de energía primaria y frenamos el crecimiento de los gases de efecto invernadero.

Nuestra experiencia y la de otros países avanzados, demuestra que el desarrollo sostenible es un viaje posible y rentable. Rentable para todo el mundo, para los países desarrollados y para los que inician ese camino. Es lógico que el Gobierno de España ya vincule la ayuda al desarrollo a la puesta en marcha de proyectos económicos sostenibles, respetuosos con el medio ambiente. Hemos incrementado muy significativamente este tipo de cooperación internacional, canalizándola a través de iniciativas como el Proyecto Araucaria, enfocado sobre todo a América Latina, o el Programa Azahar, centrado en el sur del Mediterráneo, Oriente Próximo y el sudeste de Europa.

El germen de la revolución ecológica ha prendido en la sociedad española. En las democracias avanzadas son los gobiernos los que siguen las corrientes sociales, nunca al revés. Nunca he pensado que sean los políticos los principales determinantes para sembrar y moldear tendencias sociales. Nuestra Estrategia contra el Cambio Climático no es sólo una política de este Gobierno en particular, sino una política de Estado, que emana de una necesidad detectada por los propios ciudadanos.

Los españoles ya pensamos en oikos, en la casa común, pero es cierto que a los mayores aún se nos hace extraño reaccionar en términos ecológicos. Estamos todavía frente a lo que Al Gore llama “una verdad incómoda”. La esperanza está, como siempre, en la educación, en el grato sentimiento con el que recibimos las reprimendas de nuestros hijos, cuando ven cómo nosotros, los adultos, realizamos pequeños atentados ecológicos cotidianos. Reconforta pensar que, para ellos, el deseo de no malgastar la Tierra es tan natural como el de vivir en paz.

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