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Nº
760 - 29 de octubre de 2007 |
Los puntos calientes del planeta Las previsiones y estudios realizados por el Panel de Expertos de Naciones Unidas (IPCC, en sus siglas en inglés) –flamantes premio Nobel de la Paz, junto a al Gore, por su lucha contra el cambio climático– no resultan muy optimistas acerca de los efectos que tendrá sobre nuestras condiciones de vida el calentamiento global que se cierne sobre el planeta. Pero de sus investigaciones también se deduce que no todos resultarán afectados por igual. Como casi siempre, los más pobres se llevarán la peor parte. Sin embargo, también los científicos del IPCC emiten otro mensaje: el cambio ya ha empezado, pero sus peores efectos pueden evitarse si tomamos ya las medidas necesarias. Por A. S. E l cambio climático que la actividad humana ha provocado con la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero ya ha comenzado. Las organizaciones ecologistas y la comunidad científica están de acuerdo en que ya ha comenzado la evolución, pero también en que, si de inmediato, se adoptan las políticas necesarias a nivel global, el impacto será menor y asumible para los habitantes del planeta. Pero, aunque los criterios pasivos iniciales parecen ir evolucionando, todavía los países con mayor responsabilidad en el calentamiento global –Estados Unidos y China- no han suscrito ningún acuerdo internacional para disminuir sus emisiones contaminantes. En este panorama, la organización ecologista Greenpeace localiza tres grandes zonas de máxima afectación en el Globo, causadas por el cambio climático: África, Polo Norte y el problema del agua, que tendrá efectos más dramáticos en el Sudeste asiático y América Latina. El Panel de Expertos de Naciones Unidas acaba de publicar un informa más detallado sobre las consecuencias en todo el planeta, que intentamos resumir en estas líneas. ÁFRICA Sobre 2020, entre 75 y 250 millones de personas se prevé que estén expuestas a unos mayores problemas de acceso al agua. Si lo unimos al incremento de la demanda, la producción agrícola, incluido el acceso a la comida, quedará muy comprometida en varios países y regiones del continente. Las zonas en las que se desarrolla una actividad agrícola productiva, la prolongación de las estaciones y la potencial cosecha, particularmente a lo largo de los márgenes de las zonas semiáridas y áridas disminuirán. Esto afectará negativamente a la seguridad alimenticia y podrá incrementar los problemas de malnutrición en el continente. En algunos países, la producción de la agricultura de regadío se vería reducida en un 50 por ciento en el entorno de 2020. Del mismo modo, las previsiones prevén un considerable descenso de las capturas pesqueras en los grandes lagos, por el incremento de temperatura de sus aguas, lo que se verá empeorado por las actuales prácticas de sobrepesca. Hacia finales de siglo, la prevista subida del nivel del mar afectará a las zonas de baja costa que cuentan con grandes concentraciones urbanas. Los esfuerzos económicos para hacer frente a esta situación podrían alcanzar entre un cinco y un diez por ciento del PIB de estas naciones. También se prevé una constante degradación de los arrecifes de coral, lo que tendrá consecuencias directas sobre la cadena trófica y la pesca marina, y también sobre el turismo. Los estudios más recientes demuestran que el Continente Africano es uno de los más vulnerables al cambio climático, y uno de los que menos capacidad dispone para adaptarse a la nueva situación. ASIA Se prevé que la fundición de los glaciares del Himalaya aumentará el número y el caudal de las inundaciones y las avalanchas desde unas laderas montañosas desestabilizadas, lo que provocará un efecto negativo sobre las reservas de agua en dos o tres décadas. Irá acompañado de un descenso en el caudal de los ríos y un retroceso de los glaciares. La disponibilidad de agua potable disminuirá en el centro, sur y sureste del continente, especialmente en los ríos con largas cuencas, lo que, sumado al crecimiento de la población y al incremento de la demanda, en paralelo a una mejora del nivel de vida en grandes áreas, como China o India, afectará a cerca de 1.000 millones de personas en 2050. Las áreas costeras, especialmente las superpobladas zonas de los grandes deltas del Sur, Este y Sudeste asiático se encontrarán en serio peligro por efecto del aumento del nivel del mar, que podría provocar numerosas y devastadoras inundaciones, tanto desde el océano, como por la crecida de los deltas de los ríos. El cambio climático podría afectar al desarrollo sostenible de los países más avanzados, al implicar una mayor presión, en estas circunstancias, sobre los recursos naturales y el medio ambiente, asociado todo ello con la rápida industrialización y desarrollo económico que está experimentando esta zona. Las cosechas podrían ser un 20 por ciento superiores en el Este y Sudeste asiático a mediados de siglo, mientras que podrían disminuir cerca de un 30 por ciento en el centro y sur del continente. Considerando estas proyecciones, y teniendo en cuenta el rápido crecimiento de la población y su concentración en grandes núcleos urbanos, el riesgo de crisis alimentarias en varios países en desarrollo es muy alto. Tampoco son buenas las perspectivas acerca de las enfermedades endémicas producidas por malos tratamientos de las aguas. Tanto en el Este como en Sudeste asiático, los cambios en los ciclos hidrológicos asociados con el calentamiento global podrían provocar una mayor expansión y toxicidad del virus del cólera y de otras enfermedades intestinales. AUSTRALIA Y NUEVA ZELANDA Como resultado de la reducción de las precipitaciones y del incremento de la evaporación, debido a las más elevadas temperaturas, los problemas de abastecimiento de agua se verán intensificados en torno a 2030 en el sur y este de Australia y en Nueva Zelanda. Se prevé una considerable pérdida en la biodiversidad en algunas de las zonas más ricas en variedades biológicas del planeta, como la Gran Barrera de Arrecifes y los Trópicos Húmedos de Queensland a partir de 2020. Otras zonas de alto riesgo están en las tierras húmedas de Kakadu, el sudoeste de Australia, las islas subantárticas y las zonas alpinas de Australia y Nueva Zelanda. El desarrollo constante y el continuo crecimiento poblacional en las costas, en zonas como el Sudeste de Queensland, o Bay of Plenty, incrementa el riesgo para las personas, debido a la subida prevista del nivel del mar, lo que ocasionará un aumento, tanto en su frecuencia, como en su intensidad de tormentas e inundaciones, especialmente, a partir de mediados de siglo. La producción agrícola y la diversidad de los bosques se verá muy afectada en el sur y este de Australia y en el este de Nueva Zelanda, fundamentalmente por las sequías y los incendios forestales, cuyo riesgo se multiplicará. El único dato positivo es que, debido al elevado nivel de desarrollo de la región, tanto económico, como científico, se considera que tiene capacidad de adaptación a la amenazante situación, aunque, al ser una de las zonas más afectadas, los esfuerzos en este sentido habrán de ser considerables. De todos modos, los sistemas naturales tienen una capacidad de adaptación limitada. EUROPA Los impactos del cambio climático en el Viejo Continente serán (están siendo ya) muy variados. Se va a producir un retroceso de los glaciares, se alargan las estaciones más cálidas (primavera y verano), cambios en los hábitos de las especies animales y problemas de salud pública debido a incrementos de temperaturas sin precedentes. Existe más conciencia en este continente acerca de lo que se avecina, lo que ha llevado a muchos gobiernos a poner en marcha medidas para anticiparse a un reto que también afectará a muchos sectores de la producción. El cambio climático va a afectar de modos muy diferentes a las distintas zonas. Se incrementarán notablemente los riesgos de inundaciones, tanto en zonas interiores, como costeras. La erosión afectará especialmente al sur continental y a las zonas de costa, por una mayor frecuencia de las tormentas y un previsible aumento del nivel del mar. Buena parte de las especies y los ecosistemas tendrán muchas dificultades para adaptarse a los cambios. En zonas de montaña, junto al retroceso de los glaciares, también se dará una reducción de las precipitaciones en forma de nieve, lo que afectará a las reservas de agua, y también al turismo de nieve, ya que la temporada se irá acortando paulatinamente. En estas zonas pude perderse hasta el 60 por ciento de las especies actuales en torno a 2080. La peor parte está destinada, en principio, al sur de Europa, con mayores incrementos de temperatura y sequías frecuentes, en una región que ya es muy vulnerable a las variaciones climatológicas. Afectará a las reservas de agua y al potencial hidroeléctrico. También se verá afectado el turismo y la producción agrícola. Se esperan olas de calor que tendrán un efecto inmediato sobre la salud de niños, ancianos y personas con problemas respiratorios –como ya ha sucedido en años recientes-, y un aumento del riesgo de incendios forestales. En Europa central y en el Este disminuirán las precipitaciones habituales en el verano. También tendrán olas de calor (aunque menos intensas y frecuentes). La productividad de los bosques irá en descenso y es posible que se produzcan más incendios forestales. En el norte de Europa, los efectos del calentamiento global causarán perjuicios y también beneficios, al menos, inicialmente. Las cosechas pueden aumentar y la producción forestal, al tiempo que descenderá la demanda de calefacción. Pero también serán mayores y más frecuentes las inundaciones y se producirán variaciones en sus ecosistemas. AMÉRICA LATINA A mediados de siglo se prevé que los bosques tropicales vayan siendo sustituidos por la sabana en el este de la amazonia, debido a la combinación del aumento de temperatura y la disminución de tierras húmedas. En las zonas semiáridas, la vegetación pasará ser propia de las áreas áridas. Esto significa un enorme riesgo de desaparición de innumerables especies en amplias zonas tropicales, unas de las de mayor riqueza en biodiversidad de la actualidad. En las zonas secas podría producirse una salinización y desertización de la tierra, que afectaría a áreas actualmente dedicadas a producción agrícola extensiva, lo que supondría un peligro para la agricultura de supervivencia. La subida del nivel del mar provocará riesgos de inundaciones en zonas costeras, y el incremento de la temperatura del océano tendrá efectos adversos sobre los arrecifes de coral en la zona central, lo que disminuirá las posibilidades de pesca, especialmente en el sudeste Pacífico. La disminución de precipitaciones y la paulatina desaparición de los glaciares pondrá en peligro el abastecimiento de agua para el consumo humano, para la agricultura y la generación de electricidad. AMÉRICA DEL NORTE El calentamiento en las montañas del Oeste diminuirá las reservas de nieve y traerá consigo una mayor frecuencia de inundaciones y una disminución de los recursos hídricos. Los bosques se verán afectados por plagas y el periodo de riesgo de incendios forestales se extenderá. En el lado opuesto, durante las primeras décadas del cambio climático, la producción agrícola podría crecer hasta un 20 por ciento. Las olas de calor serán más frecuentes, mientras que muchos riesgos se concentrarán en las zonas costeras, muy pobladas, por el aumento del nivel del mar y la esperada multiplicación de inundaciones y tormentas tropicales. REGIONES POLARES Como ya se viene produciendo, se espera una constante disminución en el grosor y la extensión de los glaciares y las grandes masas de hielo. Una de las consecuencias inmediatas está siendo ya el cambio en los ecosistemas que afectan a muchas especies, mamíferos, grandes predadores, aves migratorias. En el Ártico también disminuye la extensión de mar helado, el incremento de erosión en la costa y una prolongación de la estación de deshielo. Este deshielo de las zonas polares será uno de los principales causantes de la prevista subida del nivel del mar en todo el planeta. PEQUEÑAS ISLAS Y ARCHIPIÉLAGOS Las pequeñas islas y archipiélagos ubicados en los trópicos o en latitudes más altas poseen unas características que las hacen especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático, a la subida del nivel del mar y a diversas catástrofes naturales. El deterioro de las costas y playas –o su desaparición- o el efecto sobre los arrecifes de coral, perjudicará al turismo y modificará las posibilidades de pesca. El riesgo más sólido proviene de la amenaza que supone la subida del nivel del mar. Inundaciones, oleajes que cada vez pueden penetrar más tierra adentro, la permanente erosión de las costas amenazan estructuras vitales que permiten la habitabilidad de estas islas. Se calcula que a mediados de siglo se habrán reducido considerablemente las fuentes de agua potable en innumerables pequeñas islas. En el Caribe y en amplias zonas del Pacífico es posible que no exista abastecimiento suficiente en épocas de pluviometría baja. Otro efecto será la invasión de especies animales y vegetales en islas ubicadas en latitudes altas. Las previsiones más pesimistas condenan a la desaparición bajo las aguas a numerosas islas del Pacífico y del Índico, debido a la subida del nivel del mar.
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