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Nº 76059 - 29 de octubre de 2007

El cambio climático pone en alerta a los líderes mundiales

Ideas para un mundo sostenible

Analizamos el alcance real del peligro medioambiental, la historia de los movimientos ecologistas,
las zonas del planeta más afectadas y la realidad de España.

 

Lo que todos podemos hacer

Aunque la actividad cotidiana y familiar no es la máxima responsable de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera terrestre, un porcentaje significativo —un 16 por ciento— de esta contaminación que provoca el efecto invernadero sí depende de los hábitos y consumos que se dan en nuestra vida cotidiana. La modificación de algunas de estas costumbres podría contribuir a una disminución importante de estos
residuos gaseosos.

Por Antonio Sarrión

A continuación ofrecemos algunas sugerencias sobre cambios de hábitos, avaladas por todos los estudios científicos, de sencilla aplicación, cuyos efectos podrían resultar altamente beneficiosos y útiles en la batalla contra el cambio climático.

•Tirar los envases de vidrio al contenedor adecuado y separar papel, cartón, plástico y latas del resto de la basura. El reciclaje de una lata de aluminio puede ahorrar el 90 por ciento de la energía empleada en fabricar una nueva. Por cada kilo de aluminio se emiten nueve kilos de CO2 a la atmósfera. Cada kilo de plástico reciclado evita 1,5 kilos de CO2, mientras que un kilo dE papel reciclado supone 900 gramos menos de CO2.

• Ir al mercado con una bolsa reutilizable y no utilizar las bolsas de plástico.

• Elegir productos de envases reducidos y adquirir botellas de plástico grandes. Una con capacidad de 1,5 litros requiere menos energía para su fabricación y produce menos residuos que tres de 0,5 litros.

• Compartir el coche para ir al trabajo; utilizar el transporte público o caminar si las distancias son cortas. Por cada litro de combustible se emiten a la atmósfera 2,5 kilos de CO2.

• Cuando cambiemos de modelo de coche se debe tener en cuenta el consumo. Se gún la legislación europea, los fabricantes están obligados a informar sobre las emisiones de CO2 y el consumo de de los vehículos nuevos en su publicidad.

• La velocidad es un factor muy importante en el consumo. A más de 120 kilómetros por hora aumenta en un 30 por ciento el consumo de combustible. Es aconsejable llevar el coche en las marchas altas (cuarta, quinta o sexta) la mayor parte de tiempo posible, a menos revoluciones del motor, menor gasto.

• No pisar el acelerador al arrancar el coche. Subir una marcha lo antes posible y mantener la velocidad constante. Así, el ahorro de combustible será de un cinco por ciento.

A Revisar con frecuencia la presión de los neumáticos. Si está 0,5 bares por debajo de lo indicado por el fabricante, el vehículo consume un 2,5 por ciento más para superar la mayor resistencia. A mayor consumo, mayor emisión de CO2 en proporciones equivalentes.

• Utilizar con moderación el aire acondicionado del vehículo. Cuando está en funcionamiento, tanto el consumo, como las emisiones de CO2 se incrementan en un cinco por ciento.

A Apagar las luces de una habitación cuando se sale de ella. Si se apagan cinco luces en una vivienda, el ahorro puede ser el equivalente a 60 euros al año, y también evita la emisión de 400 kilos de CO2.

• Utilizar bombillas y fluorescentes de bajo consumo. Cada una puede ahorrar unos 60 euros al año y evitar, por cada una, la emisión de 400 kilos de CO2. Aunque su precio es más caro, su duración media está calculada en diez veces más que una bombilla convencional, por lo que resultan mucho más económicas.

• No dejar los aparatos eléctricos y electrónicos, como televisiones o equipos de sonido en la posición stand-by (en espera). Es preferible desconectar por completo el aparato, pulsando el botón de apagado-encendido. Si la televisión se queda encendida tres horas al día, y las otras 21 queda en modo stand-by, en esta posición consume el 40 por ciento de la energía total que ha empleado.

• Moderar el uso de los aparatos de aire acondicionado domésticos, al igual que con los de los vehículos. Es un electrodoméstico de alto consumo. De media, un aire acondicionado en una habitación normal funciona a 1.000 vatios, generando emisiones de 650 gramos de CO2, además de tener un coste de unos 0,10 euros por hora.

• Los cargadores de móviles conectados permanentemente gastan, sin estar recargando, el 95 por ciento de la energía utilizada.

• Usar la lavadora o el lavavajillas sólo cuando estén a carga completa. Para casos en los que sea necesario emplearlos, a pesar de no tener suficiente ropa sucia o vajilla para llenarlos, se deben emplear programas de carga media o económicos. No utilizar temperaturas altas, con la nueva generación de detergentes, se consiguen resultados idénticos con temperaturas más frías y se ahorra consumo energético.

• Tapar la cacerola mientras se cocina, o utilizar ollas exprés, que ahorran hasta un 70 por ciento de energía.

• Con una ducha en lugar de un baño se gasta cuatro veces menos energía. Se mejoran estos resultados utilizando alcachofas de poco flujo. Se deben revisar los goteos de los grifos. Un mes de goteo de un grifo puede llenar una bañera. Limitar la capacidad de las cisternas de los inodoros y no mantener el grifo abierto durante el lavado de dientes o el afeitado.No calentar la casa más de lo necesario. Bajar la temperatura un grado en el termostato reduce la factura entre un cinco y un 10 por ciento, y evita la emisión de 300 kilos de CO2 en un año.

• No dejar las ventanas abiertas mucho rato para ventilar una estancia. Basta con unos minutos. Si se deja una pequeña abertura durante todo el día, la energía necesaria para mantener el interior caliente durante seis meses, con una temperatura exterior de 10 ° C, producirá unas emisiones de CO2 de casi una tonelada.

• Instalar un buen aislamiento. El calor que escapa por paredes, techo y suelo es más del 50 por ciento de todo el calor perdido en todo el espacio.

• Alejar el frigorífico de focos de calor, como los quemadores, vitrocerámicas o radiadores de calefacción. Si están cerca, consumirán más energía para mantener el frío. Si estos electrodomésticos son viejos, conviene descongelarlos periódicamente. Los frigoríficos no lo necesitan. Son más eficientes. No se debe guardar en un frigorífico ningún alimento caliente.

• Al comprar un nuevo electrodoméstico de línea blanca conviene asegurarse de que tiene la etiqueta europea de Grado A (menos contaminante y de menor consumo).

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