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Nº 760
29/10/2007
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Memoria ahistórica

Por José María Benegas

Hemos entrado en el debate sobre nuestro pasado. Aunque haya quien se rasgue las vestiduras, todos los países debaten sobre su pasado por una razón u otra. En ocasiones tengo la sensación de que la izquierda española está a la defensiva ante la avalancha de críticas, imputaciones falsas y tergiversaciones de la historia que provienen de medios conservadores y no sólo políticos. Alfonso Guerra, en unas declaraciones a una emisora de radio, señaló que "la izquierda española, en aras de la reconciliación nacional, renunció durante la Transición a hacer el juicio a la dictadura franquista". Es cierto, en virtud de la Ley de Amnistía de octubre de 1977 aprobada hace treinta años, la izquierda renunció a hacer cualquier tipo de reclamación, política, penal, económica, etc., sobre lo ocurrido entre el 18 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977. Este rasgo de enorme generosidad de la izquierda, derrotada en 1936 y sometida a cuarenta años de persecución autoritaria, nunca ha sido bien valorado en su justa dimensión.

Estamos asistiendo a casos de memoria ahistórica. Manuel Fraga, en un reciente debate en televisión, sentenció: "La II República fue un fracaso". Ahí terminaron sus razonamientos. Parecería como si la derecha, en este caso la militar, no intentó derrocar, mediante una insurrección, a un gobierno democrático elegido por el pueblo. La segunda tergiversación de la historia es la que plantea el inicio de la Guerra Civil como si de repente ante el "caos republicano", los españoles de ambos bandos hubieran decidido un enfrentamiento armado. Locierto es que el 18 de julio de 1936 lo que se intentó fue un golpe de Estado y fue tan mal diseñado militarmente que lo que era una asonada se convirtió en una guerra civil de tres años por la resistencia de parte del pueblo y de las fuerzas militares leales a la República. Es decir, no fue una guerra civil decidida por los españoles sino, consecuencia de un cálculo equivocado de los insurrectos sobre la capacidad de resistencia de una parte del pueblo español.

No quiero referirme en general a los desmanes que desde ambos lados se produjeron durante la Guerra Civil, pero sí quiero hacer referencia en concreto a la quema de conventos y a los asesinatos de religiosos cuya autoría la derecha intenta residenciar hábilmente en la izquierda tradicional, socialistas y comunistas. Parece como si el anarquismo violento no hubiera existido en España. Después de dedicarle tiempo a esta cuestión, inicialmente porque no me creía la alta cifra de religiosos, curas y monjas asesinados durante la guerra civil, he llegado a la conclusión de que los grandes responsables de la mayoría de estas acciones deplorables, no fueron los socialistas ni los comunistas, sino los anarquistas de la CNT y la FAI. No es un dato desdeñable que el mayor número de religiosos asesinados se produjera en Cataluña, allí donde más fuerte era el anarquismo español. Los ejemplos son numerosos. Recientemente se ha dado a conocer a través de la publicación de su diario personal, la historia de Josep Sierra, militante de la CNT-FAI, que fusiló, junto con un grupo de camaradas, a 45 maristas en las cercanías del cementerio de Montcada, en la provincia de Barcelona.

Conversando con Santiago Carrillo sobre la quema de conventos durante los primeros días de la República, me comentó que siendo ya miembro de las Juventudes Socialistas con 16 años, se movilizaron con los jóvenes comunistas para defender las iglesias de Madrid y evitar los saqueos e incendios de éstas por organizaciones anarquistas. En el País Vasco no se quemó ninguna iglesia gracias a la movilización de nacionalistas y socialistas para impedirlo. La izquierda española, especialmente el PSOE por su relevante papel durante la II República, debe ser contundente en la respuesta sobre hechos que no pueden ser imputados a los socialistas de aquella época, que nada tenían que ver con el anarquismo de la CNT y la FAI. Cada cual debe asumir sus responsabilidades pero no las de los demás. No digo que los socialistas estemos exentos de culpas y no se hayan producido desmanes individuales, pero el grueso de la responsabilidad de los asesinatos de religiosos hay que situarlo en el anarquismo español. A diferencia de lo ocurrido en estas organizaciones, la dirección del PSOE nunca dio instrucciones a sus militantes para que actuaran violentamente contra iglesias o religiosos. No pueden decir lo mismo la CNT y la FAI. Al menos ésta es mi opinión.

En otro orden de cosas, sin ningún afán revanchista hay, que señalar con claridad que a partir del 1 de abril de 1939, todos los muertos por fusilamiento, miles, fueron de un bando y los ejecutores de otro. En esto consistió la generosidad de los vencedores. •

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