Los vientos 'neocon'
Ir de número 2 en la lista del PSOE por Madrid tiene su aquél, tiene su morbo. Cabe interpretar la elección como un reconocimiento, una
apuesta de futuro o un refuerzo para la
candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero. O las tres cosas a la vez.
Cuando muy pocos creían que Zapatero vencería en las elecciones del 14 de marzo de 2007, el PSOE se puso a buscar con ahínco la persona que fuera la número 2, que debía ser de prestigio, no militante socialista, con peso específico en la sociedad llamada civil o, al menos, en los sectores más ilustrados de la misma y, por supuesto, comprometida con los valores progresistas.
Aceptó la oferta Mercedes Cabrera Calvo Sotelo, catedrática de Ciencias Políticas y Sociales de la Complutense, historiadora reputada y autora de varios libros tan rigurosos como atractivos. Uno de ellos aborda una de las claves del poder real. Se titula El poder de los empresarios. Política y Economía en la España contemporánea. 1875-2000. Es decir, abarca la etapa crucial que comienza con la Restauración y que llega hasta la actualidad.
Próxima al socialismo, Cabrera pertenece por parte de madre a una familia muy vinculada con la política española y, por tanto, con la atribulada historia de este país. José Calvo Sotelo, dirigente de la extrema derecha monárquica, ex ministro durante la dictadura del general Primo de Rivera, era diputado cuando en la madrugada del 13 de julio de 1936 fue asesinado por unos guardias de Asalto, lo que precipitó el inicio de la sublevación militar y la guerra civil.
En el imaginario colectivo de la derecha, José Calvo Sotelo –"prefiero morir con gloria que vivir con vilipendio"– está considerado como el protomártir de la Cruzada. Curiosamente, su sobrino Leopoldo Calvo Sotelo –a su vez tío de Mercedes– estaba siendo investido presidente del Gobierno cuando aquella tarde del 23-F irrumpió la Guardia Civil, comandada por Tejero, en el Congreso de los Diputados.
Por vía paterna, la ahora ministra de Educación es sobrina-nieta del canario Blas Cabrera, científico y hombre de izquierdas, quien tuvo que exiliarse tras el triunfo de las tropas franquistas. O sea, que aquella número 2 de Zapatero resume en su persona y en su entorno familiar algunos de los objetivos de fondo que han marcado esta legislatura. Por ejemplo, la controvertida Ley de la Memoria Histórica, así como ese aire laico, o laicista, que envuelve en buena medida al Gobierno Zapatero.
Pero si al final el PSOE pierde las elecciones de marzo, lo que no tendría sentido es elucubrar sobre posibles sucesores de Zapatero a partir del 2 de la lista o de otros nombres bien situados. Si Zapatero no puede formar Gobierno, la crisis por la que atravesará el PSOE superará con creces la que empezó en 1996 y acabó en 2004.
En cambio, si el vencido es Mariano Rajoy, como parece, la mayoría de las miradas irían a parar a Alberto Ruiz-Gallardón, si éste fuera el número 2 o, al menos, estuviera entre los siguientes más inmediatos. Para morbo –lo que se dice morbo fetén–, la lista del PP. La sucesión de Aznar sigue pasando o por Gallardón o por Esperanza Aguirre, aunque la presidenta de Madrid no pueda presentarse. Los vientos neocon que llegan desde la FAES y, singularmente, desde Aznar, como certifica su último libro –más cercano a los 100.000 hijos de San Luis que a los liberales del siglo XIX–, no pronostican nada bueno para Gallardón. ¿Última oportunidad, Alberto?•
Enric Sopena |