Hemeroteca Esta semana
 
Nº 760 - 29/10/2007

Cándido Méndez, secretario general de UGT

 

"EL PLENO EMPLEO NO SÓLO

ES POSIBLE, SINO PROBABLE"


Se le ve, y no lo disimula, satisfecho con la primera legislatura del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Asegura que cambios sociales como los que conllevarán la Ley de Dependencia o la de Igualdad en nuestro país son equiparables a la universalización de la educación o la enseñanza que realizaran los primeros gobiernos socialistas en los años 80. Y frente a los agoreros que ven nubarrones en el horizonte económico del país intenta tranquilizar: "tenemos margen más que suficiente para seguir creciendo y aplicando políticas sociales", afirma.

Por Inmaculada Sánchez

La primera legislatura de Zapatero ha sido como esperaba o le ha decepcionado?
—No sólo no me ha decepcionado sino que yo, al menos, me he reafirmado en lo que pensaba que podía ser. Ha sido una legislatura de cambios sociales muy importantes que sólo tienen parangón con los que supusieron la universalización de la sanidad y la educación en los ochenta. Me refiero, por supuesto, a la ley de Dependencia y a la de Igualdad. Además, se ha hecho conun talante, o un procedimiento, que ha sido el del diálogo social. Por lo tanto, yo diría que estoy razonablemente satisfecho.

—El gobierno socialista ha tenido hasta ahora el ciclo económico a su favor pero hace unos meses han empezado a verse nubarrones. ¿Desde UGT los ven muy oscuros?
—Creo que no sería inconveniente recordar que en las dos anteriores legislaturas el ciclo económico estaba mucho más a favor. En el 98, la primera del PP, el barril de petróleo estaba a 18 dólares y la inflación, por debajo del 2 por ciento. Y no hubo ningún avance significativo. El gobierno protagonizaba la fábula de la hormiga y la cigarra, en tanto cantaba sus excelencias pero no se preocupó de llenar la despensa. Eso que dice el señor Aznar no tiene ningún sentido. En la actualidad el ciclo sigue apuntando a que vamos a seguir creciendo por encima de la media europea, claramente.

—Quizá la discusión gira en torno al peligro de una caída de la construcción...
—Existe ese debate, sí. Pero yo creo que habría que hacer un esfuerzo minúsculo, mirando las cifras, para situar el papel de la construcción en sus justos términos. Primero: el mayor volumen de empleo, con diferencia, en España en los últimos cuatro años, se ha creado en el sector servicios. Han sido 2.200.000 empleos en servicios y 400.000 en construcción. La cifra es suficientemente reveladora. Segundo: el sector industrial genera mayor valor añadido y productividad que la construcción. En base a estos datos se puede hacer un análisis relativamente tranquilizador sobre el futuro inmediato de nuestro país. Luego hay, a mi juicio, otros dos datos muy importantes, que tienen relación con las cuentas públicas: ha habido muy fuertes inversiones para resolver los déficits estructurales de nuestra economía: de infraestructuras, tecnológico y educativo. Es decir, que estamos bien pertrechados.

—Pero no le inquieta una caída de actividad en la construcción?
—La construcción en España va a seguir tirando hasta el 2015 merced a la infraestructura civil, al PEIT (Plan Estratégico de Infraestructuras de Transporte), que supone fortísimas inversiones.

—De dónde vendrá el relevo, entonces?
—Creo que de la nueva política en materia de vivienda sumada a los compromisos de infraestructuras. Por eso nosotros hemos planteado que sería muy importante aumentar el ritmo de construcción del parque de vivienda protegida. Que pase de las 80.000 viviendas anuales a 100.000, y 50.000 de ellas dedicarlas al alquiler.

—¿Cree, entonces, que la promesa que hizo el presidente de alcanzar el pleno empleo es algo más que una frase electoralista?
—Creo que es la expresión de un compromiso serio, solemne y meditado.

—¿Lo ve posible?
—No sólo posible sino probable. Hablar de pleno empleo en España hoy es hablar de empleo para la mujer. La situación de la población laboral masculina, entendiendo el pleno empleo como la existencia de un paro entre el 4,5 y 5 por ciento, ya es una realidad en muchas provincias.

—Sin embargo, otras voces, muy cercanas al gobierno y al PSOE, por cierto, presentan un panorama bien distinto. El gobernador del Banco de España y el comisario europeo para Asuntos Económicos han dicho que no es el momento de gastar el superávit.
—Son muy respetables esas opiniones. Pero también es muy importante resolver los déficits sociales. Y hay que buscar el equilibrio. Insisto: Estamos en una situación de superávit sano y fuerte. Por tanto, lo que yo di-' go es que hay margen. Y hay que utilizar el margen de manera razonable. Yo ya tengo 55 años y recuerdo el sacrosanto temor al déficit. Ahora se ha trastocado en el sacrosanto temor a tocar el superávit público. Así que nos encontramos ante una paradoja: cuando hay déficit no se pueden abordar mejoras sociales, y cuando hay superávit tampoco por "lo que pasará". Yo digo que "ni tanto ni tan calvo".

—¿No cree, entonces, que los Presupuestos del 2008 sean electoralistas?
—No. Además, cualquiera que conozca al ministro de Economía puede tildar a los Presupuestos de cualquier cosa menos de electoralistas. Si hay una persona rigurosa pero con sensibilidad social, ésa es Pedro. Habrá leyendas urbanas alrededor de él y, como todas las leyendas urbanas, son falsas. Él conjuga rigor económico con sensibilidad social porque, además, sabe que invertir en lo social, al final, repercute, si se hace adecuadamente, en el crecimiento económico.

—¿Hasta qué punto ha mejorado la calidad del empleo, como dice el gobierno?
—Ese es el problema. Hasta ahora he hablado de la "cara iluminada" de la luna. Pero también hay la "cara oculta". En los siete últimos años se ha producido una pérdida de renta de los trabajadores de siete puntos. En la negociación colectiva en los últimos cinco años se ha mejorado el poder adquisitivo pero la mayoría de los empleos se han creado en los de bajo valor añadido, donde los salarios están por debajo del doble del salario mínimo. A su vez, el empleo se ha dirigido, principalmente, a la mujer. Y la discriminación es flagrante: entre un 15 y un 30 por ciento del salario menos para el mismo tipo de trabajo. También hay que tener en cuenta que ha habido un rejuvenecimiento de plantillas y la antigüedad daba unos salarios más altos. En cuanto a la temporalidad es un problema endémico de la estructura laboral de nuestro país. Hemos alcanzado un acuerdo con el gobierno, que ahora tiene poco más de un año de vigencia que ha tenido efectos positivos.

—Zapatero acaba de prometer 800 euros para el salario mínimo en 2.012. ¿Son, para ustedes, unos plazos aceptables?
—Lo único que ha hecho el presidente ha sido decir sí a lo que hemos pedido los sindicatos. Las organizaciones sindicales hemos marcado un camino del salario mínimo para acercarnos a Europa. La estación intermedia, en 2.012, era de 816 euros. Por tanto, podemos deducir que nuestro planteamiento ha sido aceptado.

—Este gobierno ha sido muy osado en algunas decisiones políticas de ampliaciones de derechos pero en materia económica ha sido muy ortodoxo. ¿Cree que los socialistas aún tienen miedo a introducir cambios, por ejemplo, en materia fiscal?
—Nosotros no estamos cómodos con la filosofía fiscal de este gobierno. Tengo que reconocer que han hecho cosas, pero dentro de una política ortodoxa, aunque es lo que impera en la Unión Europea. No han sacado los pies del plato. Tiene su explicación: si eres muy exigente con las rentas del capital y la fiscalidad para las sociedades puedes encontrarte con una situación de inferioridad competitiva con otros países por el dumping fiscal. Nosotros llevamos tiempo clamando por una armonización fiscal en Europa. Lo que más nos incomoda, de todas formas, es la posible falta de suficiencia financiera de la política fiscal. No somos entusiastas de las rebajas fiscales. Para los trabajadores pensamos que hay que, antes que rebajas fiscales, hay que aumentar el gasto en protección social.

—Usted fue una de las voces que criticó los ataques que estaba recibiendo el Rey desde la COPE. ¿Lo vio tan necesario?
—Lo mío fue una reacción espontánea. No creo que la monarquía lo necesite. Es una institución muy sólida en España. La discusión monarquía-república se sustituyó en su momento, en nuestro país, por dictadura-democracia.

—Quién cree que se beneficia de estos ataques a la Corona?
—La derecha. No tengo ninguna duda.

—En una entrevista con EL SIGLO poco antes de las anteriores elecciones generales fue muy clarividente: dijo que la contienda estaba más abierta de lo que parecía, antes incluso de los trágicos sucesos del 11-M. ¿Se atreve, ahora, a hacer un pronóstico?
—La próxima cita electoral la veo muy interesante. Creo muy importante que se hable de política social. Me parecería lamentable, por ejemplo, que la ocurrencia de Ibarretxe lo deje todo en segundo término. Creo que al PSOE se le podría asimilar a lo que se decía que controlaba la infantería inglesa: la delgada línea roja. Una línea que abarca una gran espacio. Por el contrario, el PP sería la falange macedónica: un cuerpo electoral muy compacto.

—¿Aplaudiría que Solbes repitiese como ministro, en caso de victoria socialista?
—Yo sí. Pero eso depende del presidente.•





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