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La libertad de expresión
por Miguel Ángel Aguilar
Corrían tiempos difíciles en los que,
como decía Juan Luis Vives, no era
posible hablar ni callar sin peligro.
Acababa de producirse la suspensión de algunos artículos del Fuero de los Españoles entre los que figuraba la libertad para fijar la propia residencia dentro del territorio nacional. Su finalidad era deportar a los participantes en el Congreso del Movimiento Europeo que se había celebrado en Munich en junio de 1962, que quiso deshonrarse con el término de Contubernio.
En Puerto del Rosario (Fuerteventura) fue a parar Joaquín Satrústegui. Desde allí escribió a Gonzalo Fernández de la Mora que había publicado en el diario Abc una atroz diatriba contra el Contubernio y los españoles allí presentes. Satrústegui le decía a su amigo casi al final de la misiva que "conforme a las reglas de juego de una política entre caballeros, no debiste escribir tu artículo, dado que a los atacados nos está vedado defendernos, hasta el extremo de impedírsenos el acceso al campo de juego: la prensa".
En su respuesta Fernández de la Mora decía a su corresponsal que "tu tesis de que no se debe criticar en un periódico una posición política, si los que la postulan no pueden defenderla en periódicos del mismo país, no sólo es gratuita e indemostrable, sino que es falsa y está permanentemente desmentida por los hechos". En su apoyo aducía que "en la prensa vaticana se critica frecuentemente la negación del derecho de propiedad, el laicismo, la lucha de clases, etc., etc., sin que ninguno de los propugnadores de estas ideas pueda replicar en el mismo ámbito" y añadía que "la Iglesia española, a través de todos los medios de información, hace lo mismo en nuestro país". En su opinión "el derecho de réplica es problemático, limitado y se regula según las circunstancias".
Por lo que se refiere a la Iglesia española elcriterio parece inamovible. Recuerdo una ocasión en el programa El primer café de Antena 3TV que dirigía Isabel San Sebastián. El invitado ese día era monseñor Sánchez, obispo de Guadalajara y secretario de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal. Compareció subido a la beligerancia. Le dije si le parecía bonito que desde los micrófonos de la COPE Antonio Herrero repitiera cada día que Rosa Conde había sido la Mónica Lewinsky de Felipe González. Monseñor señaló que le habían llamado la atención. Repliqué que el radiofonista de todas maneras continuaba insistiendo en lo mismo. Es la libertad de expresión, replicó. Le puse un caso práctico: ¿si yo utilizara los benditos micrófonos para defender el aborto, podría volver a la emisora?. No, en absoluto, fue su respuesta.
Ahora estamos centrados en le caso de Federico. Nadie quiere limitar la libertad de expresión, pero muchos consideran del todo inadecuado que lo que dice sea difundido precisamente desde las antenas de la COPE. De sus propietarios, los obispos, cabía esperar que hicieran honor a sus más elementales deberes. Pero su actitud es aquella de que como sé que te gusta el arroz con leche, por debajo de la puerta te echo un ladrillo. Vale.•
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