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Nº 759
22/10/2007

KurdistÁn, prÓxima etapa

E n el Kurdistán iraquí puede encontrarse la próxima etapa para la destrucción sucesiva del país, la que se caracterice por el conflicto internacional, la intervención exterior y la fragmentación nacional. Podría ser de otro modo, el que configurase Kurdistán como modelo que debería alargarse al resto de la nación, ejemplo de paz y de progreso que por desgracia no ha cundido mucho en todo el territorio. La verdad es que tal esquema, por el que se atrajo a los kurdos al Gobierno de Bagdad y se les dieron responsabilidades en la política de normalización de Iraq, es el que pareció introducirse con los gobiernos Jaffary y Maliki, contando para su aplicación con importantes personalidades kurdas en la Presidencia de la República, el Ministerio de Asuntos Exteriores y otros importantes cometidos. El caos que no cesa en buena parte del país, en Bagdad especialmente, habría acabado por enrarecer la comunicación entre Irbil y Bagdad. Con el complemento negativo de los contenciosos por Kirkuk y por la distribución de los recursos nacionales, se han limitado aún más los vínculos de convergencia entre kurdos iraquíes y árabes iraquíes. Parece asentada una dinámica de separación que los kurdos buscarían como poco para librarse de los desastres de la guerra civil y el contagio de la violencia.

Un Iraq en una especie de guerra civil multiuso permite la expansión y el fortalecimiento de todas las tensiones centrífugas en personas y territorios, forzados a convencerse de la imposibilidad de vida en común. Destruidas las instituciones del Estado y de la Administración por la invasión militar, apenas restablecidas en su normal funcionamiento desde marzo de 2003, el sistema de gobierno y administración ha quedado dividido entre partidos, sectas, mafias y tribus, siendo Kurdistán la única región en que se ha mantenido ese mínimo de orden público y eficacia gubernamental que permite llevar una vida normal, trabajar, hacer negocios y salir a la calle, la llegada de empresarios, periodistas y ONGs. Se comprenden como más que suficientes los motivos de kurdos para alejarse de Iraq, por temor insuperable o convicción nacionalista, por la actualidad trágica y la historia dolorosa, pero también se sospecha que quizás sin pretenderlo sus protagonistas, tales movimientos hacia la secesión y las abiertas tendencias irredentistas, contribuirían de manera poderosa a incrementar las desgracias de Iraq, incluso unidas al incremento de las desgracias propias.

A medida que empeora la situación de Iraq se aleja Kurdistán como modelo y ejemplo. Pero tal alejamiento conduciría de nuevo a una barrera constituida por Irán, Siria y especialmente Turquía, países con población kurda que históricamente han configurado todo un frente intervencionista varias veces activado, para impedir un Kurdistán independiente y la fragmentación violenta de Iraq. Superponiéndose el conflicto kurdo a los demás conflictos que el país padece , –insurrección, sectarismo, terrorismo y criminalidad–, lo que haría el secesionismo kurdo sería compendiar e intensificar los conflictos enumeradospara acompañarlos probablemente, por si fueran pocos, por la intervención de los países vecinos. No se trataría por tanto de una secesión limpia y consensuada porque provocaría repetidos desplazamientos de población, traumáticos en un país donde kurdos y árabes, como chiitas, cristianos y sunitas, vivían en vecindad en Bagdad de manera muy especial Crímenes y venganzas, expolios ajustes de cuentas es muy posible que siguieran a los desplazados, otra vez toda una limpieza étnica para asegurar la rotundidad de la separación política.

De nuevo en el caso del Kurdistán, como en el caso de Kosovo y en el de las sangrientas experiencias de la fragmentación de Yugoslavia, parece como si nada hubiera ocurrido antes, no hubiera ocurrido lo mismo, y nada pudiera evitar la repetición de tragedias conocidas y anunciadas. Como si los vientos nacionalistas no pudieran aplacarse y no fuera ya políticamente correcto promover la estabilidad de las fronteras, pero unida a la promoción del buen gobierno, el respeto a los derechos humanos y la protección de las minorías, frente al irresistible impulso de lo que se considera como una inevitable destrucción creadora para restañar viejos sufrimientos y acabar con una opresión ancestral. En cualquier caso, en el Kurdistán iraquí, conflicto dentro de otros, estarían las nuevas oportunidades para Al Qaeda, bien enconando tensiones étnicas y sectarias en su periferia (Kirkuk, Tall Afar, Tur Kumatu, etc.) bien frecuentando extraños compañeros de cama como el PKK o Ansar al Shura-Ansar al Islam. Si las peores hipótesis se realizan en el Kurdistán iraquí, para todos los implicados en la guerra de Iraq, no digamos para el pueblo iraquí y no excluyamos a los mismos kurdos, tomarían cuerpo pesadillas del más difícil todavía. •

Ignacio Rupérez

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