F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 759

22/10/2007

 

Modernización contra conservadurismo

Hace exactamente 30 años que en Cataluña se presentó una coalición electoral denominada-Pacte Democratic per Catalunya. En ella estaban Convergencia Democrática de Catalunya, el Partit Socialista de Catalunya–reagrupament y Esquerra Democrática de Catalunya. Había también otros grupos políticos muy minoritarios. Aquella fue una experiencia modernizadora que situó al catalanismo político en la centralidad y en la vanguardia del país. Con once diputados en las Cortes Generales se convirtió en la segunda fuerza política de Cataluña, pero sobre todo supo acoger un sinfín de sensibilidades comprometidas con el Estado del Bienestar y el progreso económico, además de con Cataluña.

El éxito del proyecto se complementó luego con la incorporación de Unió Democrática de Catalunya, que había fracasado en su intento de buscar un referente democratacristiano a nivel español. De ahí surgió Convergencia i Unió (CiU), y todo lo que representó y aún representa. En Cataluña y en España. Como se observará, nada que ver con el relato tendencioso con el que en algunas ocasiones se quiere situar a CiU en un espacio político donde ni ha estado, ni está, ni quiere estar. El éxito de CiU fue, y ha sido, su apuesta por la modernidad, lejos del conservadurismo paralizante.

El pasado mes de septiembre Anthony Giddens publicaba un excelente artículo en El País que llevaba por título "Modernizar la izquierda". Explicaba el padre de la tercera vía que existe otra dimensión –más allá de la división entre la izquierda y la derecha–, la de la modernizacióncontra el conservadurismo. Y decía: "Ya no tiene por qué identificarse a la derecha política con el conservadurismo. Puede haber modern iza-dores de derechas: Sarkozy es un ejemplo perfecto", para luego añadir que "tenemos que convencer a los conservadores de izquierdas de que avancen hacia la modernidad". En este mismo terreno se mueve gente como Walter Veltroni, alcalde de Roma y flamante secretario general del Partito Democratico, que justo ha empezado sus primeras andaduras. O incluso François Bayrou, que ha liquidado la UDF y que ha impulsado el MoDem (Mouvement Démocrate), aprovechando el descalabro del socialismo francés, altamente agrietado por el peor de los conservadurismos.

En España parece que la izquierda oficial ahora está más preocupada por las aportaciones del californiano George Lakoff que las que puedan venir de las experiencias de los socialdemócratas suecos, franceses, alemanes u holandeses, para poner unos ejemplos de fracasos dedonde se puede aprender muchísimo, antes que sea demasiado tarde. Deben suponer –nuestra izquierda oficial– que a ellos no les pasará y, supongo, por ello apuestan por competir en el terreno del conservadurismo de la derecha más carpetovetónica, la que no acepta que uno pueda mostrar su propio nombre de pila, ya sea Josep Lluís o Francesc.

Mientras tanto en Cataluña algo se mueve, aunque sea de forma modesta y un tanto experimental. Desde Convergencia, por ejemplo, hemos propuesto la refundación del catalanismo, nuestra forma de denominar la tercera vía. Maragall, por su parte, habla abiertamente de apuntarse al futuro nuevo Partido Demócrata a escala europea. Y, cabe admitirlo todo, es verdad que otros muchos están sin estar, gobiernan sin hacer, y analizan sin ver. Ya veremos que da todo esto de sí.

Aunque es verdad que en todo lo descrito no hay una conexión a priori, cierto es también que en lo fundamental resulta evidente que el precoz Pacte Democrátic ha hecho su mella. Y que recordar ahora su existencia resulta, como mínimo, un ejercicio interesante, si uno quiere mirarse las cosas desde la modernidad. En todo caso, debe de haber un primer punto de reflexión: es necesario e imprescindible superar el nivel de conservadurismo de la política española. En Cataluña algunos, modestamente, eso sí, estamos en ello. Nos gustaría encontrar aliados en el conjunto de España.•

*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

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