Nº 759 - 22 de octubre de 2007
 
Hemeroteca Esta semana

Del director de ‘La Razón’ y del “estadista” Aznar

La tendencia de los periodistas del  Aznarato a convertir a menudo su ejercicio profesional en escritos apologéticos dedicados al insigne ex presidente del Gobierno no es difícil de detectar. Hace ya un par o tres de semanas, el director de La Razón, José Alejandro Vara, escribió como complemento de su artículo dominical un suelto bajo el título de “El estadista Aznar”. ¡Oh, qué bien suena el vocablo estadista! Un hombre de Estado, por encima de las mezquindades de la política cotidiana. Un hombre, preocupado por el bien común de sus conciudadanos y no pendiente de las minucias deleznables de tantos politicastros que abundan en todo tiempo y lugar.

El estadista Aznar me ha sonado, sin embargo, a aquella película llamada Franco, ese hombre, que conviene olvidar por una cuestión de mínima higiene mental. ¿Quién puede creerse que Aznar es un estadista, salvo sus pelotas, sus paniaguados o sus plumillas de incensario? Vara frecuenta las tertulias de Federico Jiménez Losantos y ahí se explaya, aunque lo difumine su compañero de fatigas Pedro J. Ramírez. El director de El Mundo actúa de gran eje vertebrador, habla más rato que los demás, apenas es interrumpido y parece un predicador de cuaresma glosando bastantes más que cuarenta palabras. Imparte doctrina, se enzarza amigablemente con el anfitrión y, de cuando en cuando, descansa y así retozan un poco los otros contertulios, entre los que se halla este apóstol de Aznar, el director de La Razón, al que he hecho referencia.

Escribió esto Vara a propósito de Aznar y su dimensión de estadista: “A la espera de la aparición de su próximo libro, que ha despertado admiración entre quienes ya lo han leído, bueno es menudear la exclusiva del diario El País sobre las actas de las conversaciones de Aznar con Bush en vísperas de la intervención aliada en Iraq. Hasta el más radical y furibundo opositor a esa iniciativa militar llegará a la convicción de que el entonces presidente del Gobierno español se mostró como un estadista de fuste, de argumentario sólido, de firmeza ante su interlocutor, de ilustrada paciencia, riguroso en la defensa del ordenamiento jurídico internacional. Unas actas que, por sí mismas, borran miles de insidias y de tópicos. Enorme servicio a la figura del ex presidente el prestado con esta exclusiva periodística. ¿Salió el tiro por la culata?”

Hermosas loas de Vara a Aznar. Las actas aludidas, sobre las cuales Ernesto Ekaizer sustentó su exclusiva, no sé cuantas insidias habrán borrado, pero desde luego no favorecen la imagen del entonces jefe del Gobierno de España. Hasta tal extremo esto es cierto que el propio sucesor de Aznar, Mariano Rajoy, tuvo que rectificar, en una comparecencia suya en Cuatro, al mismísimo Aznar: “A Iraq se fue sin resolución de la ONU”, a pesar de que el PP había defendido siempre que el texto 1.441 bastaba para amparar la guerra. Más aún, y como se podía leer el jueves 27 de septiembre en El País, “Aznar apoyó la invasión pese a que Bush no logró el consenso que le pedía.”

Aparte de lucir ambiciones de iluminado en su conversación con Bush, al decir que “estamos cambiando la política española de los últimos 200 años”,  se tragó todo. Trató de pedirle cosas al presidente de Estados Unidos, pero sus esfuerzos fueron, al respecto, estériles. “Necesitamos que nos ayudéis con nuestra opinión pública”, imploraba servil este dechado de virtudes, según Vara. ¿Qué hizo Bush para influir en la opinión pública española con el fin de darle un respiro a su ayudante de cámara? Nada, no hizo nada. Se pasó la rogativa de Aznar por salve sea la parte. Bueno, cierto es que le montó una resolución para ayudar al desvalido inquilino de La Moncloa. “Me da un poco lo mismo el contenido”, le advirtió Bush a Aznar. El presidente norteamericano lo tenía muy claro, invadiría más allá de los contenidos de cualquier resolución de la ONU. Le apremiaba más el petróleo que la legalidad internacional. ¿Qué se había creído el soberbio Aznarín?

Precisaba Ekaizer: “La citada resolución sólo logró cuatro de los nueve apoyos necesarios, por lo que fue retirada antes de ser votada”.  Lo del tiro por la culata que señalaba en su artículo Vara no ha servido más que para provocar e incrementar carcajadas. Y lo del libro que está a punto de salir con la firma de Aznar produce más bien escalofríos. ¿Ha despertado admiración entre los que ya lo han leído? ¿Y quiénes son los que ya lo han leído? ¿Figura entre ellos el negro que, en realidad, acostumbra a hacer favores literarios al estadista de Quintanilla? Hay que buscarle siempre un buen marco a los libros de este émulo de Sir Wiston Churchill. ¿Sabe Vara que está el negro en la cuadra de Losantos? Que pregunte, que pregunte.

Luis G. del Cañuelo

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