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Nº 759 -22 de octubre de 2007
Inoportuno, pero sincero

por Santiago Carrillo

E I PP ha ofrecido en estos días dos imágenes significativas y complementarias. Por un lado, la de Mariano Rajoy, sosteniendo en solitario una banderita, en la postura de alguien que cubre sus vergüenzas, hablando a troche y moche de un amor a España y a la bandera, identificando ambas con el PP. Sólo le falta entonar el "Banderita tú eres..."

Por otro lado, el ex ministro del Interior, Mayor Oreja, uno de los participantes en los maitines de los lunes, ha hecho unas declaraciones explosivas a La Voz de Galicia justificando la dictadura franquista y negándose a condenarla.

Digo que ambas son complementarias porque, en el fondo, las dos posturas van orientadas a movilizar a la derecha tradicional nacionalista que constituye el sector más activo y estable del PP.

Claro que para ganar las elecciones este partido necesita bastantes más votos que los que le asegura esa base. Y ahí es donde la declaración de Mayor Oreja resulta inoportuna, porque envuelto en la bandera nacional es mucho más fácil dar el pego al elector demócrata que si te cubres con el pasado franquista. Y lo que ha hecho el ex ministro del Interior de Aznar ha sido reivindicar la dictadura de Franco, enseñando el plumero que en vísperas electorales conviene ocultar. De ahí que el secretario general Acebes haya corregido levemente a Mayor Oreja, sin desautorizarle. ¿Cómo iba a hacerlo si él es uno de los representantes genuinos de ese sector carpetovetónico que está en el sustrato de la base electoral del PP?
Mientras los dirigentes principales del PP sean personas que dan la imagen de estar ligados con el pasadofranquista, por una especie de cordón umbilical que la transición democrática no tuvo la posibilidad de cortar, será muy difícil distender la vida política española. Desgraciadamente, a tal actitud contribuye decisivamente la de una parte que parece dominar en la cúpula de la Iglesia, de cardenales y obispos que dan la impresión de continuar en plena Cruzada, como si estuviéramos en los años treinta. Algunos de éstos paran de echar leña al fuego. Y han convertido la radio oficial de la Conferencia Episcopal en el portavoz de la extrema derecha, de lo que podríamos considerar los lepenistas–de Le Pen– españoles. Y por si esto fuera poco la actual Curia romana ha hecho lo que nunca hicieron otros Papas, como Juan XXIII o Pablo VI, beatificar ahora a más de 400 sacerdotes caídos en la guerra civil, que fueron homenajeados y recordados diariamente durante cuarenta años, mientras se olvida a los sacerdotes vascos caídos defendiendo la República.

Parece que la familia de Mayor Oreja vivió placenteramente los años de la dictadura en Euskadi. Ya nos lo imaginábamos, como también imaginábamos que había otras familias que disfrutaron de aquel régimen. La vida bajo la dictadura fue verdaderamente placentera para un buen número de familias, pero desastrosa para muchas otras.

Mas la cuestión es otra. De los descendientes de esas familias ha habido no pocos que lucharon contra la dictadura, que hicieron sacrificios y que son demócratas irreprochables. Con todo respeto en lo personal y familiar para sus antepasados, no se identifican con ellos y han roto con la tradición política familiar. La Historia ha progresado precisamente así, porque las generaciones nuevas, acordes con su tiempo, han sido capaces de romper política y culturalmente con las viejas. Si todas hubiesen continuado las tradiciones familiares estaríamos todavía en plena Edad Media, si no en los tiempos del hombre primitivo.

He dicho y he escrito otras veces que la asignatura pendiente de la democracia española es la existencia de un partido conservador que haya roto seriamente con el pasado dictatorial. Incluso aunque en contrapunto tengamos un partido de extrema derecha como el de Le Pen. Es mucho peor que Le Pen y Chirac estén en el mismo partido. Recordaré una anécdota. Mi hermana, exiliada en Francia, parte de una familia de socialistas y comunistas. En las penúltimas elecciones presidenciales, cuando se trataba de elegir entre Chirac y Le Pen, aun haciendo de tripas corazón, votó a Chirac que, aun siendo de derechas, iba a preservar el sistema democrático. El problema de la democracia española es que hoy no tiene todavía un partido conservador al que se le pueda confiar la custodia de las libertades democráticas. •

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