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La guerra sin ley
por Miguel Ángel Aguilar
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ice el artículo 34 de las reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas que "cuando las órdenes entrañen la ejecución de actos que manifiestamente sean contrarios a las leyes y usos de la guerra o constituyan delito en particular contra la Constitución, ningún militar estará obligado a obedecerlas" y añade que "en todo caso asumirá la grave responsabilidad de su acción u omisión". De donde se deduce que existen leyes y usos de la guerra que deben ser respetados.
Así lo explica Norman F. Dixon en su libro Sobre la psicología de la incompetencia militar (Editorial Anagrama) donde escribe que "la guerra no se hace teniendo solamente en cuenta la posibilidad de obtener una victoria –término que suele entenderse como un beneficio neto descontando las pérdidas y el costo–, puesto que también se busca la gloria. Y para conseguir esa gloria es necesario hacer la guerra de acuerdo con determinadas reglas, mediante la utilización exclusiva de ciertas armas consideradas honrosas y entre soldados vestidos con trajes extraños y frecuentemente poco prácticos".
Todo esto viene a cuento de la desoladora columna que bajo el título "The Good Germans among us" se ha publicado bajo la firma de Frank Rich en el periódico Internacional Herald Tribune en su edición del 15 de octubre. Nuestro colega se ocupa de algunos de los aspectos más deshonrosos de la guerra de Iraq, una guerra sin Ley. Su lectura nos permite saber por ejemplo que ahora hay en Iraq 180.000 mercenarios que perciben salarios seis veces mayores de la paga de los soldados desplegados por los Estados Unidos.
Cuenta Frank Rich que estos mercenarios aparecen en ocasiones enlistados por una compañía basada en Dubai gestionada por australianos, registrada en Singapur y proporcionados por el subcontratista de una compañía americana con su cuartel general en Carolina del Norte. Es-te enrevesado sistema conduce a que nunca se establecen las responsabilidades sobre las cosas que ocurren. Parece que un nuevo proyecto de ley ha tenido entrada en el Congreso de Washington pero aunque llegue a ser aprobado es seguro que tendrá efectos limitados.
Paul Bremen, el virrey nombrado tras la invasión, que recibió de George W. Bush la Medalla Presidencial de la Libertad por sus esfuerzos, fue quien dictó la orden, por la cual los mercenarios quedaban exentos de la ley iraquí, una locura que siguió a otra como fue la disolución del ejército de Iraq. Pero como sostiene Rich ,son los americanos los que han de examinar su propia responsabilidad por las barbaries cometidas en su nombre en una guerra que puso en el mapa Abu Graib o el campo de Guantánamo.
Más de mil millones de dólares suponen los contratos de los que se ha beneficiado la detestable Blackwater, que se niega a colaborar con los militares norteamericanos encargados de las investigaciones por los desastres que han perpetrado sus mercenarios. Todo esto sucede mientras los buenos americanos, como cuando en la Alemania de Hitler los good germans ante los horrores nazis llevados a cabo ante sus propios ojos, se sienten excusados de manifestar su repulsa. Esperemos que en democracia se produzca un despertar que ponga fin a los abusos y devuelva el honor al ejército americano y a sus aliados la razón para seguir siéndolo.•
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