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Nº 758 - 15/10/2007

El PSOE no logra reunir a Felipe y Guerra en las conmemoraciones

DIVISIÓN SOCIALISTA EN EL ANIVERSARIO DE LA

VICTORIA DEL 82


El Partido Socialista está preparando las celebraciones del 25 aniversario de la victoria electoral que puso un punto y aparte en la historia de España. Sin embargo, los compromisos internacionales de Felipe González han obligado a posponer el acto principal e impedirán que se repita la fotografía en la que él y Alfonso Guerra
saludaban a los simpatizantes desde una ventana del Hotel Palace de Madrid tras conocerse los resultados. El que fuera vicepresidente del Gobierno ha quedado relegado a segundo plano y será José Luis Rodríguez Zapatero quien acompañe a González en el retorno al Palace.

Por Manuel Capilla

Las celebraciones proyectadas por el PSOE se celebrarán en dos fases. Alfonso Guerra será el protagonista de la primera, que tendrá lugar el 28 de octubre, la fecha en que los socialistas alcanzaron la mayoría absoluta dando la puntilla a la era UCD. El ex vicepresidente del Gobierno inaugurará una exposición en la sede del partido en la calle Ferraz de Madrid. En ella se recogerá una muestra de documentos gráficos de la época, de la campaña electoral y de las celebraciones. El acto contará con la presencia del presidente del partido, Manuel Chaves, y el secretario general, José Blanco, y entre los invitados estarán los periodistas que estuvieron cubriendo el desenlace del recuento de votos en el Hotel Palace, por lo que, entre otros, asistirán Miguel Ángel Aguilar, Soledad Gallego Díaz o Charo Zarzalejos.

Pero el plato fuerte tendrá lugar el 1 de diciembre, la fecha en que Felipe González tomó posesión y a la que ha tenido que desplazarse el acto por la imposibilidad de que el ex presidente estuviera en España el día 28. Será entonces cuando Felipe vuelva al que fue su cuartel electoral en las elecciones de 1982 para mantener una tertulia con José Luis Rodríguez Zapatero, simbolizando la evolución del partido y de España en estos 25 años a través de las políticas sociales que en su momento impulsó González y ahora Zapatero. El encuentro tendrá un cierto carácter íntimo, lejos de los festejos multitudinarios de otras ocasiones, pero a él también acudirán diversas figuras sociales relevantes de aquella época.

Así pues, no habrá foto. O más bien no la habrá con los dos protagonistas de aquella histórica noche. Zapatero sustituirá a Guerra en la imagen y quedará patente una vez más que las dos personas que gobernaron España durante 14 años hacen todo lo posible por no aparecer juntos en un acto público. Aunque en este caso la causa del des-encuentro no son, por lo menos exclusivamente, los roces que les distanciaron durante a lo largo de los años 90, sino la agenda de Felipe González, cada vez más llena de las fechas de celebración de diversos foros iberoamericanos y en la que figura el magnate mexicano Carlos Slim como uno de sus principales contactos.

Adiós a la chaqueta de pana. Con el mismo argumento de compromisos en el extranjero previamente establecidos, González no asistió a la ceremonia de conmemoración del treinta aniversario de las primeras elecciones democráticas, celebrada el pasado mes de junio en el Congreso de los Diputados. El acto presidido, por Don Juan Carlos, quedó bastante deslucido por la ausencia de González y del otro presidente que se ha mantenido más tiempo en el cargo, José María Aznar, quien por lo menos dio alguna explicación al respecto. Sin embargo, las razones de la ausencia de Felipe, sólo las sabe él.

Poco queda del abogado laboralista que en 1974, con sólo 32 años, consiguió hacerse con la secretaría general del partido en el XIII Congreso del partido, celebrado en la localidad francesa de Suresnes, y que supuso la primera piedra de la victoria socialista en 1982.

Fue en Suresnes cuando el sector renovador encabezado por González y Nicolás Redondo desplazó definitivamente a los 'históricos', los herederos directos de la cúpula del PSOE durante la II República y que, liderados por Rodolfo Llopis, habían mantenido la jefatura del partido en el exilio.

Hasta 1976, durante el XXVII Congreso - el primero celebrado en España pero todavía en la clandestinidad-, Alfonso Guerra no alcanzó la cúpula del partido, al ser nombrado secretario de Organización.

Juntos, González y Guerra, abordaron unacuestión importantísima a la hora de conseguir el apoyo y, lo que es más importante, la financiación de los grandes partidos socialdemócratas europeos: la 'desmarxización' del PSOE. El ex presidente, en el XXVIII Congreso, en mayo del 1979, propone que el término 'marxista' no siga definiendo al partido, una idea que es rechazada por el sector crítico, abriendo una crisis fenomenal en el seno de la dirección. González renuncia a su reelección en el cargo y la dirección del partido queda en manos de una comisión gestora.

Poco después, con la celebración de un congreso extraordinario en septiembre, los críticos dan su brazo a torcer y el PSOE elimina sus postulados marxistas, alineándose así con las tesis preconizadas por el ex canciller alemán Willy Brandt desde la presidencia de la Internacional Socialista. Así, el marxismo se convierte en "una de las aportaciones al socialismo, un instrumento teórico y crítico -no dogmático- para el análisis de la realidad social".

Es precisamente en este congreso extraordinario cuando Alfonso Guerra es promocionado al cargo de vicesecretario general, dando inicio a una de las parejas políticas más importantes de la historia de España. Consolidada su hegemonía en el partido, ambos consiguieron llevar al PSOE de los casi cinco millones y medio de votos conseguidos en las generales de 1979 a los más de diez que les dieron la mayoría absoluta en 1982.

El impacto que supuso la llegada de Felipe González a la Moncloa fue tal que, muchos años después, cuando a principios de los 90 comenzaron a aflorar los casos de corrupción y la crisis económica tenía a más de tres millones de personas desempleadas, el PSOE conseguía hacerse con la victoria en las elecciones prácticamente sólo con la herencia del Ejecutivo salido de las urnas en 1982, que había transformado España de arriba a abajo y para siempre.

La potenciación y generalización de los servicios públicos en sanidad, educación o protección social marcaron un antes y un después en un país que menos de dos años antes de la foto del Palace había visto como los uniformes intentaban imponerse de nuevo a la democracia. •


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