Nº 758 - 15 de octubre de 2007
 
Hemeroteca Esta semana

De la Ley de la Memoria Histórica

La derecha no se ha enterado aún (no se ha querido enterar, ciertamente) de que los abusos perpetrados en zona republicana, que los hubo, claro que los hubo, tras el golpe militar de julio de 1936, fueron divulgados, reiterados, potenciados y  manipulados pro domo sua a lo largo de casi cuarenta años de dictadura franquista. Las víctimas de los excesos, no pocos de ellos criminales, llevados a cabo por los sectores más radicales y más incontrolados del bando republicano, fueron honradas y enaltecidas y hasta llevadas a los altares muchas de ellas en una oleada de beatificaciones sin precedentes que a día de hoy suma y sigue. Que conste, por otra parte, que calificar de bando al Gobierno de la II República me parece algo notoriamente inapropiado, puesto que el Gobierno legítimo y legal no fue un bando, sino la expresión política más relevante surgida democráticamente de las urnas de febrero de 1936.

Habría que devolver la memoria precisamente a los conservadores, salvadas todas las excepciones, que son lamentablemente pocas. Y es que el PP ha perdido la memoria. Sus dirigentes, cuadros, militantes, simpatizantes y votantes olvidan que no es cierta la afirmación contenida en un reciente editorial del diario El Mundo, que cargó de forma desaforada contra la Ley de la Memoria Histórica que, al parecer, acabará siendo aprobada, aunque muy recortada, en esta legislatura en fase terminal. “Si lo que se pretende es restituir la memoria de aquella etapa histórica, tan justo sería recordar a las víctimas de los abusos de un bando como de otro. Pero la ley pactada entre el Gobierno, IU y los nacionalistas sólo habla expresamente de las víctimas del franquismo sin mencionar jamás a las otras.”

¡Pero, hombre, si el franquismo ya cultivó hasta el hastío el homenaje a los caídos por Dios y por España, presentes! Unos eran caídos heroicos y los otros, en cambio, eran a lo sumo rojos de mierda. Estos segundos no tenían ni Dios ni patria. Eran la AntiEspaña y además el AntiCristo. Gozaron los caídos procedentes de las filas golpistas de veneración profunda y de ciertas prerrogativas de todo género y condición. Al menos, del respeto social, impuesto, por cierto, por las bayonetas, la censura, el nacionalcatolicismo, la policía, los jueces y las cárceles o los piquetes de fusilamiento o el garrote vil, en fin, un régimen maravilloso que nos tocó en suerte gracias a los apoyos que obtuvo el Caudillo, provenientes de los latifundistas, los grandes empresarios, los delincuentes financieros y los amigos de todos ellos del extranjero, con el soporte militar de la Alemania nazi y de la Italia fascista, mientras las naciones democráticas se la cogían con papel de fumar.

“Zapatero ha cometido en esta ley el despropósito de pretender enlazar la actual legalidad democrática con la de la Segunda República, tachando de un borrón cuatro décadas de Historia. El resultado es un bodrio que haría bien en retirar, aunque sólo fuera para no molestar a la mitad del Parlamento y de la nación”, sostenía el editorialista del citado rotativo. Es decir, que Zapatero, si no lo hemos comprendido mal, tendría que haber enlazado el régimen actual con “cuatro décadas de Historia.” ¡Uy, uy, uy, qué bonito! Los cuarenta años de franquismo, prólogo necesario de la restauración democrática de nuestros días, que se remonta, por otro lado, a treinta años ya. Hubiera podido escoger Zapatero en el rico muestrario del contraste de pareceres que predicaban los jerifaltes del fascismo español. Desde el falangismo al carlismo, pasando por la CEDA, los monárquicos y los católicos, de la ANP, del Opus y de María Santísima. Una buena mezcla sobre la que se asentó el Movimiento, la democracia orgánica, los procuradores familiares, los obispos procuradores, los moros procuradores y la madre que los parió a unos y a otros.

¡Qué gente, qué tropa, qué derecha la nuestra! ¡Qué desgracia! A mis noventa y tantos años, miro hacia atrás y me estremezco. Recuerdo, porque lo viví desde muy cerca, aquella República a la que mataron los militares sublevados. El absolutismo regresó con urgencia para liquidar una España que quería ser liberal y tolerante, moderna y humanista, laica y no meapilas. Llegó a tiempo y estuvo a punto de abortar. Luego se le complicaron las cosas. Costó tres años de guerra y cientos de miles de muertos. Costó una generación como mínimo de españoles perseguidos por sus ideas, de silencio de cementerios, de castración intelectual.

El PP encarna las esencias del franquismo. Esa es la verdad. Que nadie se llame a engaño, que nadie niegue la evidencia, que sepamos de una puñetera vez que éstos son los hijos y los nietos de aquellos verdugos. La Ley de la Memoria Histórica es un ejercicio encaminado a la dignidad. No quieren, no la quieren. Les da pánico que hurguemos en su pasado. Vivieron fenomenalmente con Franco. Que no se lo toquen. El salvador de España yace en el Valle de los Caídos. Lo construyeron a golpe de látigo y de represión los vencidos. Por eso odian al abuelo de Zapatero, porque fue un militar leal con la República. Por eso odian a Zapatero.

Luis G. del Cañuelo

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