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| Nº 758 -15 de octubre de 2007 |
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Sembradores de ira
por Santiago Carrillo L os dirigentes del Partido Popular han infectado a una parte de la opinión pública con el virus de la ira y el desafío. En esta peligrosa tarea cuentan con ayuda entusiasta de la radio de los obispos y las declaraciones públicas de ciertos relevantes prelados, que no se resignan a que el Estado sea aconfesional y que vivían mejor con Franco. El primero en echar leña al fuego es el Sr. Rajoy, que cada día calienta a sus legiones con una o dos discordias más. Le sigue el Sr. Acebes, que al parecer va por ahí diciendo a los suyos que recen mucho, pero a la vez acentúa su agresividad. Este ex ministro de Interior demostró hasta la saciedad su incompetencia el 11M y todavía no se ha enterado de que fue Bin Laden quien provocó aquella matanza, y ahora se ofrece a diario para salvar España. Aviados estamos con estos salvadores, alguno de los cuales ha olvidado aquello de que estaba en la política "para forrarse". Y detrás de ellos, ahora el Vaticano prepara la beatificación de los curas caídos en la Guerra Civil, excepto los curas vascos muertos por el franquismo. La decisión se toma cuando la derecha española emplaza toda su artillería para impedir que se apruebe la Ley de la Memoria Histórica. Durante cuarenta años estas víctimas fueron glorificadas por el régimen dictatorial; junto a todos los caídos en las filas franquistas, que fueron considerados héroes nacionales. Sobre las víctimas del campo republicano, infinitamente más numerosas y entre las que se encuentran muchos católicos, se hizo el silencio más absoluto, cuando no fueron denigrados. El Vaticano ha olvidado yaque la Iglesia cubrió las atrocidades de la dictadura con su sagrado manto y que consideró la guerra como una "santa cruzada" contra los "enemigos de la Religión". No importa que ahora la ley rehabilite la memoria de tantas víctimas inocentes–el historiador Preston ha escrito que sólo en Granada hubo 5.000 muertos por los franquistas entre la población civil– y que trate de recuperar sus restos para darles digna sepultura, la derecha la utiliza para fomentar iras y desafíos. Lograr este fin lo justifica todo. No hay decisión del Gobierno que no sea manipulada para levantar barreras entre los españoles y fomentar odios: la educación ciudadana y el perfeccionamiento del sistema autonómico, las leyes que dan derechos e igualdad a ciudadanos y ciudadanas... El colmo es ya la declaración de que el Gobierno ha vaciado la despensa que dejó llena el PP. Solbes ha respondido ya que dejaron la despensa vacía y que además no habían pagado las facturas anteriores. No hay duda de que si el PP dejó algunas despensas llenas fueron éstas las de los negociantes del cemento y el ladrillo o la del Sr. Aznar, que sigue fomentando el "guerracivilismo", al tiempo que acumula dólares en los pingües empleos que le han procurado los amigos de Bush. La última maniobra consiste enun torpe intento de utilizar al Rey. Le han estado ninguneando, han tratado de mermar su prestigio –en el fondo porque no le perdonan su innegable contribución a la devolución al pueblo de la soberanía nacional que Franco secuestró durante 40 años– y ahora pretenden erigirse en sus "protectores". En el fondo están pen- I sando en resucitar la alianza de la Corona, el sable y el altar, como si viviéramos con dos siglos de retraso. Por cierto que esos grupos de muchachos que queman el retrato del Rey, les dan involuntariamente y gratuitamente argumentos fáciles a quienes intentan volver al pasado. Los republicanos que hemos luchado contra el franquismo pensamos que la monarquía parlamentaria garantiza hoy la existencia de un sistema democrático y que cualquier estrategia política que refuerza a la derecha es un error. En España, durante los últimos treinta años ha cambiado todo...Todo menos la derecha. Los portavoces actuales de la derecha, sean políticos, obispos o periodistas, no cambiarán hasta que reciban un considerable batacazo electoral. Y si no se lo propinamos en las próximas elecciones, podríamos pagarlo muy caro. Piénsese lo que la ira y el desafío podrían hacer desde el poder.• |
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