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Nº 757 - 8 de octubre de 2007

El monarca, acosado por los extremistas, sale, por primera vez,   en su propia defensa

Yo, el Rey

Don Juan Carlos se encuentra en medio del fuego cruzado. El de los medios de comunicación de la derecha, que se acusan unos a otros de dar pábulo a los extremistas antimonárquicos; el de los independentistas catalanes, que han emprendido una minoritaria pero ruidosa campaña con la quema de fotografías de los Reyes, y de los principales partidos políticos, que se echan en cara la actitud que han adoptado ante los ataques a la Corona. Los actos de Girona y Barcelona y la insólita demanda del periodista Federico Jiménez Losantos pidiendo la abdicación del monarca han propiciado un hecho aún más inédito. Por primera vez en sus 32 años de reinado, el también jefe del Estado ha reivindicado públicamente la idoneidad de su figura y su institución en el sistema democrático español. Con la complicidad y aquiescencia del Gobierno, Don Juan Carlos ha roto su silencio para defenderse de los envites de quienes le han convertido en un peligroso pretexto de sus peleas.

Por Virginia Miranda

Está preocupado. Y se le nota. Siempre ha habido quien portara señeras republicanas o quien censurara ciertas actitudes de la Familia Real, pero nunca se había organizado un revuelo semejante como para que don Juan Carlos se haya visto en la necesidad de romper su tradicional silencio para salir en defensa de la institución a la que representa y de su propia supervivencia en el cargo. Tras 32 años de reinado, el Monarca, en un discurso insólito pero no por ello inesperado, ha escogido la apertura del curso de la Universidad de Oviedo para resaltar, en medio de las protestas de jóvenes antimonárquicos quemando fotografías de los Reyes en Cataluña, del fuego cruzado entre medios de la derecha y partidos políticos, de las mociones en ayuntamientos andaluces reclamando la III República y de la propuesta de ERC en el Senado para que el Monarca deje de ser el jefe de las Fuerzas Armadas, “los valores de la convivencia democrática” que han propiciado “el más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España, en el marco del modelo de Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución”.

Éste, como sus discursos de Navidad y la Pascua Militar, pasaron por el tamiz del Gobierno, que dio su conformidad para que don Juan Carlos hiciera este intencionado alegado en defensa de la Corona. Los medios conservadores y el principal partido de la oposición insisten en responsabilizar al presidente Zapatero de los acontecimientos vividos estas últimas semanas en Cataluña por la que llaman su deriva nacionalista: tras la primera quema de retratos de los monarcas en Girona el 13 de septiembre por parte de un grupo de jóvenes independentistas, se han sucedido otras protestas del mismo calibre. Una de las últimas, en Barcelona, donde también se prendió fuego la semana pasada un muñeco que representaba al Rey. Y en Internet corre como la pólvora la convocatoria de una nueva concrentración para quemar su retrato en 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional. Sin embargo, la respuesta del jefe del Ejecutivo, que Mariano Rajoy ha calificado de “tardía” y “mínima” –no habló hasta que don Juan Carlos pronunció su discurso en la capital asturiana–, responde a la política de gestos, y no de palabras, que el Rey ha venido ejerciendo desde la época de la Transición.

Uno de esos gestos tendrá lugar esta semana. El día 10, dos antes de la celebración del 12-O y su tradicional desfile militar por el madrileño Paseo de la Castellana, don Juan Carlos presidirá la constitución del Consejo de Defensa, máximo órgano asesor y consultivo del presidente del Gobierno en materia de seguridad que viene a sustituir la Junta de Jefes de Estado Mayor. El lugar escogido para el acontecimiento y sus protagonistas no es anecdótico: el acto se celebrará en el Palacio de la Zarzuela y contará con la presencia de José Luis Rodríguez Zapatero y también con la del Heredero, Don Felipe. Don Juan Carlos presidirá este primer encuentro como “Mando Supremo de las Fuerzas Armadas”, función que le otorga la Constitución sin atribuciones, ya que es el jefe del Ejecutivo el máximo responsable de la política de defensa. Pero el acontecimiento está cargado de simbolismo, máxime cuando la creación del consejo está prevista en la Ley de Defensa Nacional aprobada a finales de 2005 y es ahora y en estas circunstancias cuando el Consejo de Ministros aprueba el real decreto que regulará el funcionamiento y composición de un órgano que, bajo su anterior configuración, no se reunía desde 2002.

Quienes reprochan al Monarca sus simpatías por los socialistas tienen parte de razón. Y es que desde la consolidación de la democracia hasta ahora, ha sido el PSOE el partido con el que mejor ha sintonizado el Rey y, a pesar de no ver con buenos ojos su política territorial, el suyo, a día de hoy, es un mal menor. Fuentes del Gobierno aseguran que en Zarzuela están nerviosos “por la utilización que está haciendo el PP de la Corona, circunstancia que le viene bien para agitar las aguas en periodo electoral”. Y dicen que el Monarca está preocupado por la insistencia de medios y partidos políticos en “darle vueltas al tema”. “El raca raca con el Rey” que dice Cándido Méndez, uno de los líderes sociales que han salido en defensa del jefe del Estado. Las palabras del secretario general de UGT fueron una respuesta a la homilía del primado de España y arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, en la que acababa de pedir a los fieles que rezaran por el Monarca, “que tantas injurias está recibiendo estos días”. “Descuelgue el teléfono interno, Eminencia”, dijo Méndez en un acto en Pontevedra al que también asistía Zapatero. El líder sindical se refería a la COPE y a los duros ataques lanzados por su locutor estrella contra el Rey.

“La pinza”. El Partido Popular ha mezclado dos conceptos para tratar de desgastar a Zapatero: el de que España se rompe y el de que la desmembración empieza por moverle al Rey de la silla. “Cuando hay un presidente del Gobierno que dice que la nación es un concepto discutido y discutible, cuando se mira para otro lado cuando se queman carteles o la efigie del Rey, cuando no se defiende con claridad la nación pues, al final, acaban pasando estas cosas”, ha dicho Rajoy. Mientras, en la última sesión de control al Gobierno, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega le espetó a la bancada popular que ahora quieren “utilizar hasta los símbolos y la Corona para provocar la confrontación entre españoles”. 

Pero donde de verdad se está librando una batalla encarnizada con el Rey como excusa es en los medios de la derecha. Por un lado está el ABC, que habla de “una pinza” entre sectores de izquierda que “intentan desacreditar la Transición”, en referencia a los independentistas catalanes con la connivencia de Zapatero, y la “derecha republicana”, alimentados “por algunos medios de comunicación”. El diario dirigido por José Antonio Zarzalejos se refiere a El Mundo y la COPE, tradicionales enemigos del centenario rotativo desde que éste se desvinculara a principios de legislatura de la teoría de la conspiración sostenida por el diario de Pedro J. Ramírez y la emisora de los obispos. Al periódico le reprocha haber dado cancha a cuantas noticias negativas han ido surgiendo alrededor de la Familia Real y contar con Federico Jiménez Losantos entre su nómina de colaboradores. A la COPE, que permita que éste último continúe con su escalada de ataques al Rey. El periodista de cabecera de la cadena episcopal, como El Mundo, le ha devuelto los reproches a ABC, inscribiendo las críticas a la guerra de medios que vienen librando desde 2004. Sin embargo, mientras Pedro J. Ramírez niega en sus editoriales sus supuestos ataques a la Corona para ponerle “sobresaliente” o “notable alto”, Losantos ha continuado con su ofensiva contra don Juan Carlos, a quien por dos veces ha pedido que abdique en favor de su hijo.

“A la institución le vendría bien una abdicación”.  Tan insólito como que el Rey tenga que salir a defenderse es que el director de La manaña de la COPE le diga que abandone el trono y la jefatura del Estado. “Lo mejor para la institución sería que abdicase en su hijo, que no tiene negocios, que no tiene líos, que no tiene amigos en la cárcel”, dijo Losantos la semana pasada pasa continuar reprochándole lo que considera una “inhibición clamorosa” de sus funciones. “Que ante el Estatuto catalán y el diálogo con ETA el Rey no haya tenido nada que decir, que ante la campaña contra el PP, los católicos y la COPE, el Rey no haya tenido nada que decir, hombre... ¿Qué creen, que aquí somos siervos de la gleba?”.

El iracundo discurso radiofónico del periodista resulta tanto o más polémico que la quema de fotos de los Reyes en Cataluña, aunque las respuestas emanadas de unos y otros entornos no han sido del mismo calibre. Desde Cataluña, y con la excepción significativa del ex president Jordi Pujol –dice en un artículo que “el sistema político que ha funcionado durante los últimos 30 años empieza a no funcionar [...] un sistema que precisamente tiene el rey como vértice”–, empresarios y políticos han salido en defensa de la monarquía –el portavoz de CiU en el Parlament, Felip Puig, dice en páginas posteriores de El Siglo que desea “larga vida al Rey y la monarquía”–. Sin embargo, desde la Conferencia Episcopal se han hecho esperar las palabras de su presidente, Ricardo Blázquez, diciendo sentir “que este tipo de cuestiones aparezcan en nuestra sociedad”.

El 12-O, el Rey volverá a reivindicarse esperando que pase la tormenta y confiando en que las protestas antimonárquicas no le pasen factura en las encuestas de popularidad.

El himno y la letra

Las estrategias electorales de los dos principales partidos del arco parlamentario convergen en varios puntos del programa. La idea de España, por ejemplo. Los dos intentan arrogarse el papel de baluarte de la unidad nacional, concepto intangible al que tan sólo se le puede meter mano a través de sus símbolos. El más reconocido y reconocible en todo el mundo, por detrás de la bandera, es su himno, una melodía a la que precisamente ahora, cuando el PSOE y el PP están echando un pulso para saber cuál de los dos es capaz de defender mejor a España, le quieren poner letra, sumando un nuevo escenario de conflicto político a menos de seis meses de las elecciones.

Hace tan sólo unos días, el Comité Olímpico Español (COE) y la Sociedad General de Autores (SGAE) fijaron los plazos para la elección del texto que podría convertirse en la letra oficial del himno nacional. Según sus responsables, la recepción de letras se cerrará el viernes 26 de octubre a las dos de la tarde y tres días después, el 29, se hará entrega de todas las letras al Instituto Complutense de Ciencias Musicales. El 5 de noviembre se celebrará la reunión constitutiva del jurado, formado por personas “del mayor reconocimiento social en sus áreas y de probada solvencia e independencia", y el 19 de diciembre, fecha en la que el COE celebrará su gala anual, se presentará en sociedad la letra seleccionada, que después trasladará al Parlamento para buscar un mayor consenso político.

El apoyo del PP dependerá de si el texto recoge sus reivindicaciones. Aprovechando la coyuntura, la de los ataques a la monarquía y el inicio de los trámites para que el himno tenga letra, el presidente del PP, Mariano Rajoy, ha anunciado que llevará en su programa electoral que en ella se hable “de la Monarquía y de España”, reclamando que sean las Cortes y no la Sociedad General de Autores quien la apruebe. El pasado 6 de junio, el PP ya presentó una proposición no de ley en ella Cámara baja para que una comisión, formada por representantes del Instituto de España y de las academias de la Lengua, la Historia y de las Bellas Artes, además de por un miembro de cada grupo parlamentario en las Cortes, se encargara de poner letra al himno nacional. Nada que vercon la intención del Gobierno, que para los populares, cómo no, ha vuelto a desafinar.

Orgullo español

Es una obviedad, pero en pleno arranque de la campaña electoral, los populares han querido reivindicar su españolismo para presentarse como contrapunto a un PSOE al que acusan de querer romper España. Acompañado de Daniel Sirera y María San Gil, los presidentes del PP vasco y catalán, y del líder de Nuevas Generaciones (NN GG), Nacho Uriarte, el secretario general del PP, Ángel Acebes, acaba de presentar la campaña “Somos España” para, dice, defender la nación ante la “gravísima encrucijada histórica” en la que se encuentra debido al “órdago independentista” del lehendakari Juan José Ibarretxe y a los actos contra la Corona y la bandera.

Las NN GG del Partido Popular se encargarán de dar a conocer esta campaña por todo el territorio nacional -especialmente por Cataluña y Euskadi- con el objetivo de "animar" a los ciudadanos a participar "de manera especial", y "por encima de diferencias ideológicas", en "la fiesta de España y de todos los españoles", el próximo día 12, día de la Hispanidad. La intención es animar a los alcaldes a dar “oportunidad a sus vecinos de disfrutar esta fiesta de España haciendo posible el homenaje que crean más oportuno".

La iniciativa se plantea por tanto como una respuesta de los cachorros populares a los  independentistas radicales y, metiendo a todos en un mismo saco, a Zapatero, que les hace sentir “huérfanos” a unos jóvenes que no cuentan con un presidente "seguro de sí mismo" y "orgulloso de ser español". "Somos más y más valientes que los que ultrajan la Corona; somos más que los que asesinan y reclaman la independencia del País Vasco; somos más los que nos sentimos orgullosos de sentir los colores de nuestro país", dijo Uriarte durante la presentación de una campaña que tuvo su segunda parada en Valencia antes de recalar en Bilbao.

Nuevas Generaciones tuvo su segunda oportunidad de ser titular de prensa la pasada semana tras la presentación de un vídeo de las Juventudes Socialistas, donde se mofaban de los pijos del PP que se oponen a la asignatura Educación para la Ciudadanía. “Un vídeo simpático”, le dijo el presidente Zapatero a Ana Rosa Quintana en su programa de Telecinco. “No aporta nada al debate ni al interés de los jóvenes, ni desde luego a la situación política que se está viviendo en este país", contestó Uriarte desde la capital del Turia, echándole después en cara al PSOE que triplican a Juventudes Socialistas en número de afiliados.

El problema de la foto

¿Por qué se puede conseguir la foto oficial del Rey en traje de gala firmada por Alberto Schommer en 1999 –portada de este número– y sin embargo la Casa Real no facilita el mismo retrato tomado en 2007 por Dany Virgili? Sobre estas líneas aparece Don Juan Carlos con Doña Sofía en una de las fotos de la serie presentada el pasado mes de marzo. Pero desde Zarzuela dicen que la misma imagen, donde posa sólo el monarca, no se distribuye a los medios.

Las gaviotas del PP por Enric Sopena


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