Hemeroteca Esta semana
 
Nº 757 - 8/10/2007

Felip Puig, portavoz de CiU en el Parlament de Cataluña

"DESEO LARGA VIDA AL

REY Y A LA MONARQUÍA"


El portavoz de Convergencia i Unió (CiU) en el Parlamento catalán es uno de los principales dirigentes de CDC y de la federación nacionalista. Hombre de confianza de Artur Mas, Puig no esconde sus profundas convicciones soberanistas, pero defiende abiertamente la participación de los nacionalistas catalanes en la gobernabilidad de España, para "abrir la puerta a la segunda transición que nos lleve al reconocimiento de la plena plurinacionalidad del Estado". Puig asegura que "Rodríguez Zapatero ha provocado una gran decepción en Cataluña", porque "no ha cumplido con sus compromisos". El dirigente de CiU condena sin trapujos la quema de fotografías del rey Juan Carlos I en diversos puntos de Cataluña y
considera que "los pirómanos antiborbónicos se dan la mano con los incendiarios anticatalanistas".

Por Paco Soto (Barcelona)

Q ué valoración hace usted de la situación política en Cataluña y España?
—Estamos en una etapa de transición importante. Hace ya unos años CiU planteó la necesidad de iniciar una nueva transición. Creo que estamos entrando en esta segunda transición, pero lo estamos haciendo de una forma convulsa. Constato que el Estado de las Autonomías ha representado una buena etapa de descentralización para lo que son las provincias y regiones españolas, pero ha dejado insatisfacción en Cataluña y Euskadi y no ha significado el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado. En el País Vasco, el PNV ha iniciado una estrategia que desembocará en una consulta popular que, desde Cataluña, respetamos pero que no contemplamos a corto plazo para nosotros. Los grandes partidos españoles están cerrados al cambio. El gran pacto constitucional del año 1978 perseguía la democratización y modernización de las estructuras del Estado, pero era un pacto provisional desde el punto de vista del reconocimiento de las naciones y nacionalidades. Ahora España quiere dar por cerrado este pacto, y yo creo que esto es lo que provoca tensiones territoriales. Esto en Cataluña coincide con una insatisfacción nacional. Hay cierta consternación en Cataluña, porque tenemos autonomía, pero no el pleno reconocimiento como comunidad nacional con identidad propia. Además, se vive cierta confusión y desencanto, porque tenemos un Gobierno del tripartito que no tiene proyecto de país. Y mucho menos con el presidente José Montilla que con el presidente Pasqual Maragall.
—¿Y cuáles son las repercusiones de lo que usted afirma?
—Pues significa que el presidente Montilla intenta diluir el hecho nacional catalán en España. Cataluña no tiene un dilema con España, como sostiene Montilla, es España la que tiene un dilema con Cataluña. El PSC tiene un proyecto claramente español, y esto provoca cierta consternación, pesimismo y malestar en un sector importante de la sociedad catalana. Vivimos una crisis política; la gente ve que los asuntos del país no se están gestionando bien y los actuales dirigentes catalanes no tienen ni la capacidad ni el objetivo de situar a Cataluña en el mundo. El presidente Pujol supo simbolizar y liderar los intereses de Cataluña, pero no es el caso del presidente Montilla y del PSC.
¿Cree que España vive una crisis institucional?
Yo no identificaría esta crisis con la quema de fotografías del Rey, ni tampoco con planteamientos como hace el señor CarodRovira con su referéndum de autodeterminación para el año 2014. Ni siquiera con la propuesta de lbarretxe. La crisis institucional no está relacionada con una supuesta debilidad del Rey, como árbitro de la situación, sino que está ubicada en la respuesta que dé el Tribunal Constitucional al Estatuto catalán. Lo que está pasando en el Tribunal Constitucional es un símbolo evidente de que es necesaria una nueva etapa, pero ni el PSOE ni el PP tienen suficiente valentía política para afrontarla.
Piensa que la respuesta del Alto Tribunal al Estatuto será negativa?
Yo suelo ser optimista y quiero pensar que se encontrará una solución. Sería bueno para Cataluña pero también para la propia sociedad española. Espero que entre todos tengamos la suficiente valentía y altura de miras para encontrar una solución.
¿CiU sigue planteándose la necesidad de ser decisiva en la gobernabilidad de España?
1 AV-
-Por supuesto que sí. En primer lugar, porque la crispación y radicalización de los dos grandes partidos podría provocar en el futuro una cierta desestabilización que acabaría siendo negativa para el progreso económico y social y la modernización del Estado. CiU aporta moderación y equilibrio a la política española y contribuye a que España se siga manteniendo en el pelotón de los países más punteros de Occidente. En segundo lugar, queremos influir en la política española para solucionar la crisis en Cataluña y abrir la puerta a la segunda transición que nos lleve al reconocimiento de la plena plurinacionalidad del Estado.
—¿La federación nacionalista contempla la posibilidad de llegar a un pacto postelectoral con el partido ganador de las próximas legislativas, el PSOE o el PP?
—A corto término es imposible pactar con el PP. El Partido Popular está demostrando que no está a la altura de los grandes partidos de la derecha europea y desde el punto de vista de las convicciones democráticas todavía no es un partido mayor de edad. Teniendo en cuenta la hostilidad que ha mostrado el PP hacia Cataluña y su reiterada vulneración de la calidad democrática, veo difícil un pacto
con este partido a corto término. Pero si algún día el PP rectifica su actitud hacia Cataluña y su dirección es sustituida por dirigentes más tolerantes, modernos y dialogantes, es evidente que CiU se planteará pactar.
—¿CiU se siente defraudada por José Luis Rodríguez Zapatero?
—Rotundamente sí. Pero no sólo a CiU. Rodríguez Zapatero ha provocado una gran de-
cepción en Cataluña. No ha cumplido ni con sus compromisos ni con las expectativas de impulsar una nueva generación de dirigentes más abiertos a las tendencias del futuro, más valientes frente a las hipotecas del pasado y más sensibles a la realidad plurinacional de España. Zapatero está demostrando en esta última etapa de su primera legislatura que es un político débil en sus propias convicciones y oportunista. La frivolidad, la superficilidad
y el poco rigor en la gestión de las cosas caracterizan a Zapatero, que tampoco es capaz de liderar al Estado español para que se mantenga entre los diez primeros países del mundo. No se puede comparar ni con Nicolas Sarkozy en Francia ni con Gordon Brown en el Reino Unido.
Señor Puig, ¿cree de verdad que la última crisis de CiU se ha superado?
No le quiero dar una respuesta políticamente correcta. Ha sido una crisis fuerte que ha dejado heridas. Me parece evidente. Ha sido la primera crisis sin el liderazgo de Jordi Pujol y estando CiU en la oposición, y, por lo tanto, sin el bálsamo que significa la responsabilidad de gobierno. La crisis no es fruto ni de personalismos, ni de las relaciones entre Artur Mas y Josep Antoni Duran i Lleida, sino del hecho de contrastar proyectos y estrategias diferentes cara a la próxima legislatura española.
¿Estrategias políticas distintas?
—Hemos tenido algunas divergencias que hasta ahora no se habían puesto sobre la mesa, como nuestra participación en la política española. Dicho esto, creo que hemos hecho todos un esfuerzo de responsabilidad, porque CiU quiere seguir manteniendo su vocación de fuerza política de centro y nacionalista. Tenemos algunas diferencias, UDC piensa en une España confederal y CDC aspira más a un Estado plurinacional, pero hay muchos puntos en común. Han quedado algunas heridas, pero hemos superado la crisis, se lo aseguro. Queremos seguir representando un proyecto de catalanismo político moderado y sensato.
Otros partidos catalanes tampoco viven su mejor momento.
Sin lugar a duda. El PSC acabó decapitanto a su presidente, Pasqual Maragall; ERC tiene una grave crisis interna que sus dirigentes intentan detener como pueden, y hasta el PP ha tenido que librarse de Josep Piqué. Hay tres o cuatro ERC en un mismo partido y el PSC se ha quedado sin su sector catalanista. En cuanto a ICV-EUiA, se ha instalado en la felicidad virtual permanente, y Ciutadans también vive convulsiones importantes.
¿En este contexto que ha descrito, no le parece un tanto arriesgada y complicada la propuesta de renovar el catalanismo de Artur Mas?
Dice un refrán que "en época de crisis no hagas mudanzas". Pero nosotros hemos querido decir que, más allá de los problemas políticos e internos de los partidos, el catalanismo, como proyecto aglutinador, tiene que renovar sus fundamentos doctrinales y ampliar su base social, sobre todo de cara a esta parte de la sociedad que ve con cierta incomprensión lo que es Cataluña. Hemos hecho una propuesta para intentar que desde la propia sociedad civil se superen los problemas y las divergencias de estrategia y se vuelva a tener referentes claros. Tenemos que hacer una reflexión de país. La propuesta de Artur Mas es generosa e inteligente.
—¿El independentismo ha crecido en Cataluña en los últimos tiempos?
—Yo soy un soberanista convencido y no lo oculto. El independentismo no es que haya crecido, sino que se manifiesta más abiertamente, con mayor pulsión. Desgraciadamente, algunos, como ERC, lo hacen con radicalismo y sensacionalismo. Esto es contraproducente para las aspiraciones nacionales de Cataluña.
—¿Cómo interpreta la quema de fotografías del rey Juan Carlos I en diversos lugares de Cataluña?
Lo lamento, lo rechazo y lo condeno. La crítica política no se puede hacer desde el in-civismo y la provocación estéril. Tenemos libertad de expresión y no hace falta provocar para defender una opción política, pero también critico el comportamiento desproporcionado de ciertas instancias judiciales, pclíticas y mediáticas españolas. Los pirómanos antiborbónicos se dan la mano con los incendiarios anticatalanistas.
Pero, a su juicio, ¿la monarquía está en crisis como institución del Estado?
Mire, desde mis convicciones de que los valores republicanos son el fundamento de toda sociedad democrática que pretende ser más igualitaria, hoy por hoy, deseo larga ida al Rey y a la Monarquía. ¿Por qué? Pues porque me parece que para Cataluña sería mucho peor tener que escoger cada cuatrc o seis años al presidente de una República q ue se movería entre la visión cerrada de lo q ue es España de la extrema derecha del PP y el socialismo uniformizador del PSOE. ¿Se imagina presidente de la república a José María Aznar o Alfonso Guerra? Sería horroroso para Cataluña. Ante esta situación, todavía tenemos esperanzas de que la Monarquía puede desempeñar el papel de árbitro. •




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