5 1 1 4 6 9 4
Hemeroteca Lista Temas de portada
Buscador
Nº 756 - 1 de octubre de 2007

Cómo se prepara Bono para su nueva escalada al poder

El retorno  del brujo

 

En el Partido Socialista lo tienen claro: José Bono sabe ganar elecciones. Sabe conectar con el electorado sin necesidad de echar mano de los presupuestos con anuncios de precampaña, sabe poner objeciones a la política de Zapatero sin trastocar las esencias del socialismo y sabe ser un líder. El riesgo que esto último pueda entrañar no se contempla como un peligro para el presidente del Gobierno, pero un desliz, un fallo imprevisto, y su suerte y la del ex ministro pueden cambiar. Dicen que no quiere estar en primera línea política, pero tampoco en el pelotón. La presidencia del Congreso, donde podría encajar en otra legislatura socialista, es un buen puesto de carrera donde destacar sin perder el resuello. Mientras, en Ferraz, como en el electorado socialista, son pocos los que logran resistirse a su embrujo. Las críticas a la estrategia de Gobierno y el equívoco de Madrid no han logrado romper el hechizo que quien fuera presidente regional alimenta con sus medidos y estudiados pasos para su nueva escalada al poder.

Por Virginia Miranda

D e ganar el PSOE las elecciones, la posibilidad de que José Bono sea presidente del Congreso en la próxima legislatura va tomando fuerza. Se le escapó a José Blanco el pasado mes de julio en una boda delante de periodistas. Zapatero y José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha, acaban de dar por hecho que está dispuesto a ir en las listas, aunque han preferido no volver a mover a Manuel Marín de la silla antes de tiempo. Y en el círculo próximo a Bono dicen que no tiene intención de estar en primera línea, lo que convierte la presidencia de la Cámara Baja en la mejor opción posible para un político con una trayectoria como la suya.

A pesar de proceder de una generación de socialistas prácticamente extinta, Bono sigue siendo un activo dentro del PSOE. La clave la dio hace unos días su secretario de Organización, José Blanco: “sabe ganar elecciones”. Y de eso se trata. Porque la legislatura está para que el Gobierno ponga en marcha el mayor número posible de medidas contempladas en su programa electoral, pero en la recta final, todos los esfuerzos han de concentrarse en que esas iniciativas no se acaben volviendo en contra de sus posibilidades en los siguientes comicios. Son menos de seis meses los que quedan para las generales y el PSOE necesita convencer a sus votantes más centristas de que ni se ha arrojado a los brazos de los nacionalistas ni ha claudicado ante ETA. De ahí la campaña “Gobierno de España”. Por eso se ha estrechado aún más el cerco en torno a la banda terrorista. Y ese es el motivo de que exista tanto interés en que José Bono regrese a la política activa. El más insigne defensor de la solidaridad entre territorios y de la unidad nacional dentro del Partido Socialista se antoja imprescindible en la batalla electoral. Se trata por tanto de una necesidad mutua. A diferencia de su gran amigo Alberto Ruiz-Gallardón, al ex ministro de Defensa no le pierde la impaciencia, ni es capaz de abrir un debate estéril sobre quién podría estar en disposición de recoger el testigo en caso de que al presidente se le tuerzan las cosas que pueda perjudicar a su partido y que acabe pasándole factura. Pero tampoco es de los que dejen pasar los trenes sin hacer nada por evitarlo. Bono no se resiste a desaparecer del mapa político, pero tampoco es un suicida. Ahora lo que toca es que Zapatero gane las elecciones. Después, Dios proveerá.

El PSOE como bandera. Este es el título del artículo publicado por José Bono en la edición del 11 de septiembre del diario El País. Quien fuera presidente de Castilla-La Mancha defendía a su partido de los ataques del PP a cuenta de la existencia de alcaldías donde no hondea la bandera de España. “Es rotundamente falso” que las tropas españolas estén en una misión de guerra en Afganistán, contestó a preguntas de los periodistas tras el atentado en la zona en el que resultaron muertos dos soldados la pasada semana, y añadiendo que el principal partido de la oposición intenta buscar similitudes con la guerra de Iraq con el objetivo de “disminuir su responsabilidad” en aquel conflicto armado “ilegal”. El ex ministro, que a lo largo de la legislatura ha incomodado con algunas de sus declaraciones a compañeros de partido [ver recuadro Sus verdades incómodas], ha atemperado su discurso para arrimar el hombro a la causa de Zapatero. Se siente más cómodo en la nueva deriva que ha tomado la formación, más identificada con la idea de España, y si se le conoce como un animal político es porque no da puntada sin hilo y, aunque se sepa imprescindible, también se tiene que trabajar a los suyos.

Lo de Madrid se le fue de las manos, pero ya no le van a pillar en otra igual. Aquello de que “a nadie le amargan los dulces” cuando se le planteó encabezar la lista del PSOE a la Alcaldía de la capital y su posterior negativa tras el entusiasmo de los suyos provocó un gran descontento en Ferraz, en Moncloa y en el PSM –”estamos mucho peor que antes”, lamentaba un alto cargo socialista madrileño en esta revista–. Y no se trata de andar haciendo enemigos por un asunto que no debería haberse convertido en un enredo de semejantes proporciones. En su descargo, por éste y otros revuelos provocados alrededor de Bono, dicen fuentes próximas al ex ministro que “las declaraciones de otros y la opinión pública ejercen más presión que lo que él pueda decir”. Como cuando le preguntaron en Antena 3 recientemente a su sucesor, José María Barreda, si concurriría a las elecciones, y el presidente castellano-manchego dijo que estaba en la “mejor disposición” para aceptarlo. Y en una entrevista en Radio Nacional, Zapatero se expresaba en términos similares; unas y otras declaraciones se convirtieron en titulares de prensa anunciando su regreso. Para dejar claro que no iba a permitir que se repitiera lo de Madrid, Bono dijo inmediatamente que “no es el momento de que se especule”, y emplazó a la elaboración de las listas para hablar sobre el tema, cortando de raíz un posible foco de conflicto.

En cualquier caso, y aunque quiera respetar los tiempos, dice, porque no quiere “gallardonear”, fuentes cercanas al ex ministro confirman los contactos entre el partido y Bono para que vaya a las listas del Congreso, aunque aún no se ha decidido si irá por Toledo, donde reside, o por Albacete, donde se presentó por primera vez en 1979 y de donde es su pueblo natal, Salobre.

A la espera de confirmaciones, el ex ministro sigue haciendo méritos. Tras un periodo en cuarentena –permaneció algún tiempo retirado realmente de la vida pública–, a comienzos de año comenzó a poner los cimientos de su regreso. Cada vez eran más frecuentes sus apariciones en los medios de comunicación opinando sobre los temas políticos de actualidad. Estaba “en posición latente”, dijeron a El Siglo fuentes próximas al ex presidente autonómico [ver número 724, Bono se mueve]. La política antiterrorista y los Estatutos, los mismos motivos que se apuntaron como verdaderas razones de su renuncia al frente del Ministerio de Defensa, seguían coleando, y él, según estas mismas fuentes, estaba “marcando territorio”. “Siempre que ha salido a hacer declaraciones ha sido por algo políticamente relevante en la marcha del Gobierno”. Como con el caso de la prisión atenuada al etarra Iñaki de Juana Chaos, diciendo que “no hay que ser intransigentes con la ley”. Aunque como en cada una de sus críticas, introduciendo matices: dijo comprender a las “gentes buenas” que “sienten miedo de que su muerte se instrumentalice políticamente y volvamos a tener más sangre”.

Ahora son los críticos, incluso socialistas, los que han de vérselas con él. La coincidencia temporal de la recesión económica internacional y de los anuncios del Gobierno que incrementarán el nivel de gasto tuvieron la respuesta hace unas semanas del comisario europeo de Economía, Joaquín Almunia, quien alertó sobre los posibles efectos en las cuentas españolas. En defensa de la política de Zapatero salió José Bono, que recordó a quien fuera candidato del PSOE a las elecciones de 2000 su “estrepitoso fracaso” y añadió: “No veo a Rajoy como presidente del Gobierno, por la misma razón que no veía a Almunia, porque para ser presidente del Gobierno hay que tener sangre en las venas”.

El pasado mes de febrero, en una de sus muchas entrevistas, Bono dijo que en política quería “morir con las botas puestas”, y él mismo se ofreció como diputado. Ahora dice que le toca ser un “peón” para ayudar al partido a ganar las generales. Estas expresiones son ejemplo de una forma de conectar con la opinión pública de manera directa y sencilla, y es también una baza para el ex ministro y para el partido. El mensaje ya lo pone el programa electoral, él se encarga de que llegue a los electores, de crear el efecto deseado, de que la gente no se enrede con líos estatutarios o con proyectos de ley. Esa ha sido una de las claves que le han permitido sobrevivir a la renovación del PSOE sin dejar de ser él mismo. Porque por generación y por circunscripción, ya no está tan arropado como antes. Su sucesor y sin embargo amigo –nada que ver con el caso de los populares Eduardo Zaplana y Francisco Camps–, José María Barreda, ha hecho un equipo a su medida tras las autonómicas del 27-M. Francisco Pardo, hasta la campaña electoral secretario de Estado de Defensa con Bono, se marchó con la idea de ser vicepresidente de Castilla-La Mancha, aunque finalmente ha sido elegantemente separado del núcleo duro del Gobierno y colocado al frente de la presidencia de las Cortes regionales.

Si no surgen imprevistos de última hora y si Rodríguez Zapatero gana las generales, José Bono será presidente del Congreso. No estará en primera línea, pero sí en Madrid y en una posición privilegiada para volver a intentarlo como en 2000 en el 35 Congreso del PSOE.

 

 Sus verdades incómodas

Ningún socialista de la vieja guardia se mantiene en el candelero con tanto equilibrio como José Bono. Quién sabe si tendría la misma predicación sin su singular carácter, su estilo directo salpicado de sorna y picardía que tan buenos titulares ha dado a la prensa española. Un estilo que, en ocasiones, se ha vuelto contra algunos de sus compañeros. En esta legislatura, la ya frustrada negociación con ETA y la política territorial han acaparado buena parte de sus críticas. Pero también ha habido otros asuntos donde se han visto sus divergencias con quienes fueron sus colegas en el Consejo de Ministros o con dirigentes autonómicos y europeos. Estos son algunas de sus frases más sonadas.

La negociación con ETA: “Lo único que veo y deseo cercano es la cárcel, todo lo demás es una falta de respeto a los muertos”.

La prisión atenuada al etarra Iñaki de Juana Chaos: “Una persona que ha asesinado a tanta gente debe cumplir la condena que ahora tiene, aunque sea por otro motivo, hasta el último día”.

El ex president, Pasqual Maragall, a propósito del Estatuto de Cataluña: “Quizá vaya siendo hora de que, en vez de generar tantos problemas, que no son pocos, y como ministro conozco alguno, que ayude a resolverlos”.

La reedición del tripartito en Cataluña: “Cuando se juntan [los socios del tripartito] y ha habido ya una experiencia, mire lo que ha ocurrido”.

José Montilla: “Si quería ser presidente de la Generalitat, no le quedaba más que hacer lo que ha hecho”, aunque las personas “no nacemos con el designio de ser ministro o de ser presidente”. “Se puede ser presidente y se puede no serlo, incluso el mundo sigue girando alrededor del sol sin que estas cosas, que nosotros creemos que estamos predestinados a ellas, ocurran”.

El Estatuto andaluz: para la sociedad “es mucho más importante que haya carreteras, escuelas, hospitales, buenos servicios sociales, que acordar qué autoridad debe llevar a cabo estas políticas”.

La ley del vino de Elena Salgado: “Lo primero que hizo Noé cuando bajó del arca fue plantar una viña”. “Equiparar el vino con otras bebidas alcohólicas de muy alta graduación es disparatado”.

Ante la posibilidad de un acuerdo entre PSN y Nafarroa Bai para formar Gobierno: “Navarra es un territorio que rebosa españolidad por los cuatro costados, y ni Dios puede cambiarlo”.

El “cheque-bebé”: “Prefiero una reducción de impuestos a los que menos tienen que una ayuda generalizada a quienes tienen hijos, sea el Conde de Romanones o la familia más humilde”.

Las declaraciones de Almunia respecto a los anuncios electorales y sus consecuencias sobre la economía: “Almunia debería ser prudente porque su fracaso fue tan estrepitoso que sobre elecciones sería conveniente que guardara un discreto silencio”.

La negativa de la ministra Cristina Narbona al trasvase del Ebro: No entiendo “por qué se trasvasa el Tajo desde su cabecera y no se trasvasan otro ríos desde su desembocadura”.

El presidente y el Gobierno: “Estoy con el proyecto Zapatero a pesar de los matices”.

 

 Bono, en la intimidad

Dijo que abandonaba el Ministerio de Defensa para dedicarle más tiempo a su familia y era verdad. Una verdad incompleta, porque José Bono no es de las personas capaces de dedicarse a sus labores y a la vida contemplativa –sus más cercanos le califican de “hiperactivo”–, pero es posible que después de 40 años de militancia en el Partido Socialista haya sido esta la primera vez en que ha podido desconectar verdaderamente de la vorágine de la política.

Como ex presidente de Castilla-La Mancha, Bono dispone de una secretaría de apoyo en Toledo –según la ley del Gobierno de la región, podrá disfrutar de ella durante 21 años, los mismos que fue jefe del Ejecutivo autonómico–, donde dos personas le gestionan las numerosas llamadas de medios de comunicación, alcaldes de municipios de la región y autoridades de otras Administraciones españolas que reclaman prácticamente a diario su presencia en entrevistas, debates y conferencias. La pasada semana participó en una en Palma de Mallorca y este lunes, dará otra en Bilbao. Además, aunque no se dedique a la política activa, sigue manteniendo responsabilidades como miembro nato del Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha, como presidente del PSOE regional y como consejero electivo del Consejo de Estado. No les dedica mucho tiempo; en este último caso, recibe información sobre legislación para que emita sus opiniones en reuniones celebradas una vez al mes, pero le mantienen conectado con la cosa pública.

Lo que sin duda le quita más tiempo es la preparación de su libro. Bono lleva casi 20 años recopilando intervenciones y reflexiones diarias sobre su vida privada y política. En total, más de 15.000 folios con documentación de apoyo sobre todo lo que ha vivido durante este tiempo en primera persona y que forma parte de lo acaecido en España estas últimas décadas. Según quienes conocen su preparación, “contará su propia verdad, en estado puro”. Dicen que el paso del tiempo le permitirá hacer revelaciones que en el momento habrían podido resultar más traumáticas, como una experiencia desagradable o una reunión de alto nivel, sin que ahora resulten un problema para nadie. Y comentan que se publicará tras las elecciones –no antes, porque Bono no quiere interferir en los comicios–: la fecha definitiva dependerá de cuándo se pueda condensar el ingente volumen de folios que esperan sobre su escritorio.

La familia. Efectivamente, Bono ha tenido tiempo para disfrutar de su mujer y sus hijos –sobre todo de la pequeña Sofía, adoptada en 2001–. También de amigos famosos: algunos le han convertido en habitual de la prensa rosa. Su hija Amelia, que se prepara para trabajar en el mundo del derecho privado y echa una mano a su madre Ana en sus tiendas franquiciadas de la joyería Tous de Toledo y Albacete, comenzó a salir el año pasado con  Manuel Martos, hijo pequeño de Raphael y Natalia Figueroa y cantante del grupo Mota. Los dos matrimonios son amigos desde hace tiempo –el cantante y su esposa acudieron a su toma de posesión como ministro–, pero su relación es ahora más estrecha. Ésta última acaba de actuar como pregonera de las fiestas patronales de Salobre (Albacete), la localidad natal del político socialista. Y Bono entregó el pasado 19 de septiembre a Raphael en La Solana (Ciudad Real) la Medalla Lumière del Cine por toda su trayectoria en la gran pantalla en el marco del III Festival de Cine Europeo ‘Vinos de Castilla-La Mancha”. Otros amigos proceden del mundo del toreo. En ferias como la de San Isidro o la de Olivenza, se le ha visto en el tendido con figuras como Curro Romero, y el pasado mes de junio, acudió como invitado a la boda de los hijos de Palomo Linares y Dámaso González.

A su hijo José, Bono le ha echado una mano en su negocio de Toledo. El joven de 22 años y estudiante de Periodismo se dedica a la doma clásica desde los ocho años –se le llegó a relacionar con la también jinete Marta, Ortega, hija del dueño del gigante Inditex, Amancio Ortega–. Un buen día, la familia decidió que en vez de pagar las costosas clases, el chico abriría su propia explotación hípica, de modo que contrataron a la que hasta entonces fue su profesora para sacar adelante el proyecto que, según dicen, les va muy bien. El recinto, donde el hijo del ex ministro tiene a sus dos caballos, cuenta con 40 boxes en alquiler donde alimentan y cuidan a los animales. Además, a lo largo del año alberga un mínimo de dos concursos internacionales organizados por empresas especializadas en eventos hípicos. Desde que dejara el ministerio de Defensa, Bono ha asesorado a su hijo en el negocio y le ha acompañado a recorrer otras explotaciones hípicas para conocer el cuidado y la alimentación que requieren los caballos.

Después, cuando no se dedica a ayudar a su familia, a disfrutar con sus amigos, a preparar su libro, a asistir a conferencias, a intervenir en entrevistas, a atender sus responsabilidades... el ex presidente de Castilla-La Mancha se retira a descansar en la casa de sus padres que aún conserva en Salobre. A descansar o, tal vez, a preparar su regreso.

No es creíble por Enric Sopena


Hemeroteca
Lista Temas de portada
Buscador