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 Nº 756 -10 de octubre de 2007

André Gorz se suicida

por Carlos Berzosa

L eo con tristeza que el pensador André Gorz, de 84 años, se ha quitado la vida junto a su mujer, Dorine. He dado cuenta en estas páginas del fallecimiento de grandes economistas e historiadores económicos y sociales, aunque con el fin de no convertirlas en un obituario no he hecho referencia a algunos de ellos, como fue el caso de Magdoff, de Heilbroner, de Labini o de Hill, entre otros. Lo que no significa que en un momento determinado pueda mencionar sus importantes contribuciones. Y es que va desapareciendo una generación de grandes pensadores, que no sólo tuvieron una gran capacidad profesional, sino que fueron a la vez capaces de pensar la realidad como una totalidad, con una visión que aunaba un conocimiento que superaba con creces los propios de su especialización y una agudeza analítica notable.

André Gorz no era economista, pero hizo análisis económicos y sociales relevantes y significativos. Por eso lo traigo aquí a colación, además de por el hecho de que algunas obras suyas las leí en mi época de estudiante, como la importante Historia y enajenación, que contribuyó de un modo decisivo a mi incipiente formación intelectual y que de algún modo se ha acumulado en ese bagaje cultural que ha ido determinando a lo largo del tiempo lo que soy actualmente. Una obra ésta que me marcó decisivamente, así como un artículo titulado "Mercado Común y planificación" en la obra colectiva La integración europea y el progreso social (Nova Terra, 1967). Gorz, por tanto, pertenece a una época fundamental en mi proceso de aprendizaje y favoreció la configuración de mis planteamientos críticos económicos y sociales. No olvidar los orígenes, y no renegar deellos, como hacen tantos, es lo que me hace recordar con emoción a Gorz.

El artículo acerca del Mercado Común también me marcó por una ra zón que voy a explicar. En la Facultad, en aquellos años, el único profesor que recuerdo, aunque ahora muchos se apunten a ello, que defendía el proceso de integración económica europea era José Luis Sampedro. El profesor Tamames también lo hacía, pero yo no lo tuve, aunque sí leí el libro que escribió sobre ello. Sampedro, un verdadero europeísta explicaba y razonaba, tanto en las clases como en su manual, las ventajas de la integración. Era consciente, y así lo hacía constar, de que no podríamos ingresar en el Mercado Común mientras la dictadura se mantuviera, pues tener un sistema democrático era una condición necesaria para ser admitido. En aquellos años de escaso desarrollo, falta de libertades, de aislamiento de esa Europa a la que envidiábamos por su cultura y democracia, y en la que podíamos comprar ciertos libros y ver determinadas películas, muchos de nosotros nos hicimos europeístas, seducidos, además, por la excelente oratoria y escritura del profesor Sampedro.

Pues bien, ese artículo de Gorz, junto con otros del libro, aportaba una visión crítica del Mercado Común, que concebía como una consecuencia de la expansión monopolística, no su causa principal. El análisis que hacía de esta integración, un proyecto sustentado en los intereses del capital y no tanto de los trabajadores, me hizo tener una perspectiva diferente de ese Mercado Común que tanto añorábamos. No quiere esto decir que llegara yo a renegar, como hubo otras posiciones de la izquierda, de la futura integración de España en el Mercado Común, pero sí me indujo a desear un Mercado Común diferente al de la Europa de los monopolios que se estaba construyendo.

En los últimos tiempos Gorz ha publicado diferentes obras, en las que aborda los cambios y transformaciones que se están produciendo en el capitalismo actual, y que no se tienen en cuenta en los análisis económicos convencionales. Así, Adiós al proletariado, Metamorfosis del trabajo y Miseria del presente, riqueza de lo posible, entre otros, resultan ser un análisis lúcido, aunque sujeto a controversia, de las mutaciones que se están produciendo.

Gorz ha puesto fin a su vida junto a su esposa, a la que dedica los últimos libros y a la que escribe una carta preciosa de amor pasados los ochenta años, en la que pone de manifiesto su sensibilidad y su capacidad de escritura. Ha muerto sin lugar a dudas un gran pensador y un luchador del siglo XX, un filósofo que transmite una sensibilidad y una capacidad de amar sin límites en esta frase de la carta dirigida a Dorine: "Hace 58 años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Experimento de nuevo en lo más hondo de mi pecho un vacío devorador que sólo puede colmar el calor de tu cuerpo contra el mío". •
*Rector de la Universidad Complutense


*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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