Bono es mucho Bono
J
oaquín Almunia le ofreció a José
Bono encabezar la candidatura del
PSOE en las generales del día 12
de marzo del año 2000. El entonces maltrecho líder del PSOE creyó, según explica en sus Memorias políticas,
que "el candidato debía ser otra persona"; no él.
"La falta de tiempo, los pésimos antecedentes de la "bicefalia" y las malas expectativas con las que afrontábamos las próximas elecciones, reducían el elenco de posibles aspirantes", añade con lucidez Almunia. "Después de las primarias y del período tan convulso que había co-protagonizado con Borrell, mi opción sería leída de antemano como perdedora", precisa.
"Pero sucedió lo que me temía: nadie —admite sin ambages- quiso dar un paso al frente. Lo intenté con José Bono, y fracasé". Meses más tarde, Bono lo intentó por su parte, presentándose a secretario general de su partido en el XXXV Congreso, celebrado en julio de ese año, tras un período de interinidad, cubierto por una Gestora, lo que aconteció desde que dimitiera Almunia —como consecuencia de la mayoría absoluta conseguida por José María Aznar- hasta la sorprendente elección de Zapatero.
Perdió el favorito, que era Bono, y venció un desconocido diputado por León. En política, como en la vida, casi todo es posible. Apenas nada está escrito que no pueda ser borrado. Bono no quiso aceptar la oferta de Almunia y se buscó la vida por su cuenta. El mítico triunfador en Castilla-La Mancha mordió, sin embargo, el polvo a causa de un ínfimo puñado de votos, obtenidos por Zapatero. Pero no tiró la toalla.
Se fortificó en Toledo, aceptó incorporarse al Gobierno Zapatero como ministro de Defensa y, de pronto, fue él quien dio la sorpresa. Se fue, dijo adiós a la política activa. Desapareció por el foro. Vaciló cuando podía haber sido número 1 de la lista socialista al Ayuntamiento de Madrid. Acabó negándose. Alberto Ruiz Gallardón es buen amigo suyo. Y, en todo caso, sabía que no podía permitirse un segundo batacazo.
El viejo rockero regresa. Barrerá en la candidatura de Toledo y es probable que pueda acceder a la presidencia del Congreso de los Diputados. ¿Final institucional y solemne para un político corredor de fondo? Falta en primer lugar que Zapatero venza a Mariano Rajoy. Y, en segundo, que haya mayoría suficiente de diputados para que él sea investido presidente de la Cámara. Bono suscita entusiasmo y, al tiempo, rechazo. La simpatía que despierta entre los partidos de corte nacionalista es perfectamente descriptible.
¿Y si Rajoy acabara en la Moncloa? Se trata de una hipótesis poco consistente, aunque, como advierte el refranero sabio, hasta el final nadie es dichoso. Bono es mucho Bono. Y parece incombustible. Es un político de raza con vocación transversal. Le aporta al candidato Zapatero su fama de españolista, de moderado y de pastelero componedor, capaz de solidarizarse por ejemplo con los curas rojos de Vallecas y su feligresía rompedora y poco después compartir agradable charla con el cardenal-arzobispo Anmtonio Cañizares, primado de España y más de derechas que algunos de sus más célebres antecesores, como los también cardenales Segura y Goma.
Regresa Bono, y con su participación en los comicios refuerza el flanco derecho del PSOE actual. Su tirón es grande y desaprovecharlo hubiera sido estúpido por parte del estado mayor de ZP. En este partido tan crucial han de saltar al terreno de juego los mejores, cada cual en su especialidad. Y, sin duda, entre los mejores jugadores con los que cuenta el PSOE figura Bono.•
Enric Sopena |