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| Nº 756 -1 de octubre de 2007 |
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La otra guerra del petróleo
por Santiago Carrillo Ya es imposible ocultar que la invasión de Iraq fue una iniciativa de los petroleros texanos para apoderarse del petróleo. Lo ha confirmado Greenspan, director largos años de la Reserva Federal. Y cuando escribo estas líneas leo la noticia de que el Gobierno autónomo del Kurdistán iraquí, sostenido por las tropas invasoras, acaba de conceder a un grupo texano de un amigo de Bush la explotación del petróleo en esa zona. Lo que representa un sabroso negocio para la banda que ejerce el poder en Washington, pero a la vez ha indispuesto al Gobierno de Bagdad, que al presente ya no se halla en los mejores términos con las tropas invasoras. En definitiva, la guerra por el petróleo ha provocado una situación cada vez más inextricable para la diplomacia de los EE UU, que se encuentra en un callejón de difícil salida. Por más vueltas que se le dé, esta situación no tiene más que dos salidas: la retirada de las tropas de Iraq o la fuga hacia delante, es decir la extensión de la guerra a Irán y Siria para empezar, a ver lo que pasa. Si la primera quebrantaría el prestigio de los EE UU como líder mundial y sería considerada como una derrota de la superpotencia, la segunda salida sería mucho peor, porque ampliar a nuevos territorios el cuadro de destrucciones y matanzas crearía sufrimientos intolerables y podría implicar a las naciones occidentales en un conflicto capaz de llevar a un enfrentamiento colosal entre Occidente y Oriente. Juzgando a Bush por lo que ha hecho hasta hoy, su irresponsabilidad y su dependencia del negocio petrolero nos induce a pensar lo peor; que en su mente, la invasión de Iraq no fue más que el principio de una aventura demencia) pa-ra controlar las reservas de petróleo en el mundo. Todas sus chácharas sobre la extensión de la democracia, las armas de destrucción masiva, no tenían otro objeto que ocultar sus fines verdaderos. ¿Quién nos asegura que los atentados en el Líbano no son provocaciones para crear una situación de hecho? ¿Quién puede jurar que la tensión creada en torno a la energía nuclear en Irán no es también un pretexto para crear otra situación bélica de hecho? En un artículo que acaba de publicar el conocido periodista Timothy Garton Ash, se escribe: Esta posibilidad no podemos descartarla, sobre todo después de la declaración del ministro francés de Relaciones Exteriores diciendo a sus compatriotas que tienen que prepararse para lo peor y que lo peor es la guerra contra Irán. Viendo el comportamiento de los gobernantes iraníes, que insistiendo en su voluntad pacífica muestran en público su poderío militar, hay que pensar que la amenaza del ministro francés no es el mejor camino para favorecer un clima de negociación. No creo aconsejable el uso de la intimidación para resolver los conflictos en general y mucho menos con el gobierno de Teherán. Y una amenaza de guerra por el gobierno francés puede ser una oficiosidad peligrosa, pues si bien lo más probable es que no haga ceder al presidente iraní, sí puede convertirse en una especie de justificación del bombardeo preventivo de Irán por Bush y Cheney si se confirmase lo que han previsto los analistas mencionados por Timothy. Bush podría sentirse justificado así para cometer lo que sería una enorme barbaridad. Si los Estados europeos siguieran el ejemplo de Kouchner, proporcionarían a los petroleros texanos una magnífica coartada. Y eso sería un enorme error histórico. A su lado el dislate que fue la guerra contra Iraq se vería pequeño. En el fondo, la cuestión que se plantea es si un grupo de petroleros texanos que se adueñaron del poder norteamericano en unas elecciones de dudosa limpieza, condenados ya por los ciudadanos de su país en otras elecciones, van a ser capaces, en su ansia de apoderarse de las reservas energéticas, de anular el deseo de paz de la mayoría del género humano y de hundirnos en la guerra y la miseria. • |
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