Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 756
1/10/2007

La prueba de ‘Público’

Me gusta "Público". El nacimiento de un diario es un acontecimiento feliz y un triunfo de la vida. Casi un alarde en un país donde nacen pocos niños y escasos periódicos.  Cuenta con un director joven, Ignacio Escolar,  y una redacción con una media de edad situada en la treintena, un amplio plantel de  jóvenes maduros, no de becarios mal pagados y mal tratados de los que abusa la empresa periodística. Una redacción ilusionada para una empresa emergente patrullada por Jaume Roures, un editor de estética rompedora, una mezcla de guerrillero y astuto hombre de negocios experto en llevarse bien con todo el mundo si ello beneficia al negoci. Han fichado lo mejorcito a golpe de talonario y de paso han desarbolado a otros medios. Han movido el banquillo y puesto en valor al periodista en un sector donde el profesional básico no recibe la consideración merecida. El diseño es limpio aunque recuerda al de El Periódico de Catalunya y creo que venderlo a medio euro es una opción inteligente que lo sitúa en las proximidades del gratuito así como su decidida apuesta por internet.

Roures no se ha andado por las ramas y ha proclamado que hará “un periódico progresista, de izquierdas, popular, democrático y radical, pero respetuoso”. Esto último, este “pero”, no termino de entenderlo. Es como aquello de “pobre pero honrado”.  ¿Por qué no definirse como un producto progresista pero independiente del PSOE y del Gobierno? Independiente de izquierdas, como es el semanario que tiene usted en sus manos. Salvando las distancias, claro está. Creo que se la juega en el campo de las relaciones con el poder. Si Público pretende ser respecto a Zapatero lo que El País fue para Felipe González está asumiendo un riesgo que puede ser letal. La Prensa debe representar un cierto contrapunto al poder más que un contrapoder que desbordaría su cometido. Público nace cobijado o quizás incubado en el Palacio de la Moncloa. Zapatero estaba molesto con el fuego amigo que le lanzaban desde Prisa, donde González que ha acuñado la frase en sentido contrario, es el gurú. ZP quería rematar al padre y acabar con el apoyo condescendiente de su  periódico.

De hecho, Prisa ha jugado un papel decisivo en el PSOE apoyando o boicoteando operaciones internas y quizás haya sido más beligerante de lo preciso contra el PP. Algo semejante al papel desempeñado por Pedro J. Ramírez en El Mundo respecto a este partido. Por ejemplo, Pepe Borrell decidió no entrar en liza en el XXXV Congreso que eligió a Zapatero como secretario general por no contar con el permiso de Prisa. En mi libro Las mil caras de Felipe González recojo el testimonio de Matilde Fernández, que optaba también a la Secretaría General: “Alfonso se había roto una pierna, así que bajamos a Sevilla a su casa, donde nos reunimos dirigentes de cada territorio y se manejaron cuatro o cinco nombres. En primer lugar el de Alfonso, pero  él dice: “Yo soy el malo de  la película, no puede ser”; en segundo lugar, Borrell; en tercer lugar, Ibarra; y en cuarto lugar ponen mi nombre. Intentamos convencer a Borrell y yo misma me reúno con él, pero me confiesa que no puede soportar que el grupo Prisa se tire contra su honestidad y resuciten la vieja campaña contra él; entonces le sugiero que hable con Prisa, que vayamos otra gente también para ver si eso se resuelve y vuelve a quedar conmigo para decirme que ha estado hablando con la gente y que iban a ir a por él”.

Cuando Zapatero llega a palacio intenta ganarse a El Mundo sin perder a El País. González se revuelve pues en su opinión Pedro J. Ramírez es peor enemigo que Aznar. El conflicto se diluyó por razones de negocios, como es habitual, pues Prisa tenía una reivindicación urgente. La gran baza de Zapatero es, obviamente, el poder, el poder darle una tele en abierto, la Cuatro. Los negocios son los negocios pero la política es muy mediática y ZP no descansa hasta poseer sus medios; se los sirve en bandeja de plata Miguel Barroso, su secretario de Comunicación con sus amigos los Roures, los Contreras y compañía a quienes premia con otra tele: La Sexta, mientras ellos le ponen el periódico que nació el miércoles.  Parece que hay hueco para un diario de izquierdas en Madrid, donde la derecha está servida por El Mundo, ABC y La Razón. Pero no es tan sencillo pues, como señalaba El Siglo, se está organizando una pinza entre El Mundo y Público para desbancar a El País del primer puesto, pues lo más probable es que aquél arrebate más lectores a El País que a El Mundo.

  José García Abad

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