Roures no se ha andado por las ramas y ha
proclamado que hará “un periódico progresista, de izquierdas, popular,
democrático y radical, pero respetuoso”. Esto último, este “pero”, no termino
de entenderlo. Es como aquello de “pobre pero honrado”. ¿Por qué no definirse
como un producto progresista pero independiente del PSOE y del Gobierno?
Independiente de izquierdas, como es el semanario que tiene usted en sus manos.
Salvando las distancias, claro está. Creo que se la juega en el campo de las
relaciones con el poder. Si Público pretende ser respecto a Zapatero lo que El
País fue para Felipe González está asumiendo un riesgo que puede ser letal. La Prensa debe representar un cierto contrapunto al poder más que un contrapoder que desbordaría
su cometido. Público nace cobijado o quizás incubado en el Palacio de la Moncloa. Zapatero estaba molesto con el fuego amigo que le lanzaban desde Prisa, donde
González que ha acuñado la frase en sentido contrario, es el gurú. ZP quería
rematar al padre y acabar con el apoyo condescendiente de su periódico.
De hecho, Prisa ha jugado un papel
decisivo en el PSOE apoyando o boicoteando operaciones internas y quizás haya
sido más beligerante de lo preciso contra el PP. Algo semejante al papel
desempeñado por Pedro J. Ramírez en El Mundo respecto a este partido. Por
ejemplo, Pepe Borrell decidió no entrar en liza en el XXXV Congreso que eligió
a Zapatero como secretario general por no contar con el permiso de Prisa. En mi
libro Las mil caras de Felipe González recojo el testimonio de Matilde
Fernández, que optaba también a la Secretaría General: “Alfonso se había roto una pierna, así que bajamos a Sevilla a su casa,
donde nos reunimos dirigentes de cada territorio y se manejaron cuatro o cinco
nombres. En primer lugar el de Alfonso, pero él dice: “Yo soy el malo de la
película, no puede ser”; en segundo lugar, Borrell; en tercer lugar, Ibarra; y
en cuarto lugar ponen mi nombre. Intentamos convencer a Borrell y yo misma me
reúno con él, pero me confiesa que no puede soportar que el grupo Prisa se tire
contra su honestidad y resuciten la vieja campaña contra él; entonces le
sugiero que hable con Prisa, que vayamos otra gente también para ver si eso se
resuelve y vuelve a quedar conmigo para decirme que ha estado hablando con la
gente y que iban a ir a por él”.
Cuando Zapatero llega a palacio intenta
ganarse a El Mundo sin perder a El País. González se revuelve pues en su
opinión Pedro J. Ramírez es peor enemigo que Aznar. El conflicto se diluyó por
razones de negocios, como es habitual, pues Prisa tenía una reivindicación
urgente. La gran baza de Zapatero es, obviamente, el poder, el poder darle una
tele en abierto, la Cuatro. Los negocios son los negocios pero la política es
muy mediática y ZP no descansa hasta poseer sus medios; se los sirve en bandeja
de plata Miguel Barroso, su secretario de Comunicación con sus amigos los
Roures, los Contreras y compañía a quienes premia con otra tele: La Sexta, mientras ellos le ponen el periódico que nació el miércoles. Parece que hay hueco
para un diario de izquierdas en Madrid, donde la derecha está servida por El
Mundo, ABC y La Razón. Pero no es tan sencillo pues, como señalaba El Siglo, se
está organizando una pinza entre El Mundo y Público para desbancar a El País del primer puesto, pues lo más probable es que aquél arrebate más lectores a El
País que a El Mundo.