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Nº 755
24/9/2007

La casa de Al Qaeda,
la vecindad de bil laden

S eis años después del atentado del 11 de septiembre, y en conmemoración del mismo, ha reaparecido Osama Bin Laden en un largo vídeo, para amenazar a Occidente y ofrecerle su salvación si antes del ataque abraza el islam. Es la oferta canónica que se hace a los infieles de la ciudad asediada que, en caso de rechazarse, acarreara tres días de pillaje, destrucción, muerte y esclavitud. La anterior aparición de Osama Bin Laden, en octubre de 2004, vísperas de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, no impidió un resonante triunfo del presidente Bush, el presidente más votado en la historia del país. Esta segunda visita se produce en una coyuntura por completo diferente, con un presidente que ya no puede ser reelegido y en un país que en nombre de la guerra global contra el terror ha sido conducido al atolladero de la guerra de Iraq, una amarga herencia. Análisis y predicciones se han intensificado al reencontrarse con un Bin Laden mucho más sofisticado, sobre el nivel y la entidad de la amenaza terrorista y sobre la fortaleza de Al Qaeda.

Hay opiniones para todos los gustos; el vídeo se emitió para sostener tanto el vigor como la debilidad de Al Qaeda como organización, y la crisis o continuidad del liderazgo de Bin Laden y Zawahiri. No parece discutirse que después de perder Afganistán, Al Qaeda sí habría sido capaz de constituir un importante refugio en las zonas tribales que bordean Pakistán, retomando lazos con los talibanes, pastunes o sunitas todos. Tampoco se menosprecian fenómenos como el de la recuperación agresiva de los salafistas argelinos,considerados ya como una rama en expansión de Al Qaeda en el Magreb, autores de atentados que técnicamente recuerdan a los que día sí y día no se padecen en Iraq. Los de Madrid, el 11 de Marzo de 2004, y del 7 de Julio de 2005 en Londres, así como atentados contra objetivos judíos y turísticos que sin prisa pero sin pausa se han ido perpetrando, autorizarán igualmente a pensar que el frente sigue abierto y que puede reavivarse, bien por la fortaleza y operatividad de Al Qaeda como organización terrorista, o porque su ideología y mentalidad se han renovado y generalizado.

No es fácil dilucidar el nivel de preparación que en la actualidad posee Al Qaeda, como no lo es precisar su estrategia y cuál será el próximo objetivo. Al Qaeda es algo más, algo distinto, a una oficina de servicios terroristas. Más asequible, por el mero estudio del último mensaje de Osama Bin Laden, resulta asombrarse por su contenido anti-sistema y antiglobalización, tan homologable en principio con otros mensajes que con profusión circulan en Occidente. Lo último que podía esperarse de tal personaje es que citara a Noam Chomsky, propoponiendo una convergencia en que el islamismo yihadista se convierte en el arma de la protesta y la lucha de los pobres de este mundo, convocados para librarles de su materialismo, su impiedad y su injusticia, y también de la guerra imperialista y el calentamiento global. Por eso, tanto temor merecería Al Qaeda organización como Al Qaeda mentalidad, a la vista de la tormenta de ideas que propone, con un amplio campo de cultivo en la diáspora norteafricana en toda Europa y en muchos núcleos de población musulmana; también en determinados sectores del Occidente radical. Es más sencillo controlar una organización que las mentalidades y la impostura por la que el yihadismo enlazaría con el pensamiento radical de Occidente.

De esta manera, y como destaca Manuel Torres Soriano, pueden actuar terroristas aficionados sin ningún lazo real con Al Qaeda, aun inspirados por su doctrina, internautas que navegan por sitios radicales y acaban por recoger las enseñanzas que con profusión aparecen en la red, contando con las diversas fuentes y todas las coartadas posibles para el extremismo y la violencia que traen la salvación. Es preocupante que alguien utilice la pistola, también lo es que aunque no la tenga sienta deseos de matar. En el sexto aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas, y después de lo que ha venido en Madrid, Londres, Casablanca, Estambul, Taba, Mombasa, Argel, y el largo etcétera de Afganistán e Iraq, indudablemente se ha progresado de forma notoria en abordar las amenazas, de actuar de manera más o menos preventiva para corregir la extremada vulnerabilidad de una sociedad libre y abierta. Cuestión diferente es resolver si también se ha progresado en la resistencia, la reacción y la alternativa ante ese formidable esfuerzo propagandístico de la yihad cibernética y el terrorismo por internet, con innumerables y ávidos clientes; para una especie de descentralización del terrorismo, del terrorismo doméstico, que pese a cualquier lejanía nos pone en casa con Al Qaeda y en la vecindad de Osama Bin Laden.•

Ignacio Rupérez

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