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 Nº 754 - 17 de septiembre de 2007

El modelo chileno

por Carlos Berzosa

E I día 29 de agosto recibí el doctorado honoris causa en la Universidad de Tarapacá, que se encuentra en la ciudad de Arica, en el norte de Chile. Ese mismo día se celebró una jornada de lucha convocada por la Central Unitaria de Trabajadores, a la que se sumó el Partido Socialista, para protestar por la política de la presidente de la República. Allí pude comprobar el malestar existente por la insuficiencia de las políticas sociales llevadas a cabo, que no logran avanzar en la disminución de los elevados grados de desigualdad que subsiste.

De algún modo, este malestar no es sino un reflejo de la frustración de las expectativas creadas, que no es más que la otra cara de la moneda de lo que se considera el exitoso modelo chileno, y que tantos analistas de este país alaban en demasía.

Dentro de este contexto, como señala el importante economista chileno Ffrench-Davis en su libro Entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad. Tres décadas de política económica en Chile, Chile se ha convertido en la economía más vigorosa de Latinoamérica en los años noventa. El crecimiento ha tenido un promedio del 7 por ciento en este decenio, y éste ha venido acompañado de una reducción de la inflación y en la tasa de desempleo, con un aumento de los coeficientes de ahorro e inversión, y con un fortalecimiento de la posición externa. La economía ha crecido con fuerza durante esta nueva fase democrática, más aún considerando el bajo desempeño que ha tenido la economía mundial en términos de expansión del producto y del comercio.

De todos modos, al decir de este economista, Chile no sólo enseña buenos aciertos, sino también profundos errores que deben ser evita-dos. No obstante, la experiencia chilena es una fuente de lecciones muy valiosas para América Latina, y aun para otras regiones. En todo caso, lo que hay que puntualizar es que frente a la opinión generalizada de que existe el modelo chileno exitoso, lo que en las tres últimas décadas del siglo XX ha habido son distintos sub-periodos, con énfasis muy distintos y resultados económicos y sociales muy diversos.

Así que, siguiendo de nuevo a Ffrench-Davis, Chile ha avanzado mucho, pero aún queda un gran número de desafíos que debe superar si es que pretende ser una sociedad desarrollada y equitativa. Una mejor distribución del ingreso y del consumo son tareas altamente prioritarias a futuro.

Uno de los mayores avances se ha dado en el sector exportador, que ha sido el objetivo central de las reformas económicas desde 1973. Un crecimiento promedio del 9,6 por ciento en los últimos treinta años sitúa el desempeño exportador como un logro cuantitativo sobresaliente. Sin embargo, a pesar de que las exportaciones chilenas exhiben una creciente diversificación, siguen siendo altamente intensivas en recursos naturales. De todos modos, las exportaciones no tradicionales –categoría que incluye las manufacturas con mayor valor agregado y recursos naturales no tradicionales– se han colocado en primer lugar desde 2002 superando al cobre.

Chile es una economía dinámica que está cambiando su composición de la producción y de la exportación. Sus logros en las últimas décadas son evidentes, pero aún no se le puede considerar el nuevo tigre de América Latina, como algunos autores pretenden, pues sus exportaciones industriales no representan en el global de lo exportado lo que significan en los países asiáticos más dinámicos y competitivos, ni tampoco tienen la capacidad de penetración en los mercados internacionales que aquellos han conseguido. Los indicadores al uso del Banco Mundial lo sitúan aún como país intermedio de ingresos, pero no tiene la consideración de país desarrollado.

En mi discurso de investidura hice un reconocimiento de lo que la cultura chilena había sido para España, pues es indudable que nos hemos enriquecido bastante por las grandes contribuciones literarias y creativas de chilenos como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, José Donoso, Jorge Edwards, Gonzalo Rojas, Luís Sepúlveda, Hernán Rivera Letelier, Isabel Allende y Roberto Bolaño, entre otros, ya que no cito más por no hacer la lista interminable.

Precisamente el chileno Bolaño, que muere en España demasiado pronto, y que une, por tanto, a nuestros dos países como antes hiciera Neruda, en su libro El gaucho insufrible, que recoge cinco cuentos y dos conferencias, en uno de ellos, titulado Chtulhu, habla de la concesión de un doctorado honoris causa un día, no hace demasiado, a Nicanor Parra por la Universidad de Concepción, al que invitan a dar una clase magistral. Nicanor Parra acude y lo primero que explica es que cuando él era niño o adolescente, había ido a esa universidad, pero no a estudiar, sino a vender bocadillos –que en Chile llaman sándwiches– que los estudiantes compraban o devoraban entre clase y clase. Mi caso no es el mismo, pues no he asistido antes a esa universidad y tampoco afortunadamente tuve que vender bocadillos. Pero por desgracia muchos chilenos aún siguen teniendo que vender bocadillos y no pueden asistir a la universidad. •

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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