F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 754

17/9/2007

¿El PSOE entierra a Lakoff?

Por Joan Tardà i Coma*

E l PSOE padece mal de altura –o al menos lo padecen una buena parte de sus dirigentes– ante el debate que genera el despliegue de los nuevos Estatutos de autonomía. Mal de altura que hemos podido comprobar estos últimos días en algunos significados miembros del grupo parlamentario socialista en el Congreso de los Diputados a raíz de los crecientes desencuentro que se producen entre los Gobiernos autonómicos y el central, cuando éste aprueba proyectos de ley en Consejo de Ministros que invaden de forma flagrante las competencias de los recién nacidos texto estatutarios.

Porque, en definitiva, ¿en qué quedamos, se trata o no se trata de nuevos texto que ahondan en el autogobierno blindando incluso las competencias exclusivas de las comunidades autónomas? Si es así y se presume de ello y de haberlo posibilitado como sinónimo de modernidad, ¿a que viene el vértigo? Para muestra un simple botón: andamos metidos en pleno debate del proyecto de Ley del Cine. Bastante difícil nos lo pone a las fuerzas progresistas legislar a favor de los creadores, productores, distribuidores y exhibidores, salvar las contradicciones a favor de la industria 'nacional' y la diversidad cultural y lingüística ante el tigre de la colonización cultural yanqui. Y bastante difícil nos lo ponen también los grandes lobbies conformados alrededor de las televisiones privadas muy poco interesadas en la cultura o muchísimo menos interesadas en la cultura que en ampliar en progresión geométrica su cuenta de resultados, como para que además tengamos que apechugar con los miedos del Partido Socialista consagrados en flagrantes invasiones competenciales.

¿Y de dónde viene ese miedo, ese vértigo? Un diputado socialista con muchas responsabilidades en la Cámara Baja –entenderán que sea discreto– me confesaba que con el despliegue de los nuevos Estatutos llegaría un momento en qué dejaría de tener sentido la existencia del Ministerio español de Cultura. Este hecho le producía, y agradezco que no me lo escondiera, un cierto pavor o una cierta sensación de desamparo. Y es cierto, en un futuro ese diputado tendrá que aprender a vivir o desnudo o con nuevas ropas, porque los nuevos estatutos contienen algunos elementos –no demasiados a nuestro entender– de carácter federalizante. Un ejemplo de ello es el caso del texto catalán –y ya se sabe que detrás de los catalanes se apuntan los demás, cosa que a los republicanos catalanes nos congratula– con la aceptación de una nueva definición de competencia exclusiva. Es decir, la capacidad íntegra de la Generalitat para legislar y ejercer la potestad reglamentaria y la función ejecutiva, en este caso, en materia de cultura.

Sabemos que el proceso no será fácil, que ahuyentar estos miedos, este mal de altura, llevará tiempo. Pero no puede haber freno alguno, no puede haber marcha atrás en esta desintoxicación –aunque sea por imperativo legal– si el PSOE no quiere acabar condenando a muerte un Estatut que sus 164 diputados votaron en la Cámara Baja y que fue refrendado por la ciudadanía de Catalunya. Es la hora, pues, de pasar página al vértigo y terminar la legislatura con una ley progresista, avanzada, que garantice la existencia de una industria cinematográfica de calidad para dar respuesta a las grandes capacidades creativas de nuestras culturas y respetuosa con los nuevos marcos legales derivados de los procesos estatutarios.•

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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