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Otoño 'caliente', también en el periodismoLa Narra Pedro J. Ramírez en su libro Amarga victoria, publicado el año 2000, que el martes siguiente al domingo 3 de marzo de 1996, fecha de las elecciones generales que ganó por la mínima el Partido Popular, José María Aznar le invitó a comer en su despacho de Génova 13, acompañado de Eugenio Galdón. Respecto al estado anímico de Aznar, escribe Ramírez que el líder del PP "continuaba presa de una profunda depresión posparto". Esperaba un triunfo rotundo, casi mayoría absoluta, y se encontró con una situación complicada para formar Gobierno. Sacó pecho, no obstante, ante sus invitados y dijo textualmente: "Hay que reconocer que tengo un par de cojones... He ganado contra Felipe, he ganado contra Polanco, he ganado contra la televisión pública, he ganado contra Kohl..." Obsérvese que Jesús Polanco figuraba en segundo lugar, inmediatamente detrás de González, según la clasificación de adversarios hecha por Aznar. Ninguna sorpresa. Polanco ha sido durante décadas la obsesión paranoica de la derecha española y de su poderoso entorno mediático. Le atribuyeron gran parte de sus males o de sus desdichas. Hasta su reciente fallecimiento Polanco fue para el PP el malo de la película. Mantener por parte de un dirigente del PP una buena o fluida relación suponía ser tachado de traidor. Alberto Ruiz-Gallardón sabe muy bien a lo que me estoy refiriendo. También, con algunos matices distintos, Rodrigo Rato. Cuando finalmente pudo Aznar llegar a La Moncloa, puso en marcha a gran velocidad una operación de castigo o de venganza. Tanto Polanco como Juan Luis Cebrián, mano derecha del presidente de Prisa, estuvieron a punto de ser condenados judicialmente y de pasar un tiempo en la cárcel. Ahora se ha abierto, en todo caso, elproceso de la sucesión de Polanco. Toda sucesión es a priori una incógnita. ¿Qué futuro le espera al Grupo Prisa después de Polanco padre? Algunos profetas más o menos interesados auguran malos tiempos para El País, la SER, Sogecable, Cuatro, Canal Plus, CNN Plus, Cinco Días, As y, por descontado, las diversas y potentes inversiones que tiene Prisa en países extranjeros. Da la impresión, sin embargo, de que ciertas alarmas no responden a la realidad. Algunos observadores parecen confundir sus deseos con la realidad. Pero es cierto que –en virtud de la compra de Recoletos por parte del Grupo Unidad Editorial– precisamente Pedro J. Ramírez ha subido muchos enteros en la bolsa del poder mediático. Su vieja aspiración de transformarse en el Cebrián, e incluso en el Polanco, de la derecha comienza a ser desde la lógica empresarial algo tangible. Por otra parte, la pronta aparición del diario Público, promovido por Jaume Roures –que es un personaje sin duda emergente en el ámbito mediáticojunto a La Sexta proyecta una sombra de inquietud en El País. ¿Le restará lectores al diario de cabecera de Prisa? ¿Podría perder el liderato Prisa, respecto a los periódicos de información general, en beneficio de El Mundo? Por otra parte, conviene tener en cuenta la guerra abierta por el fútbol entre Sogecable y la conjunción de La Sexta y Roures, cuya notable capacidad de maniobra es poco discutible. Este doble reto a Prisa concita singular atención por su trasfondo empresarial y sobre todo político. Tales iniciativas –ambiciosas, desde luego–surgen de lo que cabría definir como zapaterismo mediático. ¿Le interesa a Zapatero, a pocos meses de las elecciones, una confrontación entre ambos grupos? Evidentemente, no. Este otoño se presenta política y económicamente caliente. En el periodismo, también. • Enric Sopena |
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