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Nº
754 - 17 de septiembre de 2007 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De la familia del dictador y su inmunidad Leído en el diario El País del domingo 9 de septiembre: “La cosecha del dictador. La familia multiplica su fortuna gracias al boom con las tierras regaladas a Franco”. ¡Por fin parece que va llegando la hora de pasar cuentas con el sátrapa de El Pardo! El fulminante ha sido una iniciativa del Gobierno gallego –integrado por socialistas y nacionalistas– para abrir el pazo de Meirás al uso público. La familia del dictador ha reaccionado, desde el primer momento que supo las pretensiones del Ejecutivo que preside el socialista Emilio Pérez Touriño, bunkerizándose, según su estilo tradicional, y negándose al menor gesto para negociar un acuerdo respecto a Meirás, uno de los símbolos más sobresalientes del franquismo. La cuestión se encuentra en manos de la justicia. El trabajo publicado por el periódico de Prisa contiene algunas revelaciones altamente significativas de cómo la Transición se hizo con todo tipo de miramientos y de exquisiteces hacia los Franco. Familia intocable, inmune, especie protegida. “La democracia fue tan paciente con los Franco que tanto Carmen como su marido, el marqués de Villaverde, llegaron a disfrutar de pasaporte diplomático hasta bien avanzados los años ochenta”, puede leerse. Con la Constitución aprobada en 1978, pasado el susto del 23-F, con Felipe González en La Moncloa, la hija del Caudillo y el yernísimo, que fue un vividor y un profesional de pelotazos destinados a enriquecerse, gozaban de privilegios como si nada hubiera pasado en España a partir del deceso del militar golpista el 20 de noviembre de 1975. He aquí otras observaciones interesantes: “Al periodista y escritor Mariano Sánchez Soler se debe la obra más documentada sobre el patrimonio cosechado por la familia Franco (Franco, SA, editorial Oberón). Sánchez desbroza cómo la austeridad del dictador contrastaba con la voracidad de su entorno familiar, que se manifestaba incluso en la recepción de regalos que instituciones y particulares hacían como consecuencia de las famosas recepciones celebradas en El Pardo cada martes. Jamás esos regalos fueron inventariados. La familia siempre consideró que tales ofrendas pasaban a engrosar el patrimonio familiar. Lo mismo hizo con cuanta documentación oficial se manejó en El Pardo, documentación que pasó a formar parte de una fundación privada tras la muerte del dictador, la Fundación Francisco Franco, un hecho insólito que ha llegado a nuestros días. Ni siquiera se tiene la certeza absoluta de que dicha fundación posea en sus fondos toda la documentación que salió de El Pardo, puesto que algunos historiadores han denunciado la venta de documentos en anticuarios. El propio Sánchez reconoce la dificultad de estimar a cuánto ascendió la fortuna de los Franco lejos del poder. Algunas fuentes citaron la cifra de 60.000 millones de pesetas. Otras llegaron hasta los 100.000 millones. Las cuentas nunca fueron auditadas. Hacienda no les molestó durante años”. Visto lo visto, y lo que al respecto falta por ver, es comprensible la cerrazón del Partido Popular frente a la memoria histórica, que con excesiva cautela y no poca pusilanimidad, aunque con inequívoca buena voluntad, impulsa el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El partido heredero en términos sociológicos y básicos del franquismo, fundado por un grupo de relevantes ex ministros del Generalísmo, con don Manuel Fraga Iribarne a la cabeza, y ahí sigue, se resiste a volver la mirada hacia un pasado que continúa siendo oscuro y en buena parte tenebroso. Prefieren la opacidad y el silencio. Remover cuanto sucedió en España a raíz del llamado Alzamiento Nacional, el 18 de julio de 1936, no haría otra cosa que incrementar el rechazo mayoritario hacia los cuarenta años de Franco. Únicamente, faltaba saber con pruebas fehacientes, como las apuntadas por El País, que además todo aquello fue una historia similar a la de Alí Babá y los cuarenta (también) ladrones. Ni está por la labor el PP ni tampoco está, por supuesto, la prensa que gira en torno a los intereses de Génova 13. El justiciero diario El Mundo no parece interesado en este género de investigaciones pendientes que pueden llevarse a cabo a través del espejo retrovisor. Les ocurre lo mismo al ABC y La Razón. Por el contrario, continúan emergiendo cada vez con menos complejos los historiadores revisionistas del estilo de Pío Moa y César Vidal, entre otros nombres menos conocidos. Las calles y plazas de muchas ciudades y pueblos de España continúan exhibiendo numerosos nombres vinculados con la dictadura. Algunos afirman que esto carece de importancia, que es algo irrelevante. Se equivocan. Esta situación, a la que habría que añadir, por ejemplo, el Valle de los Caídos, y que se arrastra desde hace alrededor de sesenta años, actúa de termómetro. Mientras se mantenga la simbología franquista, más difícil será que se desarrolle y se expanda la memoria histórica. De eso se trata. Los Franco son más que una familia. Fueron y siguen siendo una gravísima anomalía que pretende perpetuarse. Luis G. del Cañuelo |
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