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| Nº 754 -17 de septiembre de 2007 |
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Mensajes electorales
por Santiago Carrillo H ace días las televisiones nos ofrecieron un es- pectáculo hasta cierto punto sorprendente. En una secuencia, el jefe del Gobierno Sr. Rodríguez Zapatero y el banquero más importante del país, el Sr. Botín lanzaban al unísono un mensaje de confianza en el futuro de la economía española, con datos macroeconómicos en mano. En otra secuencia, el Sr. Rajoy, más sombrío que nunca, apoyándose más bien en la microeconomía, respondía con otro mensaje radicalmente opuesto, anunciando un futuro doloroso. Aparentemente los primeros se dirigían a los bolsistas intentando inducirles al optimismo y el segundo a los electores esperando que el pesimismo se convierta en votos favorables al PP. Me temo que el efecto de ambos mensajes no haya sido muy eficaz; el uno, porque en vez de animar a los inversores haya confundido a los electores, extrañados de ver coincidir en un periodo electoral al principal dirigente de la izquierda con el banquero mayor –que la gente corriente identifica con la derecha–; el otro, porque el electorado no crea para nada en sus jeremiacas propuestas, mientras los inversores –no situados mayormente a la izquierda–tomen en serio su pesimismo, que probablemente les induzca a no invertir y a seguir jugando a la baja. Como elector de izquierda, que considera peligrosa para el sistema democrático la victoria de una derecha tan extrema, cual la que hoy representa el PP, pienso que estos ejercicios privan de transparencia a la política de uno y otro, precisamente en un periodo en que lo importante es que el ciudadano llegue a ver claro lo que son y lo que diferencia a ambos. Muchos somos los que nos preocupamos por las consecuencias negativas que pueda tener la abstención. Lo cierto es, por el contrario, que el abstencionismo representa más bien, una cierta crisis –sino una crisis cierta– que amenaza hoy al sistema democrático en algunos países. En Marruecos la cosa es clara: en una monarquía absoluta la democracia es una ficción y abstenerse es una forma de denunciar esta realidad. Cuando los partidos democráticos de izquierdas parecen más interesados en alcanzar el voto llamado de centro que el de izquierda –lo que entraña realizar concesiones a la derecha–, corren el peligro de perder su significación, de desnaturalizarse. Yo creo que los jóvenes que hace tres años, la noche de la victoria, decíana Zapatero: "No nos defraudes", querían referirse a ese peligro. En mi opinión Zapatero ha obrado como un gobernante de izquierda y ha hecho aprobar leyes que hacen progresar a este país. Pero a veces el ciudadano ha tenido la impresión de que su mismo Gobierno tenía dificultad en acompañarle. Sobre todo cuando el vicepresidente económico habla como si en vez de ocupar este cargo fuese un analista liberal e independiente, ajeno a la política gubernamental. También es posible que el presidente haya dado alguna vez la impresión de autosuficiencia y de quedarse exclusivamente con los datos de la macroeconomía. Pienso que en los meses que quedan hasta las elecciones, es esencial ganar el voto de la izquierda, poniendo el acento en la política social, en la redistribución de la riqueza y en la reivindicación de los valores progresistas, desenmascarando la demagogia del PP en todos los aspectos. Sería un error olvidar que en este país hay muchos ciudadanos de izquierda que no confían demasiado en los partidos de esa significación. Y ese es el voto que hay que asegurar preferentemente para ganar. •
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