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| Nº 753 - 10 de septiembre de 2007 |
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Así cuenta el Pentágono
por Miguel Ángel Aguilar c on el esperado informe que presentó ayer el general David Petraeus ante el Congreso de los Estados Unidos hemos conocido por fin su rendición de cuantas sobre los logros obtenidos. Como ya había anticipado Paul Krugman en su columna del diario International Herald Tribune ninguno de los estudios independientes ha podido señalar que la violencia en Irak esté disminuyendo. Es la misma sensación que tienen los ciudadanos de a pie que se informan por los medios de comunicación. Pero sucede que los hechos pueden negarse si se dispone de la ayuda de un instrumental estadístico ad hoc. Es cierto que las estimaciones basadas en las cifras de los tanatorios, los hospitales y la policía confirman que el número diario de civiles muertos casi duplica el promedio del año pasado y que una reciente investigación de la non partisan Government Office es incapaz de encontrar disminución alguna en el número promedio de ataques diarios. Pero estos datos para nada impiden que los militares en los que pretende escudarse el presidente Bush clamen victoria. Para ello el Pentágono ha inventado una estadística discriminatoria, basada en una fórmula supersecreta utilizada que separa y deja sin computar las muertes debidas a las luchas sectarias de modo que las restantes alcanzan la suma inferior que se andaba buscando. Informaciones de prensa señalan que todos los muertos causados en Irak por los coches bombas quedan excluidos de esa estadística. Además, según dijo un analista de inteligencia al diario Washington Post, si los disparos que matan vienen de atrás se consideran procedentes de luchas sectarias es decir fuera de cómputo y sólo si se reciben de frente pasan a ser de origen criminal. Con estos criterios sui generis el número de víctimas está disminuyendo en la proporción que permitepresentar ante el Congreso una contabilidad que avala la disminución de víctimas mortales. En la peculiar métrica del Pentágono también se considera un progreso cuando en una localidad donde se ha producido la limpieza étnica la eliminación absoluta de los rivales impide que en adelante puedan ser asesinados. Krugman pronosticaba que los demócratas serían muy cuidadosos en el planteamiento de cuestiones sobre todo al general Petraeus así como en el texto de la moción a presentar a la Casa Blanca. En su opinión, los congresistas y senadores buscarían la manera de evitar que se les tachara de antipatriotas o de antimilitares, a pesar de lo cual pensaba que acabarían recibiendo esas descalificaciones y que llegadas las elecciones de 2008 los republicanos volverían a insistir en que votar demócrata es votar contra las tropas que combaten valerosamente bajo la bandera de Estados Unidos. Pero las comparecencias del comandante en jefe sobre el terreno, general David Petraeus, y del embajador americano en Bagdad, Ryan Crocker, han recibido toda suerte de andanadas. Ni sus datos ni sus argumentos han convencido a la afición incluso a la más afín. Quedó clara la carencia de estrategia alguna para Irak, una guerra desgraciada que se inició con la fantasía acerca de las armas de destrucción masiva y una visión ilusoria de Irak. Cundo el senador republicano John Warner, que ahora se siente más libre que nunca tras haber anunciado su retiro, preguntó al general si el repentino incremento de las tropas destacadas en Irak decidido por el presidente Bush estaba fortaleciendo la seguridad de América la respuesta de David Petraeus fue: "Sir, I don't know actually". De modo que si las cosas están así en Washington, ¿a cuento de qué viene el artículo del Wall Street Journal denigrando la política exterior del presidente Zapatero?•
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