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Nº 753 - 10 de septiembre de 2007

Más España, más vivienda, mejores pensiones y renovado talante

Ofensiva ZP

Tras el vuelco en su alicaída imagen conseguido tras el Debate del Estado de la Nación del pasado julio, Zapatero ha iniciado el curso político con renovados bríos y decidido a que en los apenas seis meses que restan hasta las elecciones el PP no le arrebate la iniciativa. Con la vista puesta en la cita electoral de marzo el presidente exhibe tras el verano su perfil más moderado y su talante más optimista. A pesar de la incertidumbre económica, ZP ha pisado el acelerador de las promesas: subida de pensiones, mejor acceso a la vivienda, más empleo y más patriotismo. En la recta final hacia las urnas ya no habrá más guiños a la España plural ni al radicalismo. ETA sólo merece el acoso policial y los españoles, la mejor política social. La crisis de liderazgo en el PP colabora en la estrategia pero el descontento de Cataluña y la evolución de la economía podrían truncar la ofensiva.

Por Inmaculada Sánchez

Que España esté en lo más alto en cohesión social y en sus políticas sociales”. Esta era la directa y escueta respuesta del presidente del Gobierno a la pregunta del director de El País, Javier Moreno, respecto a su objetivo político para las próximas elecciones. La amplia entrevista, publicada el primer domingo de septiembre en el rotativo líder nacional, era el inicio de una ofensiva política centrada en el retorno a las clásicas señas de identidad del PSOE que va a continuar en las próximas semanas.

Ya durante el mes de julio Zapatero dio síntomas de que, a pesar del duro golpe que supuso para su imagen y liderazgo social el fin de la tregua de ETA, no era un político liquidado. No sólo triunfó inesperadamente ante Rajoy en el Debate de la Nación sino que, acto seguido, retocó el Gobierno en las áreas que menos empuje político habían tenido durante la legislatura dando paso a nuevos ministros cuyos nombres iban acompañados de un mensaje al electorado.

Poco antes había decidido que fuera el ministro de Trabajo quien volviera a ponerse al frente de la elaboración del programa electoral. Jesús Caldera, nuevamente, su antaño número dos y el ministro con mayor contenido social en su cartera, era obligado a salir de la trabajosa gestión de su macrodepartamento para elaborar mensajes políticos y zambullirse en la estrategia de la primera línea. El verano de Doñana y los Oscos asturianos parecen haber servido al presidente para terminar de diseñar la operación de fin de legislatura. Y en el partido respiran aliviados.

En Moncloa quieren pasar página a los dos grandes asuntos que “enturbiaron”, según lo entendían no pocos dirigentes del Partido Socialista, la gestión del Gobierno: el modelo de Estado y la reforma de los estatutos de autonomía, por un lado, y el proceso para el fin de la violencia etarra, por otro.

El segundo murió por decisión de ETA bajo los escombros de la terminal 4 del aeropuerto de Barajas y los cuerpos de los dos ciudadanos ecuatorianos fallecidos en el atentado. Ahora, tanto De Juana Chaos como Otegi están en prisión y las fuerzas de seguridad del Estado suman ya 300 detenciones de presuntos etarras en la legislatura –29 tras la ruptura del alto el fuego–, algunas de las más importantes producidas en las últimas semanas con la colaboración de la policía francesa.

A pesar del estallido de un coche bomba frente a la casa cuartel de Durango, que se saldó con sólo dos heridos leves, la policía y la guardia civil lograron poco después impedir el uso de otra furgoneta bomba en Castellón destinada a un gran atentado (los terroristas la hicieron estallar al sentirse cercados). Las más recientes detenciones en la localidad francesa de Cahors y el hallazgo  de un auténtico centro de organización de atentados de la banda ha dado argumentos a Zapatero para apoyar sus afirmaciones sobre la firmeza con la que el Gobierno va a enfrentarse a ETA a partir de ahora. La decisión de renunciar al gobierno de Navarra puso el broche definitivo a la nueva orientación estratégica decidida en Moncloa y aplaudida desde Ferraz.

El altísimo coste pagado por el PSOE en la comunidad foral, abriendo una crisis en el socialismo navarro y una grieta de consecuencias imprevisibles en su relación con el mundo abertzale pacífico que representa Nafarroa Bai da una idea de que la nueva línea trazada por el presidente para llegar a las próximas elecciones generales no tiene rodeos ni caminos alternativos.

Se trata de dejar al PP, que ya acumula problemas con el débil liderazgo de Rajoy, sin banderas de fácil demagogia. Las reformas de los estatutos de autonomía más comprometidos ya están completadas y ahora hay que volver a hablar de España, a secas, sin el famoso adjetivo de “plural” del que tanto alardeó Zapatero en los primeros compases de su llegada al poder.

De ahí presentar como una iniciativa personal del presidente la recuperación de la presencia del Gobierno de España como una “marca” con su logotipo e imagen junto a cualquier organismo o institución dependiente del Ejecutivo (Ver recuadro “Gobernando España”). “Uno va a Andalucía, y “Junta de Andalucía”, a Madrid, y “Comunidad de Madrid”. Aquí de lo único que no se habla es del Gobierno de España y resulta que es el que dispone de más presupuesto y el que más responsabilidades tiene. Y llamé a la vicepresidenta, hará cerca de un año. Ha costado casi un año para que todos los múltiples organismos fueran adaptando lo que es su imagen de marca. Y ahora estamos en el proceso final de establecer un logotipo que sea el del Gobierno de España” Así de orgulloso explicaba el proyecto el mismo Zapatero en la ya citada entrevista de El País. Pero no sólo se trata de un logotipo.

En Ferraz saben que lo que más ha costado digerir a los propios socialistas en el proceso de reformas de los estatutos ha sido la renuncia a la cohesión de España como una de las señas de identidad de su histórico partido. En ese descontento crecían las críticas de dirigentes hoy ya retirados de la primera línea pero con fuerte autoridad en sus feudos, como José Bono o Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El retorno a los mensajes de la cohesión social serán, pues, el mejor bálsamo para los duros tiempos del inicio de la legislatura, cuando Zapatero era tildado de “entregado” a los nacionalistas.

Las claves del nuevo mensaje las adelantó Jesús Caldera en estas páginas el pasado julio (Ver nº 750). Pleno empleo, universalización de las guarderías para niños de 0 a tres años, desarrollo de la Ley de Dependencia, nuevas subidas para el salario mínimo interprofesional, rebajas fiscales para las rentas del trabajo... toda una batería de contenidos sociales volvían a la primera línea de los mensajes del Gobierno y pasaban a nutrir el futuro programa electoral.

Una semana después, la flamante ministra de Vivienda desgranaba sus planes y objetivos también en las páginas de El Siglo (Ver nº 751). “Quiero garantizar la vivienda a todos los ciudadanos”, aseguraba Carme Chacón en la que fue una de sus primeras entrevistas tras su nombramiento. La ministra más política de los recién llegados al Gabinete de Zapatero se apresuraba a comunicarse con la población y a darle esperanzas en uno de los problemas con los que, precisamente, menos éxito había tenido hasta ahora el Ejecutivo.

Vuelve el optimista. Todos los elementos estaban a punto. En el primer acto público de Zapatero tras dar por concluidas sus vacaciones, en la tradicional fiesta minera de Rodiezmo, en León, anunció alguna promesa más: las pensiones mínimas subirán en 2008 el doble de lo que aumenten de media las demás pensiones, la de los viudos menores de 65 años con hijos a cargo  subirán 110 euros lineales al mes, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social alcanzará los 50.000 millones de euros y el permiso de paternidad pasará de los 15 días que estableció hace bien poco la Ley de Igualdad, a 30 en la próxima legislatura. Desde la oposición y no pocos medios se le acusó de electoralista, sí, pero el patio socialista le aplaudió a rabiar.

Con los ecos de las palmas aún en los oídos, en la primera reunión de la ejecutiva federal del PSOE tras el verano sus miembros volvieron a ver al Zapatero de antaño, con su “optimismo antropológico” en el semblante animando a sus compañeros a afrontar los meses venideros con ímpetu y espíritu vencedor.

Se decidió la convocatoria de tres conferencias sectoriales monográficas, dosificadas entre octubre y diciembre, para debatir los que se pretende sean los temas estrella del programa. A saber, políticas sociales y de cohesión, ayudas a la familia, y cambio climático y desarrollo sostenible. En enero, la gran conferencia final que alumbrará el programa electoral.

“Tengo más fuerzas, más ganas y más ambición por España”, que durante la anterior campaña electoral. “Pretendo ponernos a la altura de los países con más prestaciones, con más políticas sociales de Europa y, por tanto, del mundo”. “Prometí que sería implacable con ETA, y lo estamos siendo”. Los mensajes públicos de Zapatero no han dejado de encandilar a sus compañeros de partido desde que retornara a su despacho de presidente.

Pero el entusiasmo no decide la realidad y los datos del paro de agosto han venido a enturbiar el mullido camino por el que transitaba el presidente hasta el pasado martes. Ese día se daba a conocer la peor cifra de incremento del desempleo durante agosto de los últimos diez años. 58.000 nuevos desempleados  volvían a colocar por encima de la psicológica cifra de los dos millones el número de parados del país. Y no sólo eso. El euribor volvía a subir y toda la UE cruzaba los dedos hasta el jueves pasado a la espera de la decisión del Banco Central Europeo que, finalmente, no subió los tipos de interés (Más información en las páginas centrales de “Dossieres”).

El vicepresidente y ministro de Economía Pedro Solbes tomaba buena nota de las cifras y el martes pasado hacía una rentrée bien diferente a la del presidente reconociendo que la situación económica era de “incertidumbre e indefinición”, lo cual “siempre es malo”, para añadir a continuación que en 2008 se crecerá algo menos e, incluso, podría perderse empleo. A pesar de ello, Solbes apuntaba que las subidas de tipos habían tocado techo y que la economía española estaba fuerte para afrontar lo que viniera.

Al presidente las turbulencias económicas no le han parecido inmutar. Acompañado del primer banquero del país, Emilio Botín, en una visita a la sede central del BSCH, se ratificaba en su espíritu positivo. “La economía española crece y va a seguir creciendo”, es capaz de “hacer frente a las turbulencias del sector financiero”, el empleo “va a seguir aumentando” y todo este diagnóstico está “lleno de realismo”, dijo en Boadilla.

Mientras, la ministra Chacón trabaja a destajo para presentar en octubre un ambicioso Plan de Medidas para el acceso a la vivienda de jóvenes (aquellos del “no nos falles”) con el alquiler como principal objetivo, al tiempo que aplaude la anunciada Ley de Manuel Chaves para garantizar un hogar a todo andaluz con menos de 3.100 euros de renta al mes.

Rubalcaba tendrá que seguir dando buenas noticias respecto al acoso a ETA. Las hipotecas deberán frenar su escalada. Los planes de acceso a la vivienda, dar sus frutos. Y los catalanes, reducir su descontento. Puede ser éste uno de los frentes más complicados en la ofensiva diseñada por ZP. En la llegada del AVE a Barcelona para diciembre tiene puestas grandes esperanzas Moncloa. Más le valdrá que así sea porque Cataluña es, después de Andalucía, quien que más escaños aporta al PSOE en las elecciones.

Rajoy asegura su candidatura

El debate sobre las listas de su partido al Congreso, sobre las aspiraciones de otros dirigentes populares a sucederle y sobre si al electorado le caen más simpáticos Gallardón o Rato según las encuestas ha acabado con su paciencia. Tanto revuelo a cuenta de su liderazgo en el partido no hacía más que poner piedras en su camino hacia La Moncloa y ésta no era forma de arrancar un curso político con claro contenido electoral. La pasada semana, Mariano Rajoy anunció una decisión más simbólica que ejecutiva: la Junta Directiva Nacional del PP y a propuesta suya, le designará oficialmente candidato del partido a las generales de 2008 este lunes. Lo hizo arropado por sus barones territoriales, que acudieron a Génova para respaldar a su líder y para escucharle decir que cualquier decisión que tenga que ver con las listas emanará de él y de su Ejecutiva, abortando cualquier intento de meter mano sin su consentimiento y aprobación.

Desde que perdiera las elecciones el 14-M, Rajoy ha tenido que escuchar que su liderazgo carecía de firmeza suficiente para ganarle a los socialistas en 2008. Su forma de templar gaitas ante crisis como la de Madrid o la de la Comunidad Valenciana, discreta y serena, se han interpretado como una debilidad, y alguno ha aprovechado la circunstancia para emitir opiniones con una libertad a la que en tiempos de Aznar no se habrían atrevido.

Así las cosas, Rajoy se ha visto obligado a dar explicaciones sobre su permanencia al frente del PP, poniendo cortapisas a las irrefrenables aspiraciones a la presidencia de Alberto Ruiz-Gallardón y desautorizando a un Manuel Fraga empeñado en abrir un debate sucesorio. Con este último movimiento para reafirmar su poder intenta además que el debate generado en torno a Rodrigo Rato y su posible regreso a la política -recientes encuestas y editoriales destacan sus méritos y su valor dentro del PP- no agrave aún más la crisis. De ello también se han encargado sus número dos y tres, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, que prácticamente al unísono recordaron hace unos días que el ex vicepresidente económico dijo abandonar el FMI por motivos personales y no para regresar a la política activa.

Por V. M.

Gobernando España

No hay duda de que uno de las principales fuentes de problemas para el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido el de la articulación de la denominada por él mismo 'España plural', a través de la reforma de los estatutos de autonomía.

El proceso de renovación de los textos ha sido un buen ejemplo de cómo los políticos queman sus energías en asuntos que la ciudadanía siente bastante lejanos, como demuestran los bajos porcentajes de participación en los referéndum de aprobación de los mismos. Así, durante muchos meses la primera línea de la actualidad nacional ha estado ocupada por debates estériles que trataban de decidir si cada una de las comunidades autónomas que decidieron introducir cambios en sus estatutos era una nación, una nacionalidad, una comunidad histórica o cualquier otro ejercicio de equilibrio semántico. De hecho, éste fue el primer ariete que el Partido Popular utilizó contra el gobierno, argumentando que España se rompía ante la permisividad del Gobierno con los nacionalistas.

Teniendo en cuenta todo esto es cuando la nueva campaña de imagen lanzada por el Gobierno cobra sentido, enmarcándose claramente en un intento por arrebatar al principal partido de la oposición esa idea de identidad nacional de la que parece haberse apropiado el Partido Popular en particular y la derecha en general durante los últimos meses.

Oficialmente, la idea de situar un logotipo con el texto "Gobierno de España" en la publicidad institucional de ministerios y organismos dependientes del Estado es una iniciativa personal del presidente, quien echaba en falta una imagen unificadora de todas estas entidades que redujese la confusión de los ciudadanos ante la maraña de siglas y que equiparase al gobierno central con la comunidades autónomas, donde todas cuentan con un logotipo identificable y presente en sus campañas.

Según esta versión, a partir de la idea concebida por Zapatero la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega y el equipo de la secretaría de Estado de Comunicación pusieron en marcha los engranajes para dotar al Gobierno de una 'imagen de marca'. Una labor en la que Televisión Española tendrá un papel importante como soporte audiovisual, ya que según el borrador del próximo mandato-marco del ente público, éste va a tener entre sus objetivos “contribuir a la construcción de la identidad de España”.

El Gobierno hizó público el mes pasado el resultado del concurso que había convocado para recibir ideas con las que elaborar el nuevo logo, para cuya utilización todavía no existe una fecha determinada. El jurado, integrado por profesionales del diseño y la arquitectura otorgó el premio estipulado de 12.000 euros a la propuesta de Juan Repullés, socio director de la consultora Margen Multimedia.

El problema es que la idea se parece demasiado al logotipo que actualmente utiliza el gobierno federal alemán. Por ello, desde la secretaría de Estado de Comunicación se ha insistido en que es simplemente la base, y que todavía resta el proceso de elaboración del logo definitivo, para el que se ha abierto otro concurso en el que el ganador se ingresará 30.000 euros.

Por M. C.

¿La hora de Esperanza? por Enric Sopena


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