Hemeroteca Esta semana
 
Nº 753 - 10/9/2007

Manuel de Castro, secretario general de la FERE-CECA

"LA COPE NOS ATACA

POR NO IR CONTRA EL GOBIERNO"

La Federación de Religiosos de la Enseñanza-Centros Católicos (FERE-CECA), que representa a unos 2.400 colegios en toda España, no comulga con la nueva asignatura Educación para la Ciudadanía (EpC), pero tras su aprobación en el Parlamento decidió acatar la ley y tratar de consensuar con el Ministerio de Educación una serie de modificaciones para que no entrara en colisión con el ideario cristiano. Su secretario general, Manuel de Castro, se opone por tanto a la objeción de conciencia de los padres, lo que le ha convertido en el objeto de virulentas críticas que él achaca a no haber compartido "la estrategia de ir contra el Gobierno".

Por Virginia Miranda

Esta semana comienza un curso escolar polémico a cuenta de Educación para la Ciudadanía (EpC). ¿Será significativo el número de padres que tramiten la objeción de conciencia contra la asignatura?
—Según los datos que manejo, no llegarán a las 1.000 o 1.500. Es posible que se hayan producido algunas nuevas. Y es posible que otras se retiren. Lo que es cierto es que las cifras son muy inferiores a las que se están escuchando, por lo menos en la escuela católica.

—Usted no es partidario de la objeción.
—No la queremos en nuestros colegios, y no la queremos porque hemos hecho todo lo posible para adaptar la asignatura al carácter propio de nuestros centros. Si vamos a enseñar en definitiva la moral cristiana, la moral que aceptan los padres al matricular a su hijo en un colegio católico, no entendemos por qué hay que objetar. Además, creemos que es un arma peligrosa por una razón muy sencilla: hasta ahora nos había protegido de toda posible intromisión ser un centro con carácter y proyecto educativo propio. Si se acepta que uno puede objetar por esta asignatura, mañana otro puede objetarpor la clase de religión y al final se rompe lo que para nosotros ha sido una garantía de mantener el carácter propio reconocido en la Constitución. Esto no significa que las objeciones de conciencia que nos lleguen a los centros no las vayamos a tramitar. Pero lo que está claro es que no nos consideramos competentes para resolver la cuestión ni para eximir a un alumno de que vaya a clase.

—Pero también están en contra de la asignatura.
—En contra de la asignatura hemos estado siempre, nunca hemos cedido en eso. Obviamente no nos oponemos a que se eduque en valores cívicos en la escuela, lo que no queremos es que se utilice para transmitir opiniones morales no compartidas. Porque nosotros sí que transmitimos opiniones morales muy de parte, pero son libremente elegidas por los padres. Ahora, en el momento en que fue aprobada por el Parlamento dijimos: tenemos que aceptarlo. Somos demócratas y por tanto no podemos negarnos,como nos han pedido algunos padres y asociaciones. Ahora bien, cuando determinamos que había que impartir la asignatura porque es ley, decidimos trabajar para que se adecue lo más posible al carácter propio. Y para eso hemos tenido tres tipos de intervenciones. La primera, con Educación y las Comunidades Autónomas, que son las que han elaborado el currículum, es decir el temario. Hemos negociado con el Ministerio para tratar de eliminar aquellos aspectos que podrían entrar en conflicto.

—¿Cuáles?
—Sobre todo los referidos a la familia. Al final no se han eliminado, pero sí se ha quitado por ejemplo una afirmación en la que se decía 'los distintos tipos de familia' para cambiarla por otra que habla de la familia según la Constitución, que es el punto de encuentro de todos. El segundo eslabón de nuestras intervenciones es el relativo a los libros de texto. Los de las editoriales católicas que trabajan con nosotros nos parecen aceptables, y nuestros centros obviamente están sensibilizados sobre cuáles van a escoger. El tercer eslabón es el profesor, para mí el más importante. Al final el profesor es el que educa, el que transmite un valor o una opinión moral. Y para ayudarle es para lo que hemos creado eso que habéis venido en llamar los periodistas una guía. En realidad se trata de un material complementario al currículum del Ministerio y a los libros de texto en el que se recoge el pensamiento de la Iglesia sobre todos y cada uno de los temas que aborda Educación para la Ciudadanía.

—¿Eso significará que la asignatura se impartirá de forma distinta en un colegio católico y en un colegio laico? ¿La intención del Gobierno con esta asignatura quedará desvirtuada porque al final no es la que en un principio ha concebido?
—El Gobierno ha concebido la asignatura, entre otras cosas, porque existe un compromiso por parte de la UE de transmitir educación cívica en las escuelas. ¿Qué ha habido gente del PSOE que ha intentado introducir opiniones de parte, muy respetables, pero al fin y al cabo de parte? Eso también es verdad, pero el currículum es tan abierto que, por ejemplo, ha dado posibilidad de editar libros totalmente distintos con opiniones claramente contrarias sobre algunos temas. Sobre todo las relativas al más con-flicto, la familia. Creo que esto es una prueba de la democracia, aunque lo ideal es que estos temas no hubieran entrado en el currículum de la asignatura. En eso sí estamos de acuerdo con estas asociaciones críticas. Coincidimos en que nadie tiene que aprovechar la escuela para inculcar valores no compartidos y en rechazar la asignatura. Lo que nos diferencia es que hemos aceptado de manera democrática y sin conflicto la decisión. Eso sí, procurando suavizarla y hacerla realmente aceptable. Ahora, así como digo que en un centro católico no va a haber ningún problema, en el público se está detectando la intención de imponer valores o criterios morales no compartidos.

—¿Qué ejemplo puede darnos sobre las diferencias que pueda haber entre colegios laicos y católicos?
— Por ejemplo, a diferencia de un centro público, si se habla de la familia en un colegio católico es posible que se acentúe su importancia, que se defienda lo que se ha venido en llamar la familia tradicional y no se acepte fácilmente desde el punto de vista ético las llamadas familias homosexuales. Otra cosa son los derechos que deban tener, pero no se les dará la misma categoría de familia. Es posible que se hable del aborto como algo inmoral y, respecto al divorcio, efectivamente se reconozca la separación, pero no la posibilidad de que los matrimonios se rompan fácilmente. Pero he de recordar que hay muchos más puntos de encuentro sobre los valores en la sociedad española que de desacuerdo.

—¿Por qué tanto revuelo?
—Me parece muy bien esta especie de inquietud que se ha suscitado entre los padres sobre qué es lo que están aprendiendo sus hijos en la escuela. Pero seamos claros, llevamos 15 años con una asignatura llamada Ética en la que todos estos temas o muchos de ellos ya se han dado y no han generado ninguna preocupación. En este contexto me parece exagerada la reacción que está habiendo. Esperemos que el interés no termine una vez que pasen las elecciones, porque esto no ha preocupado nunca de la manera en que está preocupando y de hecho creo que no lo explica todo la inclusión de esta asignatura.

— Esta reacción procede de asociaciones de padres católicos y sobre todo del locutor de la COPE, Jiménez Losantos, que a ustedes les ha acusado de querer hacer negocio. Desde FERE enviaron una carta a los obispos para protestar por sus palabras ofensivas. ¿Qué respuesta han recibido?
—Acusarnos de actuar por negocio es lo más ofensivo que se puede decir. Llevamos más de 50 años, algunas congregaciones muchos más, trabajando por la educación y dedicando a los colegios gran parte del sueldo de los religiosos porque no llega lo que la Administración está pagando. De modo que una afirmación de esa naturaleza resulta ciertamente ofensiva. En el fondo lo que ocurre es que quienes no hemos querido secundar cuestiones de naturaleza política hemos sido atacados bajo todo punto de vista. No hemos querido entrar en polémica con el locutor ni con la cadena, por eso escribimos una carta privada a los obispos. Alguno de ellos ha entendido que había que hacerla pública y al final creo que ha resultado positivo, porque estoy recibiendo pruebas de solidaridad, como la de Antonio Dorado, presidente de la Comisión de Catequesis, o la del presidente de la Conferencia Episcopal (CEE), Ricardo Blázquez. Estos ataques no los hemos recibido en la vida, ni siquiera de emisoras contrarias a la escuela católica. Que se reciba precisamente de esta emisora, y por la única razón de que no hemos compartido su estrategia de ir contra el Gobierno, me parece muy grave.

— Qué le parece la división de la CEE? Su vicepresidente, monseñor Cañizares, ha vuelto a criticar la asignatura, mientras que como usted menciona, su presidente, el obispo Blázquez, ha respaldado a la FERE.
—En el fondo del asunto todos estamos de acuerdo. Nadie duda de que no se puede adoctrinar ni imponer una ideología particular desde la escuela. Realmente hay división, es cierto, pero en lo esencial no.
El Foro Español de la Familia y CON-CAPA son algunas de las asociaciones que han dicho estar dispuestas a apoyar una manifestación contra la asignatura. ¿Creen que se llevará finalmente a cabo? ¿Qué recomiendan hacer a los padres de los 2.400 centros de al FERE ante la posible convocatoria?
No sabemos si van a hacer una manifestación o no. En todo caso, con nosotros no están contando. Normalmente no nos gusta ser convidados de piedra, si se quiere hacer algo con nosotros lo tendríamos que decidir juntos. Pero no nos ha llegado ninguna propuesta formal y, mientras no llegue, no podemos saber qué postura tomaríamos.

—¿Qué opinión tiene ministra Educación?
—Cuando llegó Mercedes Cabrera para sustituir a María Jesús San Segundo la ley ya estaba aprobada. En cuanto a sus declaraciones públicas, ha tenido discursos diferentes, aunque en general no tenemos crítica alguna que hacerle.

—¿Se han reunido con ella?
—Sí, hemos tenido algunos encuentros, pero con quien más hemos trabajado ha sido con el secretario de Estado de Educación, Alejandro Tiana, que es quien ha liderado todo el proceso, tanto de la asignatura como de la elaboración de la ley.

—Las asociaciones de padres católicos han dicho que el Gobierno no ha querido negociar.
Yo creo que sí. Nunca ha renunciado a la existencia de la asignatura, pero pactar o negociar sus contenidos, se lo han ofrecido a todos. Pero claro, estas asociaciones pedían o la retirada de la asignatura, o que fuera voluntaria, o que se cambiara totalmente. E ir a una negociación diciendo o todo o nada, no es voluntad de negociación.


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