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| Nº 753 - 10 de septiembre de 2007 |
De la represión al destape DESNUDOS POR BARCELONA Los extraños vericuetos por los que un rico y cosmopolita escritor, amigo de Chaplin y con una relación fluida con A la vez que a principios del verano se prohibía en la Polonia de los gemelos el topless en lugares públicos, en Barcelona se apuntaba algún matiz de polémica sobre el alcance del nudismo. El portavoz del PP en el Ayuntamiento pedía una regulación que limite la presencia callejera de gente sin ropa. Hace un par de años el anterior consistorio aprobó una propuesta para que la Ciudad Condal fuera considerada un espacio favorable para la práctica del naturismo, más allá de las playas urbanas donde ya se practica. La polémica no ha superado el terreno de la curiosidad. Por Manuel Espín En los años 50 y hasta en los 60 la Guardia Civil tenía entre sus competencias la de perseguir y detener a personas que transgredieran la norma de principios de la década que imponía el bañador de una pieza para las mujeres y el pantalón corto para el hombre, estando prohibidos tanto el dos piezas como el bañador de competición.Se cuenta que el intrépido alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, tuvo que arrancar personalmente en El Pardo la autorización para que se permitiera el bikini en las playas de la ciudad “para atraer divisas”. Imperaba un delito como el del “escándalo público” en el que cabían muchas cosas, incluso la tipificación de tomar el sol con poca o sin ropa. Que en las mejores condiciones podía acarrear una noche de calabozo, una multa o sanción administrativa, o la expulsiónn del país cuando se trataba de extranjeros. Hoy este delito ha desaparecido del Código Penal, se han legalizado muchas asociaciones nudistas en toda España, diversas piscinas municipales acogen horarios para esa práctica en distintas ciudades del país. En varios lugares como Cataluña o el País Vasco se celebran carreras nudistas, y Gijón organizó el pasado año una Gala de Natación Internacional con el patrocinio de instituciones del Principado. Varios campings o centros turísticos se han especializado en este tipo de turismo tanto en el Mediterráneo como en Canarias, siguiendo el ejemplo de Croacia donde representa un porcentaje muy importante de los ingresos turísticos de esta república que perteneció a la extinta Yugoslavia. No es raro desde hace meses en Barcelona cruzarse con ciudadanos sin ropa por espacios públicos sin que ello despierte más atención que alguna foto captada con un teléfono móvil por los transeúntes. El supuesto “escándalo” no se ha producido, y las incidencias han sido mínimas. Un juzgado de instrucción de la Ciudad Condal absolvió hace meses a un mosso d´esquadra acusado de coaccionar a un dirigente de una asociación naturista para que se vistiera cuando circulaba en bicicleta sin ropa. El nudista había esgrimido un tríptico del Ayuntamiento de Barcelona en el que se defendía el derecho a ir con o sin ropa por lugares públicos. El juez afirmó que “no estaba probado que el agente del orden le obligara a vestirse con coacciones”. Una declaración a años-luz de lo que podía ocurrir en España en otras épocas. Desde principios del siglo XX en países como Alemania han venido organizándose asociaciones nudistas, creándose espacios delimitados para esa práctica, amparándose en esa época en filosofías de higienismo y de contacto con la naturaleza, ampliándose esa costumbre a otros lugares de Europa y a Norteamérica, con desigual fortuna en función de los avatares políticos. En los años 30 en España florecieron algunas de esas asociaciones, rigurosamente prohibidas después de la guerra civil. Se cuenta, sin embargo, que varios presidentes norteamericanos, incluidos Kennedy o Johnson acostumbraban a nadar desnudos en la piscina de la Casa Blanca. En España se llegaron a prohibiciones insospechadas en otros países. Por ejemplo, se impidió en 1942 celebrar en Barcelona un campeonato de fuerza (precedente de lo que hoy llamaríamos culturismo) con el mismo argumento con el que se imponían sanciones a quienes llevaran en playas y piscinas bañadores no ajustados a la norma de “decencia pública”. En 1955 el Obispo de Las Palmas Monseñor Illundain, (prelado que al parecer tampoco tenía buena química con Franco) se quejó a El Pardo de que en la entrada del estadio impulsado por Falange aparecían estatuas de desnudos, lo que motivó que se diera orden de retirarlas (olvidando que en el Vaticano aparecen desnudos en algunas de sus obras más representativas como las de Miguel Ángel). En tono más propio del género esperpéntico que del costumbrista puede parecernos hoy alguno de los oficios del pasado como el de los “controladores de espectáculos” encargados de fiscalizar que los textos de las obras se ajustaran a lo aprobado y que las faldas tuvieran la medida adecuada. O la anécdota de la mujer del ministro que al final de los 50 vio en un cine de la Gran Vía madrileña un No-Do en el que Marilyn Monroe aparecía con un escote generoso, y al día siguiente sala a sala, probos funcionarios tuvieron que cortar el plano en cada una de las copias. La realidad de hoy en día nada tiene que ver siquiera con la de los años de la transición, los del llamado “destape”, en el que los espectáculos se llenaron de gratuitos desnudos. Hoy un desnudo ni siquiera es un motivo para atraer público. En Barcelona se ha representado durante algunas semanas a principios de 2007 el musical Cantando desnudos en el que sus protagonistas masculinos aparecen sin ropa sin que ello suponga un especial motivo de atracción ni de público. Ya nadie acude a un teatro sólo porque aparezcan desnudos. “Nada hay menos erótico que un espacio donde se reunen nudistas, –dice Ismael Rodrigo, presidente de la Federacion Española de Naturismo–, porque la práctica del nudismo es esencialmente familar. No nos importa si los cuerpos son más bonitos o más feos, si se trata de niños con sus padres o de ancianos. Tampoco hay un perfil desde el punto de vista profesional de quienes practicamos esta actividad. Hacen nudismo tanto conocidos políticos como profesores, militares e incluso sacerdotes. No nos importa otra cosa que el sentirnos a gusto sin necesidad de llevar ropa”. Rodrigo considera que la normativa española sobre la materia es de las más positivas de Europa: “Nos oponemos al concepto de playa nudista-gueto. Lo ideal sería poder compartir espacios, sin que nadie tenga por que ver herida sensibilidad alguna. Unicef no considera la visión del desnudo humano como un hecho perjudicial para la infancia, sino al contrario, puede ser socialmente beneficioso porque ayuda a reducir las diferencias de género y a eliminar cualquier connotación sexual. Nada hay menos erótico que un lugar donde se practica el naturismo. Pero también hay que ser respetuoso con quien quiere permanecer en una playa en traje de baño. Se trata de convivir y de respetarse mutuamente”. Cataluña es uno de los territorios de nuestro país donde mayor presencia han tenido las asociaciones naturistas. Una instalación municipal como la piscina Picornell del anillo olímpico de la Ciudad Condal ofrece una vez a la semana un horario nudista. “Queremos que el nudismo sea una opción más en la playa como ahora es el bañador y el topless, –afirma el presidente del Club Catalá de Naturisme, Marce-lí Alsina–, desapareciendo la diferencia entre nudistas y no nudistas. Y que se aplique la resolución del parlamento de Cataluña que insta a todas las administraciones a tomar las medidas necesarias para suprimir los obstáculos reglamentarios que impiden la práctica del nudismo”. La realidad es que quienes viven o han pasado por Barcelona en los últimos tiempos pueden haberse cruzado con alguna persona sin bañador por las nuevas playas de la fachada marítima creada para el 92 e incluso en calles del interior sin que ello haya provocado incidentes, pese a las críticas de alguna asociación que defiende un modelo de familia tradicional, y que tienen un amplio protagonismo en internet. La presencia del desnudo no sexual viene a entroncar con una tradición que estaba presente en el mundo clásico desde la Grecia olímpica donde los juegos se disputaban sin ropa, al Renacimiento cuando estalla plenamente incluso en los espacios religiosos. Pero que luego es motivo de represión, como viene a ocurrir con un Goya enfrentado a una ya agónica Inquisición escandalizada por su maja desnuda. (Todavía al final del franquismo fue motivo de ironía la sanción de un municipal que en una capital española de provincias quiso prohibir que una librería exhibiera en su escaparate una reproducción del famoso cuadro de Goya). Hoy el desnudo está presente tanto en la danza como en la ópera, con ejemplos tan recientes en el Teatro Real de Madrid como los del Woyceck en la versión de Calixto Bieto, o el estreno de la ópera española inspirada en una historia de Goytisolo en la pasada primavera. Abajo Izquierdo es un artista plástico que trabaja en performances y acciones estéticas en las que cuenta como elemento principal con cuerpos desnudos y la participación de anónimos ciudadanos. “He hecho montajes en Inglaterra o en Italia, y en muchos lugares de España, incluso en la plaza junto a la catedral de Burgos, sin que nadie se haya sentido escandalizado. Utilizo el cuerpo como un vehículo más de expresión. No me interesa que esos cuerpos respondan a un modelo estético impuesto por la publicidad: caben en mis trabajos plásticos gordos o delgados, jóvenes o mayores. Invitamos a participar al espectador en ellos para que deje de serlo. Aquí no hay espacio para quienes quieren ser sólo mirones”. A mucha distancia de hace sólo trece años cuando se eliminó del Código Penal el delito de escándalo público, ciudades como Barcelona son capaces de producir todavía cierta sorpresa en el visitante, cuando es posible que se cruce con algun ciudadano o ciudadana por la calle tal y como andaría en su propia casa. Frente a esa improvisación en la que los actores parecen lo menos parecido a los “cuerpos 10” desde las paradas de autobuses se anuncian modelos en ropa interior en actitudes de cierta insinuación o provocación. Son dos aparentes extremos de lo que, en teoría, parecería, erroneamente, semejante. |
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