Hemeroteca

Lista Al trasluz

Buscador
Nº 753
10/9/2007

¿La hora de Esperanza?

H ace cuatro años y pocos días que Mariano Rajoy Brey vivió su momento de mayor gloria. Hubo fumata blanca en Moncloa y el Espíritu Santo -a través de José María Aznar- decidió que el sucesor de éste tenía que ser Rajoy, a la sazón vicepresidente primero, portavoz del Gobierno y ministro de la Presidencia. Parece ser verdad que estuvo a punto de conseguirlo Ángel Acebes, el discípulo amado en el que Aznar había depositado todas sus complacencias. Pero las encuestas desaconsejaron tal nombramiento.

Se quedó también fuera Rodrigo Rato, el más sólido de entre todos los posibles herederos. Pedro J. Ramírez, muy cercano a Rato -no se olvide la foto del Viernes Santo de 1996 en el balcón de Carabaña-, difundió antes de septiembre de 2003 aquella curiosa versión de que "Rodrigo no quiere". Otros relatos subrayaban que Rato fue descartado porque hubiese sido demasiado Rato para un Aznar ejerciendo desde la FAES de jefe de Estado bis y con capacidad para borbonear-este sí- a su primer ministro.

En cuanto a Mayor Oreja, se cayó de la sucesión tras el fracaso de la guerra del Norte, cuando diseñó la operación constitucionalista destinada a derrotar a los peneuvistas. Llegaron las elecciones y ganó de nuevo el PNV. Mayor Oreja tuvo que conformarse con el Parlamento Europeo. Nicolás Redondo Terreros, el otro artífice de la coalición antivasquista, acabó perdiendo su cargo de principal dirigente del PSE.

La entronización de Rajoy fue bien acogida y enormemente ensalzada por los medios afines a Génova, 13. Incluso se sumaron voces bien intencionadas, no procedentes del ámbito conservador, que creyeron atisbar en esa designación de Aznar un futuro presidente adornado porlas virtudes de la sensatez, la reflexión, la templanza y la moderación. Rajoy levitaba, mientras la mayoría de los votantes del PP le hacían la ola, entusiasmados. Iba a empezar el paseo triunfal, camino de La Moncloa.

La rentrée de 2003 fue gratificante, maravillosa para Rajoy. Transitaba por los medios en olor a santidad. En seis meses, al paraíso, tan próximo a Dios Padre. Luego, sin embargo, ocurrió lo que ocurrió. "Tengo la convicción moral de que ETA ha sido la autora del 11-M", declaró a El Mundo el sábado 13 de marzo de 2004, violando así la liturgia del día de reflexión, bastantes horas antes de que se produjeran las protestas ante las sedes del PP. Era la última bala que le quedaba en la recámara. No coló la mentira. El clan de los mentirosos, que eso fue el Gobierno Aznar no sólo en los días trágicos, pagó caro sus engaños.

Ahora, un Rajoy desprestigiado, transformado en un líder de cartón, que da tumbos sin sentido, humillado por las encuestas -sobre todo por la de Sigma-2 en El Mundo- enfoca la recta final en las peores condiciones que se recuerdan, con la excepción de Landelino Lavilla. Quien presumía de centrista ha sido contemplado a lo largo de esta legislatura que concluye como un talibán, rodeado de talibanes, incapaz de romper las amarras que le ataban con el pasado aznarista o, simplemente, exhibiendo su verdadera faz, no la aparente.

¡Qué espectáculo! ¡Menudo show se ha montado en el interior de la derecha a seis meses de las urnas! ¡Fraga Iribarne ha capitaneado el apoyo a Gallardón, mientras el alcalde de Madrid era bombardeado sin piedad por el núcleo duro genovés, por Ramírez y por su compañero y amigo, Jiménez Losantos. ¿Estará llegando la hora de Esperanza Aguirre? Tiempo al tiempo.

Enric Sopena

 
Hemeroteca

Lista Al trasluz

Buscador

© El Punto Prensa, S.A. Plaza de España, 18 28008 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08        E-mail: siglo@elsiglo-eu.com